jueves, 25 de diciembre de 2014

Feliz Día de Armarios Abiertos

Hasta que la ley me permitió casarme, odiaba las bodas. Y eso que con una familia tan grande me tocó asistir a una larga sucesión de ellas. No es que me molestasen las ceremonias, al contrario: nadie se emocionaba más que yo, que me gusta un ritual romántico como el comer. Pero todo -empezando por el hecho de que no invitasen a la novia que ni imaginaban que tenía- me recordaba que el anillo y el traje no estaban hechos para mí, y que en la liga del amor las lesbianas nos quedábamos fuera.
Por suerte la ley del Matrimonio Igualitario cambió las cosas en España y, como muchas otras personas LGBTI, pude disfrutar del derecho a hacer de mi capa un sayo (en mi caso, casarme con la madre de mis criaturas en una lluviosa tarde de enero, en el salón de plenos de mi ayuntamiento)
Armarios abiertos en las familias. Imagen de TrasTando.
Armarios abiertos en las familias. Imagen de TrasTando.
Sin embargo, ese sentimiento de exclusión y de quedarnos con cara de tontas no acabó con la igualdad ante la ley. Porque la discriminación va muy por delante de nuestros derechos, así que la misma frustración de entonces se nos repite a las mujeres que amamos a mujeres cada navidad.
No importa cuánto te gusten las fiestas, los polvorones y los villancicos. Si eres una mujer lesbiana o bisexual es más que probable que tu familia no lo sepa. O que lo sepa y no lo apruebe, que no sé qué es peor. Y que tengas que ir a la cena de nochebuena con tus hermanos y sus parejas, echando de menos a tu chica y sintiendo que es totalmente injusto. Pero no se queda ahí: da gracias si, además, no tienes que aguantar comentarios y chistes homófobos o machistas en esas fantásticas cenas en las que reírse de los demás es un clásico que no falla. Lo único en lo que se ponen de acuerdo el cuñado petardo y el estirado de tu primo, oye.
Qué le vamos a hacer si la navidad es un imperativo en estas fechas, tengas las creencias que tengas. Pero con el agravante de que en España es la fiesta de la religión católica, casualmente la confesión que más lucha por condenarnos al doble ostracismo: por mujeres, y por no heterosexuales. Así que nos toca celebrar por narices unas fiestas que son a lo LGBTI lo que el nazismo al pueblo judío. Eso sí, como si fuera lo más normal del mundo, y sin que nadie se cuestione nada.
Pero a pesar de este caldo de cultivo yo, que soy optimista por naturaleza y encima he tenido mucha suerte en la vida, brindo porque proliferen familias como la mía: diversa, abierta y respetuosa. Para que los armarios se abran en todas las casas como las ventanas de los calendarios de adviento. Para que nuestras hijas e hijos reciban en estas fiestas regalos no sexistas, que les enseñen roles igualitarios. Y para que vean modelos de familia que engloben todo lo que sus corazoncitos quieran conseguir en la vida.
Esa es la navidad que quiero. ¡Felices fiestas!

domingo, 19 de octubre de 2014

Mi vida sin un pecho

Está claro que no todos los tipos de cáncer son iguales. Los hay de mejor y peor pronóstico y el de mama es de los más benignos, pero cuando hay mastectomía por medio las secuelas van mucho más allá de la salud.
Pasé por este trago hace cuatro años. Cuando mi médico me dio el diagnóstico (‘Mayte, tienes un cáncer y hay que quitarte el pecho’) reconozco que la segunda parte de la frase me golpeó casi más que la primera.
Bimba Bosé en portada de la revista Ve
Bimba Bosé, un ejemplo de valentía y normalización del cáncer de mama. Imagen: portada de la revista Vein (Septiembre 2014)
Y es que no es lo mismo saber que tienes un cáncer de otro tipo, o que la intervención solo va a suponer quitarte el tumor del pecho. Cuando se trata de extirparte el pecho entero entran en juego muchas más cosas.
Aun así, nunca te preparas lo suficiente para lo que viene. Yo fui a la operación con toda la información médica muy clara. Pero nadie me anticipó la otra parte. Cuando dos días después la auxiliar me cortó el vendaje rígido que cubría mi torso, sentí un mazazo difícil de describir. Creo que me quedé sin respiración. Lo que veía ante el espejo aquel baño de hospital era una mujer mutilada. Yo no pensé que fuera a ser así, aquella costura basta era terrible, y lo peor es que la parte que faltaba era tan evidente para mí como para cualquiera que me mirase.
En mi caso soy una mujer poco presumida y bastante poco femenina exteriormente. Pero precisamente por eso, por estar yo en la parte menos sensible de la muestra, a partir de mi experiencia puedo decir que perder un pecho es una carga de profundidad que mina la autoestima de cualquier mujer como pocas cosas.
Imágenes del proyecto Scar (cicatriz).
Imágenes del proyecto Scar (cicatriz). Fotografías de David Jay.

Por eso cuando meses más tarde empecé mi voluntariado en la Asociación Española contra el Cáncer, pedí que me asignaran a la parte de Testimonios. Quería ayudar a las mujeres a prepararse para las otras secuelas de la mastectomía. No lo conseguí, señal de que esta sociedad sigue dándole una importancia secundaria al tema. Así que en el Día Mundial del Cáncer de Mama reivindico que la medicina vuelva la mirada hacia esa parte de la realidad que tanto nos afecta.
A mí me ayudó mucho a recuperarme psicológicamente la forma en que mi madre me ayudó a bañarme, tras volver del hospital. Recuerdo que en aquellos momentos vivía angustiada por el enorme hueco que había en mi cuerpo, y que era más que notable con ropa. Por eso, cuando mi madre me envolvió en la toalla y con delicadeza me abrazó para secarme, tal como hacía cuando era una niña, dejé de sentirme un desecho y empecé a recuperar mi autoestima. Nunca he sentido tanto amor como en aquel gesto tan dulce.
Meses más tarde vino la prueba de fuego: ¿cómo te enfrentas al sexo con un solo pecho? Supongo que cuando esto te pasa estando en pareja el shock es menor, pero tener una historia con alguien partiendo de este punto es para salir huyendo. O eso pensaba yo.
Una vez más, la vida coqueteó conmigo haciendo un despliegue de medios, a través de una mujer a la que ya quería mucho que me rondó y me conquistó hasta convencerme. Yo, con una mezcla de miedo y vergüenza, le dije apurada que no iba a tener que ver nada que no quisiera. Ella me mandó a freír espárragos y me calló con besos. El fin de semana que estuvo conmigo me hizo sentir de nuevo una mujer deseable, y ya supe que no tenía nada que temer, porque el mundo iba a ser mío… con un pecho, con ninguno o con lo que la vida me pusiera por delante.
Tengo que decir también que tuve una fantástica cirujana, y que a día de hoy estoy mejor que antes de la enfermedad, con unas cicatrices finas y bien curadas que me hacen sentir de la estirpe luchadora de las amazonas. Pero, sobre todo, mis nuevos pechos me recuerdan que estoy viva, y que quien me mira desnuda ve a una mujer segura de sí misma, que disfruta del sexo y de su cuerpo, y que ha salido enriquecida por esta experiencia vital.
En Europa la incidencia de cáncer de mama es de una cada ocho mujeres. Estamos abocadas a vivir experiencias como ésta cada vez más cerca. Y las mujeres mastectomizadas no tenemos normalmente fuerzas para contar cómo nos sentimos en primera persona. Así que abracemos, besemos, llenemos de cariño a las mujeres de nuestra vida que pasan por este trance. Hagámosles saber que amor no entiende de formas ni de medidas. Pero, sobre todo, no dejemos nosotras de explorarnos ni de acudir a nuestra cita médica cada año. Y concienciemos también a nuestras hermanas, a nuestras amigas, a nuestras hijas. Hagámoslo hasta que llegue el día en que el mundo no tenga que teñirse de rosa cada mes de octubre para recordárnoslo, y la prevención le gane la batalla al cáncer definitivamente.
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jueves, 18 de septiembre de 2014

