domingo, 23 de marzo de 2014

Cruella de Vil

Vaya por delante que soy del tipo de las ingenuas. Sin pasarme, pero en general tiendo a pensar bien, mientras no se demuestre lo contrario.

Y conozco a cientos de personas que están en la misma media que yo: en general buena gente, a veces metepatas pero con afán de superación, de ser mejores personas, de superar conflictos y vivir en paz.

Luego hay seres superiores,  Que defienden la bondad y otros valores con mucho rigor. Y me suelen resultar admirables, me hacen sentir que tengo mucho que aprender todavía. Y como soy bastante imperfecta, intento aplicarme sus mensajes a fondo.

Pero hoy he caído en que ese tipo de personas -de las que conozco pocas, por suerte- juzga al resto con dureza. Son bastante implacables. Y, lo peor, empiezo a sospechar que tienen el techo de cristal, y por eso han de investirse de la blancura de la sacerdotisa y hacer dogma de todo lo que dicen. Cuando en realidad se defienden atacando.

Lo he visto en alguien que trabaja defendiendo al colectivo de mujeres de la violencia, y que en la intimidad tiene comportamientos de violencia psicológica. Y, más recientemente, en alguien que defiende cualquier forma de vida animal y vegetal con un esmero que sorprende incluso a una persona cercana al budismo como yo, pero a quien no le tiembla la mano al pisotear con saña los sueños ni la felicidad de la persona con la que comparte su vida ni la de sus peques.

Mi asombro es inmenso. Pero no me ciega la visión, y empiezo a entender toda la verdad que hay en el refrán de "Dime de qué presumes y te diré de qué careces".

Y esto me hace recordar a su personaje favorito de Disney, que curiosamente es Cruella de Vil (por muy incongruente que pueda parecer en alguien que ancla su discurso público en el Love and Peace). Y me la imagino en su piel, dedicada en cuerpo y alma a trabajar para las protectoras de animales durante el día para lavar su imagen y alimentar su necesidad de información sobre sus presas. Así por las noches podrá ir a tiro hecho con su furgoneta desvencijada para robar los cachorros que tanto pretende defender y conseguir sus codiciadas pieles.

Esta vida cada día me sorprende más. Menos mal que, por selección natural, esas personas caen de mi entorno. Bendito Darwin, hasta en eso tenías razón.

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