miércoles, 30 de abril de 2014

La madre de todos los derechos

Cuando hace unos años me planteé ser madre, lo primero que me vino a la cabeza fue un peque gordinflón de anuncio en los brazos, oliendo a colonia infantil. Y lo segundo que pensé fue: ¿cuánto nos costará la aventura? Cualquiera que planifica la maternidad se hace unos números básicos antes de empezar. La leche, los pañales, la cuna, la guardería… Luego llegas hasta calcular el cole, y ya no sigues más adelante porque entonces hay que hacerse el harakiri o tirar la toalla antes de empezar.
Pero eso, que es así para la mayoría de madres y padres, es un supuesto que no aplica a todo el mundo. Por un momento cierra los ojos e imagina que ese bebé mofletudo al que has cuidado y querido desde que nació, de repente no es reconocido como tuyo. Que de pronto tu cuenta de gastos se ve desbordada por costas judiciales, lo que menos imaginaste al empezar, simplemente para poder demostrar tu maternidad. Ese es el caso de Maribel Blanco.
Imagen de la acción iniciada por Maribel Blanco. Change.org
Imagen de la acción iniciada por Maribel Blanco. Change.org
Maribel es una mujer lesbiana de Talavera de la Reina. Llevaba nueve años de relación con su expareja cuando decidieron de mutuo acuerdo tener un hijo por inseminación, que nació en 2003. Cuando se separaron, tres años más tarde, ya existía la ley de matrimonio igualitario, pero la madre biológica le negó la filiación del niño.
Su vida desde entonces ha estado encadenada a un juzgado. Tuvo que desatender su trabajo -al que no puede dedicar más de dos días en semana- para librar una interminable batalla legal. El juzgado de Talavera de la Reina le concedió plenos derechos, pero ante un recurso de la madre biológica la Audiencia Provincial se los revocó, dándole tan solo un régimen de visitas como allegada. Ella, que se quedó en casa los primeros nueve meses de vida del niño para cuidarlo y que era la madre que más tiempo le dedicaba en el día a día, se vio fuera de la foto cuando la Audiencia decidió que no era la madre de su hijo por no haber matrimonio mediante.

A ningún juzgado le importó que la madre biológica emprendiera una cruzada para alejar al niño de ella, mudándose siete veces en siete años (alguna de ellas en mitad del curso escolar, cambiando a su hijo de centro). Ni que entrara en la cárcel para cumplir condena por apropiación indebida en la asesoría en la que trabajaba, y el menor quedara de hecho (que no de derecho) en manos de una hermana a la que ningún servicio social había evaluado previamente.
Ocho meses estuvo entonces Maribel sin ver a su niño. Sin saber ni siquiera en qué condiciones vivía. Y mientras tanto, no cesó su rosario de denuncias, hasta dos y tres cada semana, por incumplimiento del régimen de visitas. Era el único medio que tenía para hacer algo. Aunque supusiera dedicar cada euro que tenía a la causa, y desgastarse emocional y económicamente hasta el límite.
Finalmente el mes pasado el Tribunal Supremo revoca la sentencia de la Audiencia Provincial, pronunciándose así sobre el vacío legal de las niñas y niños nacidos antes de la ley de matrimonio igualitario en España. Y lo hace aplicando el artículo 131 del Código Civil, que permite reclamar la filiación ‘por posesión de estado‘, o lo que es lo mismo, por haber ejercido la maternidad por un tiempo de forma constante.
Pero esa victoria se ve amenazada por el recurso que ha presentado este mes la madre biológica, en el que argumenta que la filiación es algo exclusivo de las parejas heterosexuales, y que tener dos madres es una forma de discriminación para su hijo. Si este recurso prospera, no es solo la maternidad de Maribel la que se ve amenazada, sino la de todos los padres y madres no biológicos y, finalmente, la de todo el colectivo LGBTI. Y esta batalla tan importante para las miles de familias diversas que vivimos en España, la está lidiando una mujer sola, arruinada económicamente, que sólo cuenta con la fuerza inquebrantable del amor que la une a su hijo.
Su pequeño, de diez años, es un hombrecito maduro y templado, que cuando su madre biológica se lo llevaba de su lado le decía a Maribel que no llorara, que él siempre la esperaría, que iban a conseguir que un día no volvieran a separarlos.
Da miedo lo que esta mujer lleva vivido a cuenta de una injusticia homófoba que exige a las parejas lesbianas casarse, cuando en las heterosexuales basta con que el hombre reconozca verbamente como propia a la criatura al inscribirla. Por eso, consciente de que aquí se están dirimiendo el futuro y los derechos de muchas familias, Maribel Blanco ha puesto en marcha una recogida de firmas en una carta dirigida al Ministro de Justicia en Change.org que ya lleva recogidas cerca de 40.000. Ha hablado en muchos medios, entre ellos en el programa de Julia Otero el pasado día 23. Y ha montado una plataforma (Hij@s de hecho, hij@s con derecho) que en año y medio ha dado información y apoyo a más de 300 personas que están en una situación parecida a la suya.
Maribel necesita recaudar fondos para hacer frente a la próxima batalla que se le plantea en los juzgados. 14.000 euros que servirán para defender esta causa y para crear un fondo que ayude también a otras familias. No nos quedemos de brazos cruzados en el sillón de casa ante esta injusticia: en Facebook y en el blog de Maribel es posible colaborar con ellos. Con aportaciones pequeñas, no importa: pero euro a euro podremos hacerlo
Lo último que me dijo Maribel en nuestra larga conversación entre madres es lo feliz que le hacía, a pesar de todo este despropósito, ver a su hijo convertirse en un chico cada día más cariñoso y solidario. A pesar de haber vivido situaciones límite, sin tener muchas veces a qué aferrarse en un entorno tambaleante y desgraciado, el pequeño sólo quiere mirar hacia delante y construir un mundo seguro y estable. Si las leyes le dejan. Está en nuestras manos.