Zorras somos todas

La red anda a vueltas con un vídeo que ya ha alcanzado casi 600.000 visualizaciones.
Y no lo ha hecho con los habituales ganchos virales  (fútbol, humor, salvajadas, emociones patrias…) sino con algo tan simple como dar la vuelta a la tortilla de los convencionalismos.
Chelsea Paine, su autora, dedica a una mujer imaginaria su alegato irónico (“¡Eres una zorra!”),  en el que va desgranando todo lo que la hace merecedora de ese apelativo: maquillarse, salir con hombres, no hundirse con las críticas,  no avergonzarse por tener vida sexual con hombres, con mujeres o con ambos, disfrutar de su cuerpo, estar orgullosa de él sea como sea y sentirse atractiva… ¿No buscas atarte a nadie? Zorra. ¿Le entras a los hombres? ¡Zorra! Porque ofendes al mundo con tu independencia y tu forma de vivir. Y da igual que seas buena persona, que estudies, trabajes o cuides de tu familia.  Eres una zorra si no aceptas vivir bajo el yugo de la aprobación de la sociedad, y te mereces ser insultada y marcada por ello.


Lo que llama la atención de este vídeo es el revuelo que ha armado algo que es de cajón. Y es que, aunque vayamos de progres, nos seguimos escandalizando  cuando alguien llama a las cosas por su nombre.  No es casualidad que en castellano haya tantos sustantivos que en masculino tienen significados positivos o neutros (zorro -como persona astuta-, brujo, perro, gallo, hombre público, asistente, fulano…) y que cuando se ponen en femenino pasan a bajar de rango,a ser peyorativos o a insultar directamente (zorra, perra, gallina -cobarde-, mujer pública, asistenta, fulana…).
Encima el calificativo de zorra afea conductas socialmente reprobables que no casan con lo que la sociedad patriarcal espera de nosotras. Las mujeres de hoy creemos estar muy lejos de aquella propaganda franquista que en la Sección Femenina y otras formas de aleccionamiento enseñaba a nuestras madres a ser el descanso del guerrero para el hombre. A estar siempre dispuestas para el marido, despreciando los deseos propios. A ser fieles, recatadas y sumisas. Porque ya sabemos que en las sociedades rancias la honra familiar recae en las mujeres, y no importan nuestros valores como personas sino  nuestra virginidad -la real y la aparente-, y el pundonor, que nos hace posesiones dignas de padres, novios y esposos.

Impensable eso aquí y ahora ¿verdad? Pues hagan la prueba del algodón y escuchen los mensajes con los que se anestesia nuestra juventud por ejemplo con el reguetón, que justifica el control y el sometimiento de una mujer cosificada por un concepto enfermizo del amor. O pregúntense por qué una chica joven desconocida entra en tantas pantallas de repente.
No es por la calidad del vídeo, ni por su didáctica (aunque en el fondo, como revulsivo, la tiene). Sino porque Chelsea Paine se pone el mundo por montera y se carcajea en la cara de quienes nos insultan por ser dueñas de nuestra vida. La respuesta en las redes habla de sorpresa. Y quiero pensar que también de provocación. Porque, le pese a quien le pese, este país está cada vez más lleno de zorras. Así que demos la vuelta al insulto y convirtámoslo en halago: el día en que zorras seamos todas, dejará de pesar.
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lunes, 1 de septiembre de 2014

Escuela de madres

Cuando te embarcas en la aventura de ser madre te sabes ya todos los lugares comunes sobre el tema. Al fin y al cabo vivimos en sociedad, y nos sale la información por las orejas.
Y sin embargo, la película nunca es luego como te la han contado. Y no porque el argumento varíe tanto -aunque a veces al guión habría que darle un Óscar-, sino porque no es lo mismo ver la historia desde la butaca que vivirla en tu piel.
Niños. Imagen cedida por  Mayte Mederos

El sábado volví de pasar unas cortas vacaciones con mi tribu. Y lo que iba a ser una semana de descubrirles el mundo, ha sido en realidad un viaje al interior de mis hijos.
Creo que hay muchos tipos de madres. Y el mío es el de proveedora. Soy una tabla de excel andante,  siempre cuadrando suministros, menús y calendarios familiares. Y así ando todo el año como en el circo chino, sujetando platos que giran sobre palillos mientras rezo para que no se me caiga ninguno.
Pero en todo ese trajín me pierdo con frecuencia mirar a estas tres personitas con calma. Cada una tan suya, tan diferente. Y además, en continuo cambio. Por eso las vacaciones familiares son a veces el momento en que te haces consciente de la realidad completa de esos seres a los que adoras sin terminar de conocerlos bien.
Y en ese sentido mi exmujer y yo hemos hecho este verano dos viajes en uno. En el primero, el real, hemos recorrido con la tropa algunos rincones imprescindibles de Italia para abrirles los ojos a la historia y a la luz del Mediterráneo. Y en el segundo, en el viaje interior, han sido ellos quienes nos han quitado la venda a nosotras, porque con tanto compartir horas de tren y de barco entre juegos y charlas, nos han regalado un atisbo muy valioso de sí mismos que incluye sus preocupaciones.

Nuestra hija preadolescente y el mediano de ocho años nos han confesado que prefieren que no contemos a la gente que tienen dos madres. Que les cuesta ser diferentes.
Imagino que lo que hemos sentido ante esa revelación es parecido a lo que pasa por el corazón de otras madres y padres cuya progenie es discriminada porque sus hechuras no se ajustan a los cánones de belleza impuestos, o por ser de otra raza, o por una discapacidad. Es duro darte cuenta, además,  de que a nuestra infancia le faltan referentes que le ayuden a sobrellevar la presión de pertenecer a una familia LGBTI, lo que no ocurre en otras situaciones.
En nuestro caso vivir tan abiertamente ha sido de mucha ayuda para que nuestros hijos e hija no hayan tenido nunca que dar explicaciones en su entorno:  ya las habíamos dado nosotras primero. Pero en estas vacaciones hemos conocido a otras familias, han vivido de primera mano la salida del armario de sus madres delante de sus nuevos amiguitos y eso les ha hecho sentir vergüenza.
Yo pensaba que tenía todo hecho: me he afanado durante años en la construcción de la mujer lesbiana que soy, superando barreras, y ahora el activismo me permite aportar mi granito de arena a la sociedad. Pensé que ahí se cerraba el ciclo. Sin embargo este viaje me ha hecho tambalear los cimientos y darme cuenta de que no es así, y que tengo que empezar casi de cero en una senda en la que no hay referentes, sin luz que alumbre el camino.
Así que habrá que trabajar en una escuela de madres y padres LGBTI que permita a nuestras niñas y niños hacerse con herramientas para enfrentar su realidad en un mundo que les es hostil. Y afianzar su seguridad, tan precaria a estas edades, para que sean capaces de aceptarse en la diferencia.
Se avecinan unos años difíciles para ayudar a nuestros peques a salir airosos de este trance, que se sumará al difícil paso por la adolescencia. De repente saltamos de una etapa feliz y despreocupada  a un escalón más alto para el que la vida nunca te coge preparada. De la fase de los cuidados pasamos a la de educar en valores, en este caso con un factor de discriminación añadido. Pero sé que cuando la cuesta se haga tortuosa, recordaré la magia de los atardeceres que hemos vivido este verano con sabor a helados y a besos, y el dorado del sol poniéndose en tres cabecitas rubias que despiden su primera infancia, y esa imagen de felicidad me hará sentir que todo se va allanando.
Porque si algo he aprendido de la maternidad es que no hay límites para este amor, que mueve mares y montañas. Y si hay que hollar en la espesura del bosque lo haremos hasta que claree y entre la luz a raudales, y saldrán veredas en lugares imposibles.
¿O no somos las madres las mejores creativas del mundo?

