miércoles, 4 de abril de 2012

Entré lesbiana y salí transgénero

Hoy estuve haciendo carteles en Algarabía, el colectivo LGBTI de Tenerife. Preparamos el 17 de mayo, el día mundial contra la homofobia, bifobia y transfobia. Es una reivindicación más que necesaria, porque en virtud de este odio a la diferencia se nos mata, tortura, encarcela y discrimina en muchas partes del mundo.

Cuando elegíamos los textos para los carteles me entró una duda: nuestras siglas LGTBI corresponden a lesbianas, gays, bisexuales e intersexuales (antes llamados hermafroditas). Pero ¿la T es de transexuales o de transgénero? ¿Y cuál es la diferencia?

Esa aclaración generó un debate interesante. Y aprendí que transexuales son las personas que nacen con el cuerpo equivocado, y tienen plena consciencia de ello, pasen por una reasignación de sexo o no. Mientras que transgénero significa que no te identificas con la categoría de hombre o la de mujer, o con ninguna de las dos, sino que te encuadras en un lugar intermedio.

Me sentí muy identificada con esta situación, porque desde pequeña me atrajeron cosas diferentes al resto de las niñas. Que te gusten las chicas siendo mujer es algo tipificado y que la gente acepta o no, pero lo entiende como concepto. Lo que cuesta más es que no te sientas identificada con los gustos y las cualidades que la sociedad asigna a tu género: la ropa, los juegos, el comportamiento, los gestos...

Muchas de nosotras tuvimos una época en la que quisimos ser chicos. Y eso crea una mezcla de conflicto inconfesable y culpa que te confunde mucho internamente. Pero años más tarde he ido entendiendo que el origen de este deseo no era (en nuestro caso) no estar a gusto con nuestro sexo biológico, sino no encajar con el constructo normativo que la sociedad nos reserva a las mujeres.

Durante este año y medio en que he estado en casa luchando contra el cáncer, sin ninguna convención social que observar, mi armario se ha enriquecido con corbatas, tirantes, zapatos de cordones y chaquetas de corte masculino. Y ahora que he vuelto a la oficina,con el pelo más corto que nunca y una mezcla de códigos difícil de catalogar, me imagino que habrá quien se haga un lío.

Yo ese lío no lo vivo, pero además desde hoy tengo un nombre que ponerle: soy transgénero. Y eso significa que no me encorseto, sino que transito entre la masculinidad de mi ropa y mis gestos y la feminidad de mi voz y del trato dulce con mis peques, y que integro todas las facetas y hasta elijo el punto en el que me quiero sentir cuando me levanto por las mañanas. En fin, lo que muchxs haríamos si esa elección pudiera ser libre y natural y no trajera rechazo social a la diferencia.

Así que me he vuelto a casa muy contenta. Tantos años no sabiendo qué hacer con mi pluma y resulta que no sólo he aprendido a jugar con ella sino que hoy la he mojado en tinta para escribir su nombre en mi piel. ¡Bienvenida al transgenerismo!

6 comentarios:

LGBTIQ+ dijo...

Me encanto, aunque ese debate sigue abierto. Me gustaría seguir donde lo dejamos, es un tema bastante amplico y complejo. Nos vemos...

Josito

ISA dijo...

Después de leer atentamente tu post y de buscar bien lo de "transgénero" pienso, con toda humildad) ¿no estamos rizando el rizo?.
De momento, y en mi caso, me conformo con ser mujer. Mi opción sexual pertenece a mi vida privada, aunque no la oculto, tampoco la propago y si me preguntan, contesto según a quién tengo delante.
Pero claro, soy una ignoranta en esto de los LGBT... y demás.

Alicia dijo...

Comprendo perfectamente el comentario de Isa, y hasta puedo sentirme identificada con él. ¿Qué más da la etiqueta que llevemos, o el hecho mismo de que existan etiquetas? ¿Qué importancia tiene, al fin y al cabo?

Sin embargo, reflexionando, llego a la conclusión de que sí importa. A menudo nos cuesta comprender el alcance de las cuestiones que no nos atañen. Sin embargo, basta que empiecen a afectarnos para que de pronto se nos agucen los oídos y pasemos a estar alerta cuando se mencionan. Pienso en cuando no tenía hijos, y en lo ajenas que me resultaban tantas cuestiones que después, por turnos, se fueron convirtiendo en importantes: parto, lactancia materna, vacunas, guardería, educación, psicología infantil... Y así, hasta el infinito, avanzando por niveles, y descubriendo año por año nuevos debates a los que antes asistía perpleja: ¿teléfono móvil?, ¿piercings?, ¿tuenti? De no tener hijos, todavía seguramente seguiría las conversaciones ajenas sobre niños con desapego… y pensaría como Asterix: “¡Están locos, estos romanos!”

Importa, claro que importa. Importa porque afecta a nuestra esfera más íntima, a la de los sentimientos, a la de la identidad, a la visión que tenemos de nosotros mismos y a la que percibimos que tienen los demás. ¡Qué bien, poder reinventarse uno como quiera! Adelante... y viva la libertad.

chris dijo...

Llevo días dándole vueltas literalmente a qué ponerte en este post. Lo he leído, releído y requeteleído... Sólo se me ocurrían chorradas hasta que me di cuenta de que reaccionaba así porque el tema me TOCA (si, con mayúsculas).

A mis compañeras de curso...mis heteras, les resulta complicado entender (aunque lo respetan) mi forma de "externalizar" quien soy. Me he comprado unos tirantes y quiero comprarme un sombrero. Y vestirme con ellos de vez en cuando. Para ellas eso es un disfraz. Para mí...mi forma de ser...

Y reconozco además que me causa mucho conflicto interior sentirme masculina y verme las curvas físicas que me adornan. En fin...que si voy a la farmacia...para que me den una tableta de Mayte puedo pedir un transgenérico???

Un abrazo, preciosa!!

m eugenia g raso dijo...

Me encanta.
Sencillx, clarx y concisx. Dulce y directx. Humilde en tu divagar y tan humanx que hemos de empatizar contigo.
Preciosa exposición. Mis elogios a tus letras, pues todxs hemos leído kilómetros de lineas acerca de lo que tú has expresado desde el sentimiento y hasta se sonríe al leerlo. Queer plácidx.
Todxs lxs tranx person, quedamos unidxs en tu sentimiento.

Gracias

Salud

Alberto dijo...

Es muy importante la reflexión que haces, Mayte. No es rizar el rizo en absoluto, sino revisar presupuestos que tenemos muy metidos dentro acerca de lo que es natural y lo que no lo es; lo que se supone que tenemos que pensar, sentir, expresar...de acuerdo a nuestros atributos corporales. ¿Por qué ha de ser inadecuado, si nos enriquece como personas, el transitar y descubrir lo que late detrás de nuestros deseos?
Lo transgenérico es romper con moldes establecidos, no para crear nuevos moldes, sino para darnos cuenta de que en realidad somos mucho más ricos y complejos que lo que nos han dicho que somos. ¡Gracias, Mayte! Un abrazo
Alberto

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