martes, 22 de abril de 2014

La cocinita de madera


Estos días estoy asida a la infancia de mis peques como si empezara a despedirla. Amueblo sus habitaciones en la casa a la que acabo de mudarme con una ilusión que no recordaba desde el embarazo de mi primer bebé.

Y es que el ver a Amalia estrenar habitación para ella sola es una especie de adiós al cuarto de juegos infantil.

Por eso no puedo evitarlo, y al tiempo que le preparo a ella todos los detalles que le pueden hacer sentir mayor e importante, me deleito en ralentizar los días de los pequeños.

Mis dos rubios geniales, los hombrecitos de mi vida, también van a tener una sorpresa en su nueva habitación. Van a tener un juguete que para mí es único: una cocina de madera como las de verdad.

No le falta de nada: fuegos que se iluminan, y un horno muy capaz, como diría mi madre. Pero además tiene batería de cocina, juego de espumaderas y set de repostería. Y tazas y platos de porcelana. Y copas hexagonales. Y un montón de comiditas (verduras, hortalizas, carnes, frutas) de tela de colores. Y hasta la cesta para ir al mercado.

La mesa y las sillitas que les he comprado son también de madera, blancas y pequeñas, como del cuento de Ricitos de Oro. Yo sé que la mayoría de madres y padres compran para el futuro, y en nada mis principitos se saldrán por los lados del asiento. Pero yo quiero vivir despacio e intensamente sus ocho y sus cuatro años, y deleitarme en este momento que solo dura un instante, pero que es justo ahora.

Estoy contando las horas hasta el jueves, en que Amalia verá la sorpresa inesperada de su nueva habitación. Llevo semanas buscando y rebuscando hasta el último detalle para que sea el mejor de los regalos para ella, y por cómo está quedando creo que estoy cerca de conseguirlo.

Pero la cocinita de madera es otra cosa. La imagino en las manos regordetas de mis rubios, ideando banquetes de cuento, y he de confesarme la verdad: el regalo en este caso es para mí.

Porque cuando tienes bebés te parece que ya es para siempre. Y cuando crecen sientes la estafa del tiempo... ¿por qué nadie te avisa de que la infancia es tan corta? Yo no quiero que salgan aún del mundo de la fantasía, de la despreocupación feliz. Y amante de lo simple como soy, nada se me antoja más adorable que un gran juguete de madera con horas de diversión y creatividad por delante.