miércoles, 30 de julio de 2014

Transgénero: Jugar a ser quien soy

Desde que tengo memoria ando a vueltas con mi aspecto. Los años 60 nos imponían a las niñas vestiditos cortos y rebecas caladas, y yo miraba con envidia los pantalones rectos y los zapatos con cordones de mi hermano. En algún momento supe que no me convenía expresar el desconsuelo que sentía hacia su pelo corto, y aprendí que no debía silbar ni caminar con las manos en los bolsillos. Otra cosa es que fuera capaz de cumplirlo.

'Del lazo a la corbata', una historia fotográfica. Imágenes de Mayte Mederos.
‘Del lazo a la corbata’, una historia fotográfica. Imágenes de Mayte Mederos.
De mi infancia a hoy he hecho un largo camino para reafirmar mis gustos, no siempre con éxito, luchando contra la incomprensión y dejando mucha frustración por el camino. Y lo bueno de curtirme en el activismo es que de repente he pasado de ser un ‘chicazo’ a tener ‘expresión de género’. ¡Toda una mejora!
Ironías aparte, lo cierto es que mi aspecto genera dudas en el personal. Visto con ropa masculina y llevo el pelo corto, pero luego mis maneras y mis cuerpo son de lo más ‘femme’. El momento cumbre del año es cuando en la playa, con un bañador de chico, mis pechos reconstruidos evidencian las cicatrices de las mastectomías que me dejó el cáncer. Entonces es cuando alguien llega a la conclusión de que evidentemente soy un transexual haciendo el tránsito. Hacia qué género no se sabe: pero en algún punto del camino.
A mí me divierte jugar con el género. He llegado hasta aquí porque algo dentro de mí me lo pide desde que nací, pero ahora que me permito ser yo misma, me doy cuenta de toda la construcción social que hay alrededor de esto y me encanta transgredirla, provocar, buscar mis propias sendas.
Pero al mismo tiempo me doy cuenta de que hay muchísima confusión, dentro y fuera del mundo LGBTI, con conceptos que son fundamentales si queremos entender la nueva amalgama de realidades diversas con las que convivimos.
Y esto es lo que en ningún manual nos cuentan de forma sencilla:
El primer concepto básico es el sexo, que tiene que ver con los órganos genitales y los cromosomas, que en nuestro caso nos hacen nacer hembras.
El segundo es la identidad, que está en el cerebro, y que hace que nos sepamos mujeres, ya hayamos nacido hembras (biomujeres) o machos (mujeres transexuales).
El tercero es la orientación, que está en el corazón y que tiene que ver con el sexo hacia el que te sientes atraída física, emocional, espiritual y románticamente. La orientación nos divide en mujeres lesbianas, bisexuales y heterosexuales.
Y el cuarto es la expresión del género, que basándonos en los roles tradicionales de género se refiere a nuestro aspecto externo, que puede transitar entre lo femenino y lo masculino, pasando por la androginia.
Estos cuatro aspectos son independientes entre sí. Por eso, que una mujer sea transexual no significa que no pueda ser lesbiana, porque la identidad y la orientación no van unidas.
Y por último, hay un concepto que para mi gusto da una vuelta más de tuerca, y es eltransgénero: personas que no se consideran ni hombres ni mujeres, con independencia de sus características biológicas.
En este último nos englobamos quienes no nos sentimos reflejadas en lo que la sociedad asigna a las mujeres. A mí me dieron una mochila al nacer que traía vestidos rosas, sumisión, profesiones ‘femeninas’, maternidad sin cuestionamiento, ser cuidadora y ganar menos que mis compañeros hombres en el trabajo.  Así que me salí del pentagrama, y busqué otra escala en la que moverme, que casualmente coincide con la que socialmente se asigna a los hombres. Y elijo ropa andrógina, corbatas, tirantes, estar donde me corresponde en el trabajo por mi valía, sentarme sin cruzar las piernas. Pero también opto por la maternidad elegida, por mi delantal rosa de flores y por disfrutar de toda la gama del yin en mis expresiones amorosas y afectivas.
Bajarnos del carro de los mandatos impuestos es de lo más liberador. Si con los años una ya disfruta de morderse la lengua cada vez menos, aún más ilusión hace salirse del tiesto y jugar a ser cambiante como las lunas, seductora y seducida, dejando en la arena una huella que no se parece a la de ayer, ni a la de la de mañana, y a veces a ninguna otra.
Y es que soy Mayte, y soy transgénero.
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miércoles, 2 de julio de 2014

Amores tóxicos: un pasaporte a la infelicidad

Estos días ando a vueltas con el corazón, supongo que como final de un ciclo de varios años en el que he estado enredada en la madeja de los amores difíciles.
Y es la primera vez en este tiempo en que consigo entender que hay una pauta en todo esto: que cuando mi gente me dice que mi vida da para escribir una novela,  la razón del drama no está solo en las mujeres con las que me tropiezo, sino en lo que realmente me atrae de ellas.
Amor tóxico. Imagen de TrasTando
Amor tóxico. Imagen de TrasTando
Desde niñas se nos educa para el amor. Llevamos siglos de historia a la espalda que nos sitúan en el ámbito doméstico,  sin pensamiento crítico ni voz propia, relegadas a lo íntimo y con el único reconocimiento social del matrimonio y la maternidad. Nuestra emancipación es reciente y precaria, y aun no nos ha dado tiempo de superar ese planteamiento tan arraigado en nosotras de que la mujer es objeto, nunca sujeto, del amor.
Esta base social no ayuda a vivir relaciones sanas, porque muchas mujeres aprendemos a valorarnos en tanto que somos queridas. Y a entender que todo vale para lograrlo, porque el amor es sacrificio, el amor es entrega, y en ese tamiz tan ancho con que nos envolvemos se cuela el sufrimiento cuando nos arrimamos a quien no nos quiere bien.
La ecuación es clara: en nuestra sociedad el amor generoso no está de moda. Los estereotipos potencian a la persona vividora y sobrada frente a quien te trata con cariño y respeto.  Si encima te gustan los retos y tu mente hace ‘clic’ ante un discurso diseñado para generar mariposas sin querer llegar al fondo del asunto, estás perdida.

