miércoles, 16 de abril de 2014

Una historia de amor (y política)

Abril es el mes de la visibilidad lésbica. Aunque a la vista de lo ocultas que estamos las lesbianas en el mundo también podrían dedicarnos el año entero sin que se notase el esfuerzo. Pero no todo es aridez y sequía en el horizonte: a veces tenemos la suerte de encontrar pequeños oasis creados por mujeres públicas y valientes que eligen dar un paso adelante.
Y es el caso de Jóhanna Sigurdardóttir, la ex primera ministra islandesa, que dejó el cargo en mayo pasado. En estos días es noticia por la publicación del libro de su mujer, la periodista Jónína Leósdóttir, en el que relata tres décadas de amor compartido. Una cifra asombrosa en estos tiempos. Pero no es lo único que da vértigo de su relación.
Portada del libro autobiográfico de Jónína Léosdottir
Portada del libro autobiográfico de Jónína Léosdottir
Porque Jóhanna y Jónína se enamoraron estando ambas casadas y con hijos. Y aunque pronto se divorcian para vivir este amor, decidieron no hacerlo público para no perjudicar la carrera de Sigurdardóttir como promesa del partido Social Demócrata, en un país con una fuerte tradición luterana. Johánna, que había sido hasta entonces azafata y oficinista, cuando entró en la política asumió muy pronto cargos de responsabilidad que la llevaron a la vicepresidencia de su partido y a ser ministra de Asuntos Socialesdurante cuatro legislaturas.
Su amor vivió muchos años de armario social primero y de separaciones forzosas después, que tuvieron su momento culmen cuando Sigurdardóttir accedió a la jefatura del gobierno. Cuatro largos años de soledad en casa para Leósdóttir –en el país no hay residencia presidencial-, que siguió calladamente con su carrera de periodista y escritora mientras su ya esposa lidiaba con el monstruo de tres cabezas que era la intensa crisis en la que el país se había instalado.
Su esposa, digo bien. Y es que en 2010 la pareja había decidido contraer matrimonio, yestrenar la flamante ley de matrimonio igualitario el mismo día en que se aprobaba en Islandia. Ya cuando accedió a la jefatura del estado un año antes, Jóhanna Sigurdardóttir se convertía en la primera dirigente abiertamente LGBTI del mundo. Y para ser conscientes de la trascendencia de ese paso, hay que pensar que aunque los gays están mucho menos discriminados socialmente que las lesbianas por su condición de hombres, aún no ha habido ninguno en la presidencia de una nación.
Qué grande es esta mujer. No solo tomó las riendas de un gobierno desmantelado y lo llevó a una histórica victoria en las urnas, sino que en su mandato arriesgó como nadie a la hora de crear precedentes rompedores para las lesbianas. Así fue en su visita a China en 2013 a la que llevó a su esposa, armando un revuelo protocolario y mediático del que el gobierno de Li Keqiang aún no se ha repuesto. En un país en el que la homosexualidad es duramente silenciada, la entonces primera ministra islandesa salió en los telediarios agradeciendo a su homólogo chino la atención dispensada a su esposa, ante los ojos atónitos de millones de personas acostumbradas a vivir bajo el yugo de la represión.
Después de haber sido una de las políticas mejor valoradas de Islandia, Sigurdardóttir decidió no presentarse a la reelección en 2013. Me pregunto cuánto peso habrá tenido en ello el deseo de alcanzar por fin la plenitud junto a su mujer, que ahora publica “Jóhanna y yo” como homenaje a 31 años de amor lésbico contra marea.
Las mujeres heterosexuales que me lean quizá no lo entenderán. Pero gracias a la valentía de esta mujer puedo decirle orgullosa a mi hija que una lesbiana puede llegar a donde se proponga: incluso a la presidencia del gobierno. Y es que los referentes son importantes. Y cuando nos los da alguien en primera línea de fuego mediático, que además paga por ello el precio de su intimidad, hay que tomarlo como un verdadero regalo.

1 comentarios:

chris dijo...

Espero que lo traduzcan para leerlo. Ojalá hubiera más ejemplos como el de estas dos mujeres Cuánta visibilidad nos falta aún.

Un abrazo.

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