Así que en dos días inauguramos adolescencia, pero también restaurante infantil, con especialidad en comidas sin gluten en atención a mami, que mis chicos son muy considerados. Y pienso pasarme en esas sillas más horas de las que mi espalda pueda aguantar, y probar todos los guisos del mundo, mientras grabo en mi retina los movimientos y el formato minúsculo de estos peques que en nada ya no lo serán.

Porque todo gira muy rápido, pero si me abrocho a su risa desbordante y nos mantenemos en el centro de la rueda, cada minuto tendrá la facultad de ser nada y todo a la vez. Y esa es la receta mágica, la piedra filosofal: ese es el verdadero milagro de la infancia.

miércoles, 16 de abril de 2014

Una historia de amor (y política)

Abril es el mes de la visibilidad lésbica. Aunque a la vista de lo ocultas que estamos las lesbianas en el mundo también podrían dedicarnos el año entero sin que se notase el esfuerzo. Pero no todo es aridez y sequía en el horizonte: a veces tenemos la suerte de encontrar pequeños oasis creados por mujeres públicas y valientes que eligen dar un paso adelante.
Y es el caso de Jóhanna Sigurdardóttir, la ex primera ministra islandesa, que dejó el cargo en mayo pasado. En estos días es noticia por la publicación del libro de su mujer, la periodista Jónína Leósdóttir, en el que relata tres décadas de amor compartido. Una cifra asombrosa en estos tiempos. Pero no es lo único que da vértigo de su relación.
Portada del libro autobiográfico de Jónína Léosdottir
Portada del libro autobiográfico de Jónína Léosdottir
Porque Jóhanna y Jónína se enamoraron estando ambas casadas y con hijos. Y aunque pronto se divorcian para vivir este amor, decidieron no hacerlo público para no perjudicar la carrera de Sigurdardóttir como promesa del partido Social Demócrata, en un país con una fuerte tradición luterana. Johánna, que había sido hasta entonces azafata y oficinista, cuando entró en la política asumió muy pronto cargos de responsabilidad que la llevaron a la vicepresidencia de su partido y a ser ministra de Asuntos Socialesdurante cuatro legislaturas.
Su amor vivió muchos años de armario social primero y de separaciones forzosas después, que tuvieron su momento culmen cuando Sigurdardóttir accedió a la jefatura del gobierno. Cuatro largos años de soledad en casa para Leósdóttir –en el país no hay residencia presidencial-, que siguió calladamente con su carrera de periodista y escritora mientras su ya esposa lidiaba con el monstruo de tres cabezas que era la intensa crisis en la que el país se había instalado.
Su esposa, digo bien. Y es que en 2010 la pareja había decidido contraer matrimonio, yestrenar la flamante ley de matrimonio igualitario el mismo día en que se aprobaba en Islandia. Ya cuando accedió a la jefatura del estado un año antes, Jóhanna Sigurdardóttir se convertía en la primera dirigente abiertamente LGBTI del mundo. Y para ser conscientes de la trascendencia de ese paso, hay que pensar que aunque los gays están mucho menos discriminados socialmente que las lesbianas por su condición de hombres, aún no ha habido ninguno en la presidencia de una nación.
Qué grande es esta mujer. No solo tomó las riendas de un gobierno desmantelado y lo llevó a una histórica victoria en las urnas, sino que en su mandato arriesgó como nadie a la hora de crear precedentes rompedores para las lesbianas. Así fue en su visita a China en 2013 a la que llevó a su esposa, armando un revuelo protocolario y mediático del que el gobierno de Li Keqiang aún no se ha repuesto. En un país en el que la homosexualidad es duramente silenciada, la entonces primera ministra islandesa salió en los telediarios agradeciendo a su homólogo chino la atención dispensada a su esposa, ante los ojos atónitos de millones de personas acostumbradas a vivir bajo el yugo de la represión.
Después de haber sido una de las políticas mejor valoradas de Islandia, Sigurdardóttir decidió no presentarse a la reelección en 2013. Me pregunto cuánto peso habrá tenido en ello el deseo de alcanzar por fin la plenitud junto a su mujer, que ahora publica “Jóhanna y yo” como homenaje a 31 años de amor lésbico contra marea.
Las mujeres heterosexuales que me lean quizá no lo entenderán. Pero gracias a la valentía de esta mujer puedo decirle orgullosa a mi hija que una lesbiana puede llegar a donde se proponga: incluso a la presidencia del gobierno. Y es que los referentes son importantes. Y cuando nos los da alguien en primera línea de fuego mediático, que además paga por ello el precio de su intimidad, hay que tomarlo como un verdadero regalo.