Cargamos de cualidades a esas personas que no nos quieren por nosotras mismas y que nos hacen renunciar voluntariamente a lo que nos hace felices. Y sin embargo por ellas estiramos al máximo nuestra capacidad de sufrimiento. Ahí es donde nuestra idea equivocada del amor encuentra un amplificador en la sociedad -que nos valora por ser sumisas y abnegadas- y ya no hace falta hacer más. El tendido eléctrico está creado, y ahora vete a cortocircuitarlo. Empiezas a aceptar que no alabe tus éxitos porque solo existen los suyos; que ponga coto a tu presencia en su vida, porque se considera un ser libre;  y empiezas a ser su marioneta por amor. Por el amor que tú pones en la relación, porque obviamente no es correspondido más que en la forma.
Hasta que un día siente que puede perderte. En ese momento pasas repentinamente a ser centro de su atención. Y, por supuesto, es cuando te plantea que hay que avanzar como pareja. Aunque tú ya tengas un pie fuera, sus palabras te hacen sentir que el sufrimiento ha valido la pena. Y vuelve a prender la chispa de la pasión, pero no te das cuenta, no quieres saber que no hay nada más detrás.
Estos amores tóxicos no solo son malos en sí mismos, sino que con según qué personas pueden ser la perfecta antesala al maltrato. Y con una prevalencia de relaciones violentas en torno al 30% de la población, el riesgo es enorme. Nos jugamos demasiado si no cambiamos el chip.
¿Y eso cómo se hace? Pues no hay remedio en forma de pastilla, sino como proceso interior. Se trata de valorar en la otra persona aspectos más realistas que la pasión. ¿Es tu felicidad tan importante para ella como la suya propia? ¿Se siente bien cuando tú lo estás? ¿Le importan tus pequeñas cosas? ¿Te dedica tiempo? ¿Te respeta? ¿Es desinteresada, o eres una relación ajustada a su propia conveniencia?
Si analizas y se suceden los síes, vas por buen camino. El problema es que el amor incondicional y tranquilo no nos despierta emoción a quienes tenemos el filtro mal calibrado. Y entonces se impone un ejercicio de aprender a querer sin sacrificios, cambiando poco a poco la erótica del masoquismo por la de la honestidad.
Porque el amor es acoger y compartir, y no necesitas vender tu alma al diablo para ser amada. Ese planteamiento solo nos ha servido como pasaporte a la infelicidad. Y ya es hora de viajar a sitios mejores.
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domingo, 22 de junio de 2014

Me equivoqué de estación


Nos reencontramos después de años, al empezar la primavera. Recuerdo que te vi llegar como un meteorito, entre bolsas y el aleteo de tu falda, a la plaza donde te esperaba. El sol lagunero templaba las calles, después de un invierno cerrado, recogido en sí mismo, y tu sonrisa inundó la tarde con un brillo desconocido.

Cuando nos despedimos, porque -mujer comprometida- te ibas a un ensayo de teatro social, nuestro abrazo nos dejó pegadas sin preguntar, y no sabíamos cómo volver al guión. Así que tuvimos que vernos de nuevo esa noche, y caminar la madrugada hasta encontrarnos, hablando de lo divino y de lo humano como si no hubiera un mañana.


Y así empezó nuestra amistad, mientras yo buscaba el amor en otros derroteros. Conversaciones sin fin, salpicadas de tardes de sillón, siempre con buenas películas con las que reír, debatir y llorar sin tapujos, porque eso es lo mejor de las amigas, ser una misma hasta con los ojos hinchados y moqueando, y que eso acabe en mortal ataque de risa. 

Me sentía tan cómoda contigo... Y poco a poco ibas entrando en mi vida, en las situaciones más cotidianas, como cuando me acompañabas al taller pertrechadas las dos por la calle con las bicicletas de mis peques, o aparecías cargada de cosas ricas para hacerme la cena mientras acababa un artículo que tenía que entregar. Te sentía trasteando en mi cocina, como si el olor del mediterráneo entero lo hubieras traído contigo, y esa armonía se parecía mucho a la felicidad.

Y después de semanas intensas, en las que descubrí la sintonía natural que tenías con las personas importantes de mi vida, como cuando mi hijo pequeño se cogía de tu mano al caminar como si siempre hubieras estado a su lado, empecé a separarme de ti para no hacerte daño. Porque había llegado a mi vida alguien que encajaba con mi búsqueda, que cumplía los requisitos para enamorarme. Y mi mente se llenó de retos, y se puso en modo conquista. Y no hubo qué no hiciera para poner mi bandera en esa plaza.

Así que puse distancias contigo, para no pasar de la puerta. Pero cuando llegaba a casa a quien echaba de menos era a ti, y te pensaba y una sonrisa enorme venía a mi recordando la tuya. Qué maravillosa es la amistad cuando se da así: qué suerte encontrar un alma que va pareja a tu lado, a pesar de ser tan distintas: tus faldas y mis corbatas, tu montaña y mi ciudad, el cuero contra el acero. 

Y el viernes viniste a cenar, y nos tomamos un vino en la cocina, como tantas veces. Y una vez más estabas atenta a mi sonido interior, y compartimos cada detalle de la intensa semana que acababa. Pero al irte me dolía la distancia que me obligo a mantener contigo como si quemara. Y esa noche tuve una horrible pesadilla en la que soñé que perdía tu amistad y lloré como una niña hasta que oí tu voz en el teléfono. Y no, no te enfadó que te despertara de madrugada. Y me consolaste como solo tú sabes, haciéndome sentir que estás ahí siempre, incondicionalmente.

Finalmente ayer nos vimos por un juego del destino. Apareciste con tu sonrisa, esta vez levemente ensombrecida por el cambio de tercio que daba mi vida. Y que podía favorecerte, pero una vez más me demostrabas que te importa mi felicidad por encima de tus intereses.

Y de repente te vi. Después de dos meses de mirarte sin verte, entró el verano y se lo llevó todo. El cambio de estación nos dejó desnudas, frente a frente, sin más armas que la complicidad y nuestras sonrisas. Y el solsticio me trajo la noticia de la amistad transformada en amor.

Y tenías razón, cariño: el amor es fácil. Solo que yo no lo sabía.

