sábado, 24 de marzo de 2012

Me muevo para que algo se mueva

Cuando era pequeña y estudiábamos en clase la Revolución Industrial nos asombraban las duras condiciones de vida de la clase trabajadora, infancia incluida. También sonaba antediluviana la situación de las mujeres en España hasta que llegó la transición: aquello de que no pudieran abrir una cuenta, montar un negocio ni viajar al extranjero sin que marido o padre lo autorizaran era difícil de creer. De esto último hace menos de cuarenta años, pero a las nuevas generaciones nos sonaba disparatado, y a nadie se le ocurría pensar que pudiera ser reversible.

Para quienes hemos crecido en una sociedad que paulatinamente ha ido garantizando la mayoría de los derechos humanos (los últimos, los que nos atañen a la comunidad LGTBI), el movimiento lógico solo puede ser hacia delante. Y aún queda mucho trabajo por hacer, porque aunque las instituciones hayan ido en la dirección correcta, la sociedad patriarcal en la que vivimos es un pozo de desigualdades.

Por eso, que tras décadas de avance de varias generaciones españolas comprometidas con las libertades y el estado del bienestar, el gobierno esté dando un paso atrás tan espeluznante con la reforma laboral que ha impuesto, me resulta intragable. Y que no clamemos como un río crecido, inconcebible.

No me interesa especialmente la política. Nunca he estado afiliada a ningún partido. Ni he secundado ninguna huelga general en 26 años de trabajo: siempre pensaba que tenía que haber otra vía para reconducir las cosas.

Pero ahora no. En esta ocasión tengo claro que no la hay.

La única manera que tenemos de protestar por este desproporcionado atropello del gobierno es salir a la calle el jueves para decir bien alto y bien claro lo que pensamos.

¿Es éste el país que queremos? ¿Es el que nos merecemos? Yo creo que nuestra tierra está llena de gente de bien, de personas trabajadoras, que buscamos una vida razonable para nuestras familias y dejar el mundo un poco mejor de como lo encontramos.

Los gobiernos europeos se han puesto al servicio de un neoliberalismo voraz. Han jugado al monopoly con los bancos y las multinacionales, poniendo sobre el tablero nuestro futuro, y ahora nos toca a los de a pie pagar los platos rotos.

En España hemos pasado de un mal gobierno socialista a un gobierno popular que quiere levantar el país a base de aplastar a su fuerza productiva. Craso error, que puede llevarnos a la parálisis económica. Y si encima se adorna con un recorte de libertades sin precedentes, que amenaza a los eslabones más débiles de la cadena, van a hacer falta décadas para salir de este agujero negro.

Yo no quiero entrar en él. Yo quiero un modelo como el de Finlandia, que lucha contra la corrupción, mejora la protección social y logra así el crecimiento. Y es el momento de decírselo al gobierno con contundencia, usando la fórmula que establece para eso la democracia.

Así que lo tengo claro. El jueves voy a la huelga.

Y además pretendo que sea un día de consumo cero: ni compras, ni gasolinera, ni banco, ni transporte público, y el menor uso posible de luz y teléfono. El día 29 no va a salir un euro de mi cartera. Si no duele que me manifieste, seguro que duele que no ingrese en arca alguna.

Voy a moverme para que algo se mueva, porque las cosas no se arreglan solas. El resto del año trabajaré con fuerza y con ganas, y seguiré contribuyendo a la sociedad cuanto pueda. Pero el jueves mi obligación moral es parar, para pedir al gobierno que cumpla con su parte: que vele por nuestros derechos, que no recorte las libertades, que no nos devuelva a la oscuridad del medievo de una patada.

Porque esa tenebrosa ciénaga no es la que quiero para mí ni para la sociedad en la que vivo. De manera que no voy a dejar de luchar ni un momento para volver a la luz.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo no puedo hacer huelga estrictamente hablando puesto que estoy en paro pero sí me manifestaré y además reduciré el consumo al mínimo ese día en señal de protesta.

Saludos.

M. Santana

ISA dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Y añado que con lo de las elecciones andaluzas y habrá un "después", creo que algo se está moviendo, para empezar un baño de humildad. No quiero ni pensar en cómo estarían ahora si el eterno candidato (desde hace 30 años) Arenas hubiera ganado.
Griñán lo ha hecho muy bien, a pesar de Rubalcaba.

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