miércoles, 2 de abril de 2014

La fallera cuando besa

España es un país moderno. Disfrutamos de la Ley del Matrimonio Igualitario desde 2005, mucho antes que algunos de nuestros socios europeos más avanzados. Pero del dicho al hecho de la aceptación social hay un buen trecho, y muestra de ello ha sido el revuelo causado hace unas semanas por el beso lésbico de las falleras, que nos hace cuestionarnos esa pretendida modernidad.
Hace unos días la revista digital ‘EGF and the City’, de contenido LGBTI, sacaba las fallas del armario con una portada que no ha dejado indiferente a nadie. Desde entonces las redes han hervido con comentarios a favor y en contra. Y una se pregunta por qué es noticia algo que debería estar normalizado.
Portada de la revista EGF and the City. Marzo 2014
Portada de la revista EGF and the City. Marzo 2014
¿No tiene esto un tufillo a ‘está bien que tengan sus derechos, pero que no saquen su realidad del armario porque no queremos verla’?
Yo, como lesbiana, madre de familia homomarental e integrante de una asociación LGBTI, veo esta realidad con frecuencia. Y sonrío en un silencioso aplauso interior cuando leo apuestas provocadoras como la de la revista. Qué gusto da sacarnos de los arquetipos –lesbianas feas, gays glamourosos, transexuales en la prostitución o el espectáculo- y dar una bofetada a la acomodada conciencia de nuestra sociedad.
Porque todavía son multitud quienes no quieren saber que somos personas diversas, que reproducimos todos los modelos existentes en la sociedad heterosexista y algunos más, y que estamos entre los integrantes de su equipo de fútbol, en el elenco de sus series favoritas, y en todos los oficios y profesiones.
Así que ¿por qué no esta portada de lesbianas falleras? Y también una de nazarenos de la mano, y otra de dos miembros de una exclusiva sociedad gastronómica vasca como familia homoparental? Una salida del armario en cualquiera de los santuarios de la moral tradicional (como lo es el ejército también, entre otros) levanta ampollas, sí, pero hace más por la normalización que veinte campañas juntas.
Yo lo tengo claro. Cada vez que una de mis tres peques empezó el cole, el primer día aproveché para nombrar a sus dos mamis delante de toda la clase. Caían de un plumazo el morbo, los comentarios a escondidas y las especulaciones para el resto del curso. Además los cumpleaños los celebramos siempre en casa, e invitamos a quedarse a madres y padres que, año a año, aprenden que nuestra realidad es exactamente la misma que la suya.
En el trabajo hace años que opté por la falta de discreción. Nadie sabe lo fácil que es para el mundo heterosexual hablar de su familia y su pareja en cualquier situación, y lo que cuesta cuando tu orientación es otra, que parece que necesitas de un permiso antes de abrir la boca, no vayas a molestar a nadie. Por eso yo me esfuerzo por visibilizarme, y vadeo ya entre caras de sorpresa con una naturalidad pasmosa. El día que ya no las vea, colgaré los guantes. Y en ese futuro, espero que no tan lejano, portadas como las de las falleras ya no harán ninguna falta. Con un poco de suerte, ni serán entendidas.
Pero hasta entonces, bienvenida sea la provocación que desentumece conciencias. Y bravo por las falleras, que le han puesto el cascabel a un gato que llevaba demasiado tiempo encerrado en el armario de las escobas.