miércoles, 11 de junio de 2014

Retroceso, avance, ilusión: otro futuro es posible

Siempre me he considerado de las que ven la botella medio llena. Aunque hay que reconocer que en los últimos años mantenerme en esa tesitura ha sido un ejercicio de fe. Entre el paro, los desahucios, la pérdida de derechos laborales y la vuelta atrás en las políticas sociales de este país, el espacio para el desánimo ha ido creciendo sin tregua. Y eso, siendo una auténtica privilegiada por tener trabajo.
Incluso una optimista patológica como yo alcanza a ver que el retroceso que ha sufrido la sociedad española en muy poco tiempo va a tener difícil arreglo en el medio plazo. Especialmente para las mujeres, que cargamos en nuestras espaldas con la peor parte. Con una desigualdad salarial histórica, e inmersas en una sociedad que nos responsabiliza del cuidado de las personas dependientes, nuestras posibilidades de tener un trabajo retribuido se van reduciendo de forma exponencial. Estamos siendo las grandes golpeadas por la crisis, obligadas a quedarnos en casa porque ellos ganan más y alguien tiene que ocuparse de las criaturas y del abuelo. Perdiendo nuestra independencia, fundamental para luchar contra el modelo patriarcal que todo lo inunda, y que nos deja indefensas ante lacras como la violencia doméstica. Por mi parte trato siempre de no añadir más leña al fuego de la desilusión que nos rodea. Pero llega el momento en que el lenguaje y el pensamiento positivos no son suficiente barrera y te invade la frustración hasta el tuétano.
'Organize', intervención de TrasTando
‘Organize’, intervención de TrasTando
Y sin embargo… ¿quién no ha notado algo en estas últimas semanas? ¿un cosquilleo nuevo, una chispa de interés en la atonía de la cuesta abajo? ¿una ceja levantada ante lo que parece un intento inútil de salir del pozo, y que sin embargo pega como barro en la pared?
Parecía imposible arañar siquiera el bloque del bipartidismo en España, y sin embargo un proyectil con seis millones de votos tránsfugas ha estallado en las narices de los grandes. Y es que una parte de la ciudadanía ha dejado el sillón del victimismo y ha plantado caraexpresándose en las urnas el pasado 25 de mayo.
Y unos días más tarde, en una decisión más relacionada con este hecho de lo que nos quieren hacer creer, Juan Carlos I anuncia que abdica en su hijo y la gente sale a la calle para pedir una consulta popular que nos permita elegir qué sistema de gobierno queremos. Porque aunque siga habiendo personas partidarias de la monarquía, somos muchas las que nos cuestionamos una institución impuesta por un dictador, heredada de cuando en este país no se podía opinar. Justo es, por tanto, que se nos dé la madurez que entonces no se nos permitió tener para elegir el modelo de Estado. Y en ese sentido se movilizaron cientos de miles de personas en distintas ciudades para pedir la Tercera República. Y a través de iniciativas en la red pidiendo un referéndum sobre la monarquía. Aquí en Canarias también hemos salido a la calle este fin de semana para protestar masivamente contra quienes quieren alquitranar nuestro futuro: esos todopoderosos como el ministro Soria y Repsol que no ven más allá de su codicia y nos entrampan sin temblarles el pulso. No había habido una manifestación tan masiva en las islas en muchos años. Y es que la perspectiva de las prospecciones petrolíferas en un archipiélago que necesita el turismo para su supervivencia, sin necesidad de entrar en análisis demasiado sesudos, es una brutalidad que nos ha tocado en lo más profundo a quienes vivimos en esta tierra.
En resumen: España se mueve.  Pero ¿qué está pasando esta primavera que no haya ocurrido en la del año pasado, ni en la anterior? Pues que la gente de a pie, que estaba harta de que se rieran de ella pero al mismo tiempo resignada, de repente descubre que no está sola. Que muchos peces pequeños pueden enfrentarse el grandullón si se unen, y que en la ecuación empiezan a cambiar las variables.  Y es que tenemos que tragar menos abusos y soñar más. Como modernos Robespierres, capaces de reescribir la historia. Porque me niego a pensar que somos esclavos modernos, ni que un siglo de avances se va a ir por el sumidero con nuestras esperanzas. Se empieza a ver en la calle que queda en nuestro interior un orgullo que nos hace levantar otra vez la cabeza, y encontrar una nueva voz.
Veo a mi alrededor personas valientes que se ponen en pie, entre ellas muchas mujeres valiosas que dan un paso adelante. Mujeres que deciden poner un grano de arena, o muchos, para organizar la vida de otra manera. Debates sociales, dialéctica, sangre latiendo en las venas de la sociedad de a pie. Yo no sé si es el fin del capitalismo, ni hacia qué sistema vamos en este cambio de modelo que tanto necesitamos. Pero sí tengo claro el combustible para este viaje, que es la ilusión. La ilusión como hilván que nos conecta y nos permite luchar por aquello en lo que creemos. Como motor que bombea endorfinas en nuestro corazón, sabiendo que otro futuro es posible.
Salgamos de la inactividad, que solo da de comer a los grandes, y enamorémonos de la vida como a los quince años. Porque ya es hora de abandonar las frases de desánimo y alimentar nuestro presente con palabras de amor.

lunes, 26 de mayo de 2014

El albergue de las mujeres tristes

Pocas veces he tardado tanto en acabarme un libro. Y eso que hace dos meses, cuando me lo regalaron, parecía que entre sus páginas podía encontrar el árnica para aliviar las heridas de la relación de maltrato emocional de la que estaba saliendo.

Porque Marcela Serrano cuenta en él las peripecias de un grupo de mujeres que se reúnen en ese albergue del Chile más rural y profundo para curar las cicatrices profundas del desamor.

Pero aunque la historia tiene ritmo y cadencia, yo solo alcanzaba a leer un par de páginas cada noche. Quizá porque en este tiempo he tenido que centrarme en la logística de arreglar los desaguisados que provocó una experiencia como esta en mi vida y en mi ánimo.

Y así, lo que ha pasado es que los capítulos no marcaban la senda, sino que me acompañaban en ese camino que tenía que recorrer sola. Porque bajar a los infiernos para reconocer la maldad y la dominación egoísta de quien debía quererte en lugar de maltratarte, es un proceso absolutamente personal, y no se vive en ningún texto, solo en tu propia piel.

Yo no sé qué hubiera sido de mí si no hubiera tenido luz en este proceso. Adivino que mi autoestima estaría hundida, me creería causante del problema -tal es el poder de manipulación de quien ejerce violencia psicológica-  y hasta hubiera aceptado dar otra oportunidad, creyendo que todo era un tremendo error que tendría explicación.

Formarme en los mecanismos de la violencia intragénero me hizo no aflojar, y hoy estoy fuera del alcance de mi maltratadora. Pero tan importante como eso, que me permitió no alargar la agonía innecesariamente (¿cuántas personas no la sufren durante años, como una montaña rusa de la que no consiguen liberarse…?) ha sido contar con el amor de quienes me han llevado de la mano desde el primer día. Dos mujeres que, sin ser amigas íntimas, se hermanaron conmigo y me dieron las herramientas para entender, para actuar, y para quererme más que nunca.

Es una deuda que ya no podré pagar, como la que tengo con quien me ayudó a plantarle cara al cáncer. Pero hoy que acabo el libro que ellas me regalaron, siento que no puedo pasar página a este episodio doliente de mi vida sin darles las gracias por tanto. Por las horas robadas al tiempo para tomar el pulso a mi corazón. Por ayudarme a analizar y a aprender. Por su empatía, sus pellizcos de realidad y esas risas que no han faltado ni un solo día en estos meses.

Gracias Amaya, gracias Lourdes, por abrir la puerta del albergue, abrigarme el corazón y hacer de las nubes grises una preciosa lluvia multicolor.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Del blanco y negro al voto arcoiris

Parecía una cita lejana, y una campaña sin contenido, pero tras las variaciones machistas de estos días el 25 de mayo está casi aquí, y con él nuestra cita europea con las urnas. Y a estas alturas, estoy segura de que somos mayoría quienes aun nos preguntamos ¿y a quién voto?
Cada cinco años la misma tesitura. Y no es solo una sensación personal: el euroescepticismo asoma la cola y hace que vaya disminuyendo paulatinamente nuestra participación. Aunque esta octava legislatura tiene una novedad que quizás anime la partida, y es que por primera vez elegiremos de forma prácticamente directa la presidencia de la Comisión Europea, el puesto que ahora ocupa el portugués Durao Barroso.
Pero además hay una poderosa razón para que nos acerquemos el domingo a las urnas, y es que desde 2009 ha llovido mucho, y de creer que Bruselas quedaba muy lejos, hemos pasado a ver las políticas europeas marcar el paso al que teníamos que marchar los países más golpeados por la crisis. Tan solo por eso, merece la pena que nos planteemos todo lo que nos jugamos con nuestra abstención. Así que, una vez convencida de la importancia de mi voto, me pregunto qué opciones merecería la pena priorizar. ¿Qué enfoque será más útil para defender distintas realidades en Europa?  ¿Existen opciones reales para diferentes intereses?
Después de la  lamentable exhibición de ranciedumbre de estos últimos días, ¿no es posible encontrar listas ‘violetas’ que realmente defiendan los derechos de las mujeres? Creo que tenemos una gran apuesta en Iniciativa Feminista, porque como bien dice su cabeza de lista Juana María Santana, ‘la igualdad inclusiva es el más potente factor de desarrollo social’. Y en eso creo firmemente.
¿Qué opción puede ser más progresista o respetar los derechos de una gran diversidad de personas?  Optar por el PP y su candidato, un retrógrado y machista redomado, sería suicida. Pero además, si alguien del colectivo LGBTI se plantea votarle debería hacérselo mirar, sabiendo que Arias Cañete firmó el recurso contra el matrimonio igualitario.Por otra parte, el PSOE se vende como el voto útil para la izquierda española. Menuda paradoja, con lo inútil que está siendo su oposición al gobierno. Eso sin contar con que luego en el Parlamento Europeo las fuerzas populares y socialistas se alían en gran parte de las decisiones.
Así que, una vez fuera del férreo bipartidismo al que el sistema nos somete, encontramos 37 candidaturas más   entre las que, una vez descartadas las conservadoras que ya conocemos bien, sigue sin ser fácil elegir. Y ahí es donde me pregunto, como persona LGTBI, ¿dónde debería ir el ‘voto rosa’?
Como evidencia este mapa de la ILGA (Asociación Internacional de Lesbianas y Gays), en Europa sigue habiendo mucho trabajo por hacer, y la LGBTIfobia a aún es responsable de muertes, torturas y vejaciones en algunos países del viejo continente.  Incluso en los que tenemos leyes que nos protegen, la discriminación está a la orden del día.

Rainbow Map 2014

Por eso me parece capital que votemos a quienes apoyan la igualdad y la diversidad. Como bien dicen las asociaciones pro derechos humanos a través del vídeo #NoHateEP2014  ,  la campaña está poblada de candidaturas homófobas, racistas y xenófobas.

En ese sentido es de lo más acertada la acción de la ILGA, que ha lanzado la campaña “Come Out” (“Da el paso”), en la que se pide a las y los candidatos del próximo Parlamento Europeo y la Comisión Europea que expresen su determinación a trabajar por los Derechos Humanos y la igualdad LGTBI.  Hasta el momento han firmado 1.082 candidatos158 en España. Así que el voto rosa, indudablemente, debería estar entre Iniciativa Feminista, PSOE, La Izquierda Plural, Los Pueblos Deciden, Coalición por Europa, Primavera Europea, Podemos, L’Esquerra pel Dret a Decidir, el Partido Andalucista, Partido X, Piratas y PACMA.
No es fácil hilar fino el análisis entre tantas opciones. Hay muchas propuestas interesantes en los tres apartados anteriores en el programa de Iniciativa Feminista. O en el de Podemos, interesante también por haberse financiado mediante crowdfunding, sin pedir dinero a los bancos, y por fijar su ideario en la lucha contra la corrupción. Aunque tenga mis dudas sobre algunos de sus planteamientos, a veces más valen esas dudas que algunas de las certezas que por desgracia tenemos sobre otras candidaturas.
¿Y servirá para algo votar a uno de los pequeños? Yo creo que sí. Salgamos de la amenaza del voto útil y vayamos a expresarnos masivamente. Si no, nos esperan otros cinco años de poner nuestra cabeza en la bandeja de la Europa más retrógrada. Yo no quiero hacerlo, prefiero defender como mínimo la opción del voto-protesta. O dar colores a mis votos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

¿Pero no se había dicho ya todo sobre Eurovisión?

Menuda se ha montado en Eurovisión. Cuando algunas ya pensábamos que este festival estaba más muerto que vivo, va y se arma la marimorena. No lo vi en directo (ni pensaba hacerlo, para ser sincera), pero el domingo las redes se incendiaron de tal manera que no me quedó más remedio que enterarme. Y supongo que a buena parte del público europeo le pasó lo mismo. Así que, en la playa como estábamos,empezaron a sonar en mi móvil los acordes de Rise like a Phoenix. Y mis peques se arremolinaron para ver el vídeo, y me decían, sin dar crédito: ¡pero mami, esa mujer tiene barba!
'Triunfo en Eurovisión.' Collage de @TrasTando.
‘Triunfo en Eurovisión.’ Collage de @TrasTando.

Lo primero que sentí, además de resultarme chocante como a mi prole por la falta de costumbre, fue el orgullo de que se visibilizara la diversidad. El derecho del cantante a expresarse como más le guste. Y más cuando leí que tras su barba postiza –que podría haber sido simplemente un gancho- había una lucha pública por el derecho a ser sexualmente diferente.
Pero este sentir no es unánime en la comunidad LGTBI, y las asociaciones trans se han sentido ofendidas. En palabras de la activista Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA), ‘La vida de las personas trans dura más que una canción. El derecho a la propia imagen y libre desarrollo de la identidad para muchas personas solo cabe en un escenario. Cárceles de bambalinas llenas de aplausos y aforo completo para ver a la mujer barbuda, paradojas de libertad atadas en corto; porque en el momento en que el tacón baja del escenario… se apagan las luces y la correa ahoga el cuello’.
Como ella misma dice, ‘no juzgo al personaje, sino a la comunidad gay que aplaude el espectáculo como un paso adelante en la visibilidad, sin tener en cuenta el daño colateral del mensaje confuso que se da a la sociedad. Y juzgo a los medios, que ni en la muerte de una persona trans la nombran con su sexo real sino con el que nació, y sin embargo han tratado a Tom Neuwirth como mujer en todo momento, en un doble juego interesado’.
Desde los colectivos surgen voces divergentes con la comunidad trans. En opinión deCarlos Savoie, presidente de Algarabía Tenerife, ‘Las personas transexuales deberían dejar de ver el travestismo como enemigo, porque no ridiculiza la transexualidad sino los roles de género, precisamente para criticarlos. Y además la feminidad no es exclusiva de las mujeres. Hay que diferenciar entre transexualidad (que está relacionada con la identidad de género, lo que la persona siente que es -hombre o mujer-) y la expresión del género (mostrar masculinidad o feminidad), en donde el travestismo transita entre estas dos últimas’.
¿Y qué opina un travesti del mundo del espectáculo como Tavi Gallart, que además estuvo a punto de ir a Eurovisión en 2001 con una puesta en escena también rompedora para el momento? ‘Le estamos dando demasiada importancia. Conchita Wurst no existe, es una creación. Tom Neuwirth es un artista performántico que crea un cabaret que no tiene nada que ver con la sexualidad, sino con la expresión. Intentar catalogarlo es inútil, no creo que haya que darle más vueltas sino entenderlo como arte, como una creación en la que se juega con los géneros, dejando ver que todo es válido. Es un acto de libertad’.
Yo, por mi parte, me quedo pensando  en todo lo que ha dado de sí Eurovisión este año. Si no fuera un concurso musical, diría que ha tenido más debate político de lo que se atisba en la propia campaña electoral europea.

miércoles, 30 de abril de 2014

La madre de todos los derechos

Cuando hace unos años me planteé ser madre, lo primero que me vino a la cabeza fue un peque gordinflón de anuncio en los brazos, oliendo a colonia infantil. Y lo segundo que pensé fue: ¿cuánto nos costará la aventura? Cualquiera que planifica la maternidad se hace unos números básicos antes de empezar. La leche, los pañales, la cuna, la guardería… Luego llegas hasta calcular el cole, y ya no sigues más adelante porque entonces hay que hacerse el harakiri o tirar la toalla antes de empezar.
Pero eso, que es así para la mayoría de madres y padres, es un supuesto que no aplica a todo el mundo. Por un momento cierra los ojos e imagina que ese bebé mofletudo al que has cuidado y querido desde que nació, de repente no es reconocido como tuyo. Que de pronto tu cuenta de gastos se ve desbordada por costas judiciales, lo que menos imaginaste al empezar, simplemente para poder demostrar tu maternidad. Ese es el caso de Maribel Blanco.
Imagen de la acción iniciada por Maribel Blanco. Change.org
Imagen de la acción iniciada por Maribel Blanco. Change.org
Maribel es una mujer lesbiana de Talavera de la Reina. Llevaba nueve años de relación con su expareja cuando decidieron de mutuo acuerdo tener un hijo por inseminación, que nació en 2003. Cuando se separaron, tres años más tarde, ya existía la ley de matrimonio igualitario, pero la madre biológica le negó la filiación del niño.
Su vida desde entonces ha estado encadenada a un juzgado. Tuvo que desatender su trabajo -al que no puede dedicar más de dos días en semana- para librar una interminable batalla legal. El juzgado de Talavera de la Reina le concedió plenos derechos, pero ante un recurso de la madre biológica la Audiencia Provincial se los revocó, dándole tan solo un régimen de visitas como allegada. Ella, que se quedó en casa los primeros nueve meses de vida del niño para cuidarlo y que era la madre que más tiempo le dedicaba en el día a día, se vio fuera de la foto cuando la Audiencia decidió que no era la madre de su hijo por no haber matrimonio mediante.

A ningún juzgado le importó que la madre biológica emprendiera una cruzada para alejar al niño de ella, mudándose siete veces en siete años (alguna de ellas en mitad del curso escolar, cambiando a su hijo de centro). Ni que entrara en la cárcel para cumplir condena por apropiación indebida en la asesoría en la que trabajaba, y el menor quedara de hecho (que no de derecho) en manos de una hermana a la que ningún servicio social había evaluado previamente.
Ocho meses estuvo entonces Maribel sin ver a su niño. Sin saber ni siquiera en qué condiciones vivía. Y mientras tanto, no cesó su rosario de denuncias, hasta dos y tres cada semana, por incumplimiento del régimen de visitas. Era el único medio que tenía para hacer algo. Aunque supusiera dedicar cada euro que tenía a la causa, y desgastarse emocional y económicamente hasta el límite.
Finalmente el mes pasado el Tribunal Supremo revoca la sentencia de la Audiencia Provincial, pronunciándose así sobre el vacío legal de las niñas y niños nacidos antes de la ley de matrimonio igualitario en España. Y lo hace aplicando el artículo 131 del Código Civil, que permite reclamar la filiación ‘por posesión de estado‘, o lo que es lo mismo, por haber ejercido la maternidad por un tiempo de forma constante.
Pero esa victoria se ve amenazada por el recurso que ha presentado este mes la madre biológica, en el que argumenta que la filiación es algo exclusivo de las parejas heterosexuales, y que tener dos madres es una forma de discriminación para su hijo. Si este recurso prospera, no es solo la maternidad de Maribel la que se ve amenazada, sino la de todos los padres y madres no biológicos y, finalmente, la de todo el colectivo LGBTI. Y esta batalla tan importante para las miles de familias diversas que vivimos en España, la está lidiando una mujer sola, arruinada económicamente, que sólo cuenta con la fuerza inquebrantable del amor que la une a su hijo.
Su pequeño, de diez años, es un hombrecito maduro y templado, que cuando su madre biológica se lo llevaba de su lado le decía a Maribel que no llorara, que él siempre la esperaría, que iban a conseguir que un día no volvieran a separarlos.
Da miedo lo que esta mujer lleva vivido a cuenta de una injusticia homófoba que exige a las parejas lesbianas casarse, cuando en las heterosexuales basta con que el hombre reconozca verbamente como propia a la criatura al inscribirla. Por eso, consciente de que aquí se están dirimiendo el futuro y los derechos de muchas familias, Maribel Blanco ha puesto en marcha una recogida de firmas en una carta dirigida al Ministro de Justicia en Change.org que ya lleva recogidas cerca de 40.000. Ha hablado en muchos medios, entre ellos en el programa de Julia Otero el pasado día 23. Y ha montado una plataforma (Hij@s de hecho, hij@s con derecho) que en año y medio ha dado información y apoyo a más de 300 personas que están en una situación parecida a la suya.
Maribel necesita recaudar fondos para hacer frente a la próxima batalla que se le plantea en los juzgados. 14.000 euros que servirán para defender esta causa y para crear un fondo que ayude también a otras familias. No nos quedemos de brazos cruzados en el sillón de casa ante esta injusticia: en Facebook y en el blog de Maribel es posible colaborar con ellos. Con aportaciones pequeñas, no importa: pero euro a euro podremos hacerlo
Lo último que me dijo Maribel en nuestra larga conversación entre madres es lo feliz que le hacía, a pesar de todo este despropósito, ver a su hijo convertirse en un chico cada día más cariñoso y solidario. A pesar de haber vivido situaciones límite, sin tener muchas veces a qué aferrarse en un entorno tambaleante y desgraciado, el pequeño sólo quiere mirar hacia delante y construir un mundo seguro y estable. Si las leyes le dejan. Está en nuestras manos.

martes, 22 de abril de 2014

La cocinita de madera


Estos días estoy asida a la infancia de mis peques como si empezara a despedirla. Amueblo sus habitaciones en la casa a la que acabo de mudarme con una ilusión que no recordaba desde el embarazo de mi primer bebé.

Y es que el ver a Amalia estrenar habitación para ella sola es una especie de adiós al cuarto de juegos infantil.

Por eso no puedo evitarlo, y al tiempo que le preparo a ella todos los detalles que le pueden hacer sentir mayor e importante, me deleito en ralentizar los días de los pequeños.

Mis dos rubios geniales, los hombrecitos de mi vida, también van a tener una sorpresa en su nueva habitación. Van a tener un juguete que para mí es único: una cocina de madera como las de verdad.

No le falta de nada: fuegos que se iluminan, y un horno muy capaz, como diría mi madre. Pero además tiene batería de cocina, juego de espumaderas y set de repostería. Y tazas y platos de porcelana. Y copas hexagonales. Y un montón de comiditas (verduras, hortalizas, carnes, frutas) de tela de colores. Y hasta la cesta para ir al mercado.

La mesa y las sillitas que les he comprado son también de madera, blancas y pequeñas, como del cuento de Ricitos de Oro. Yo sé que la mayoría de madres y padres compran para el futuro, y en nada mis principitos se saldrán por los lados del asiento. Pero yo quiero vivir despacio e intensamente sus ocho y sus cuatro años, y deleitarme en este momento que solo dura un instante, pero que es justo ahora.

Estoy contando las horas hasta el jueves, en que Amalia verá la sorpresa inesperada de su nueva habitación. Llevo semanas buscando y rebuscando hasta el último detalle para que sea el mejor de los regalos para ella, y por cómo está quedando creo que estoy cerca de conseguirlo.

Pero la cocinita de madera es otra cosa. La imagino en las manos regordetas de mis rubios, ideando banquetes de cuento, y he de confesarme la verdad: el regalo en este caso es para mí.

Porque cuando tienes bebés te parece que ya es para siempre. Y cuando crecen sientes la estafa del tiempo... ¿por qué nadie te avisa de que la infancia es tan corta? Yo no quiero que salgan aún del mundo de la fantasía, de la despreocupación feliz. Y amante de lo simple como soy, nada se me antoja más adorable que un gran juguete de madera con horas de diversión y creatividad por delante.

Así que en dos días inauguramos adolescencia, pero también restaurante infantil, con especialidad en comidas sin gluten en atención a mami, que mis chicos son muy considerados. Y pienso pasarme en esas sillas más horas de las que mi espalda pueda aguantar, y probar todos los guisos del mundo, mientras grabo en mi retina los movimientos y el formato minúsculo de estos peques que en nada ya no lo serán.

Porque todo gira muy rápido, pero si me abrocho a su risa desbordante y nos mantenemos en el centro de la rueda, cada minuto tendrá la facultad de ser nada y todo a la vez. Y esa es la receta mágica, la piedra filosofal: ese es el verdadero milagro de la infancia.

miércoles, 16 de abril de 2014

Una historia de amor (y política)

Abril es el mes de la visibilidad lésbica. Aunque a la vista de lo ocultas que estamos las lesbianas en el mundo también podrían dedicarnos el año entero sin que se notase el esfuerzo. Pero no todo es aridez y sequía en el horizonte: a veces tenemos la suerte de encontrar pequeños oasis creados por mujeres públicas y valientes que eligen dar un paso adelante.
Y es el caso de Jóhanna Sigurdardóttir, la ex primera ministra islandesa, que dejó el cargo en mayo pasado. En estos días es noticia por la publicación del libro de su mujer, la periodista Jónína Leósdóttir, en el que relata tres décadas de amor compartido. Una cifra asombrosa en estos tiempos. Pero no es lo único que da vértigo de su relación.
Portada del libro autobiográfico de Jónína Léosdottir
Portada del libro autobiográfico de Jónína Léosdottir
Porque Jóhanna y Jónína se enamoraron estando ambas casadas y con hijos. Y aunque pronto se divorcian para vivir este amor, decidieron no hacerlo público para no perjudicar la carrera de Sigurdardóttir como promesa del partido Social Demócrata, en un país con una fuerte tradición luterana. Johánna, que había sido hasta entonces azafata y oficinista, cuando entró en la política asumió muy pronto cargos de responsabilidad que la llevaron a la vicepresidencia de su partido y a ser ministra de Asuntos Socialesdurante cuatro legislaturas.
Su amor vivió muchos años de armario social primero y de separaciones forzosas después, que tuvieron su momento culmen cuando Sigurdardóttir accedió a la jefatura del gobierno. Cuatro largos años de soledad en casa para Leósdóttir –en el país no hay residencia presidencial-, que siguió calladamente con su carrera de periodista y escritora mientras su ya esposa lidiaba con el monstruo de tres cabezas que era la intensa crisis en la que el país se había instalado.
Su esposa, digo bien. Y es que en 2010 la pareja había decidido contraer matrimonio, yestrenar la flamante ley de matrimonio igualitario el mismo día en que se aprobaba en Islandia. Ya cuando accedió a la jefatura del estado un año antes, Jóhanna Sigurdardóttir se convertía en la primera dirigente abiertamente LGBTI del mundo. Y para ser conscientes de la trascendencia de ese paso, hay que pensar que aunque los gays están mucho menos discriminados socialmente que las lesbianas por su condición de hombres, aún no ha habido ninguno en la presidencia de una nación.
Qué grande es esta mujer. No solo tomó las riendas de un gobierno desmantelado y lo llevó a una histórica victoria en las urnas, sino que en su mandato arriesgó como nadie a la hora de crear precedentes rompedores para las lesbianas. Así fue en su visita a China en 2013 a la que llevó a su esposa, armando un revuelo protocolario y mediático del que el gobierno de Li Keqiang aún no se ha repuesto. En un país en el que la homosexualidad es duramente silenciada, la entonces primera ministra islandesa salió en los telediarios agradeciendo a su homólogo chino la atención dispensada a su esposa, ante los ojos atónitos de millones de personas acostumbradas a vivir bajo el yugo de la represión.
Después de haber sido una de las políticas mejor valoradas de Islandia, Sigurdardóttir decidió no presentarse a la reelección en 2013. Me pregunto cuánto peso habrá tenido en ello el deseo de alcanzar por fin la plenitud junto a su mujer, que ahora publica “Jóhanna y yo” como homenaje a 31 años de amor lésbico contra marea.
Las mujeres heterosexuales que me lean quizá no lo entenderán. Pero gracias a la valentía de esta mujer puedo decirle orgullosa a mi hija que una lesbiana puede llegar a donde se proponga: incluso a la presidencia del gobierno. Y es que los referentes son importantes. Y cuando nos los da alguien en primera línea de fuego mediático, que además paga por ello el precio de su intimidad, hay que tomarlo como un verdadero regalo.

miércoles, 2 de abril de 2014

La fallera cuando besa

España es un país moderno. Disfrutamos de la Ley del Matrimonio Igualitario desde 2005, mucho antes que algunos de nuestros socios europeos más avanzados. Pero del dicho al hecho de la aceptación social hay un buen trecho, y muestra de ello ha sido el revuelo causado hace unas semanas por el beso lésbico de las falleras, que nos hace cuestionarnos esa pretendida modernidad.
Hace unos días la revista digital ‘EGF and the City’, de contenido LGBTI, sacaba las fallas del armario con una portada que no ha dejado indiferente a nadie. Desde entonces las redes han hervido con comentarios a favor y en contra. Y una se pregunta por qué es noticia algo que debería estar normalizado.
Portada de la revista EGF and the City. Marzo 2014
Portada de la revista EGF and the City. Marzo 2014
¿No tiene esto un tufillo a ‘está bien que tengan sus derechos, pero que no saquen su realidad del armario porque no queremos verla’?
Yo, como lesbiana, madre de familia homomarental e integrante de una asociación LGBTI, veo esta realidad con frecuencia. Y sonrío en un silencioso aplauso interior cuando leo apuestas provocadoras como la de la revista. Qué gusto da sacarnos de los arquetipos –lesbianas feas, gays glamourosos, transexuales en la prostitución o el espectáculo- y dar una bofetada a la acomodada conciencia de nuestra sociedad.
Porque todavía son multitud quienes no quieren saber que somos personas diversas, que reproducimos todos los modelos existentes en la sociedad heterosexista y algunos más, y que estamos entre los integrantes de su equipo de fútbol, en el elenco de sus series favoritas, y en todos los oficios y profesiones.
Así que ¿por qué no esta portada de lesbianas falleras? Y también una de nazarenos de la mano, y otra de dos miembros de una exclusiva sociedad gastronómica vasca como familia homoparental? Una salida del armario en cualquiera de los santuarios de la moral tradicional (como lo es el ejército también, entre otros) levanta ampollas, sí, pero hace más por la normalización que veinte campañas juntas.
Yo lo tengo claro. Cada vez que una de mis tres peques empezó el cole, el primer día aproveché para nombrar a sus dos mamis delante de toda la clase. Caían de un plumazo el morbo, los comentarios a escondidas y las especulaciones para el resto del curso. Además los cumpleaños los celebramos siempre en casa, e invitamos a quedarse a madres y padres que, año a año, aprenden que nuestra realidad es exactamente la misma que la suya.
En el trabajo hace años que opté por la falta de discreción. Nadie sabe lo fácil que es para el mundo heterosexual hablar de su familia y su pareja en cualquier situación, y lo que cuesta cuando tu orientación es otra, que parece que necesitas de un permiso antes de abrir la boca, no vayas a molestar a nadie. Por eso yo me esfuerzo por visibilizarme, y vadeo ya entre caras de sorpresa con una naturalidad pasmosa. El día que ya no las vea, colgaré los guantes. Y en ese futuro, espero que no tan lejano, portadas como las de las falleras ya no harán ninguna falta. Con un poco de suerte, ni serán entendidas.
Pero hasta entonces, bienvenida sea la provocación que desentumece conciencias. Y bravo por las falleras, que le han puesto el cascabel a un gato que llevaba demasiado tiempo encerrado en el armario de las escobas.