domingo, 29 de enero de 2012

La dama de hierro

Vuelvo del cine, después de dos horas sumergida en la vida de Margaret Thatcher. Y de todo el repaso que hace la película sobre su biografía me quedo con una imagen inquietante: ya estando retirada, su cabeza no deja de revivir una y otra vez sus momentos más duros como primera ministra, mezclando pasado y presente sin poder ordenarlos. Son jugarretas que le hace la mente con la edad, pero no creo que por casualidad, sino precisamente por su forma de ser, comprometida hasta la médula.

Mujer hecha a sí misma, esta hija de tenderos siempre tuvo claro que su futuro y el del país pasaban por el trabajo duro, no importa cuántos sacrificios hubiera que hacer. Y aunque personalmente creo que fue una lacra para el Reino Unido con sus políticas neoliberales, la traigo hoy a mi blog por el espíritu de lucha que siempre la caracterizó.

Qué curioso haber visto esa película precisamente hoy. Había tenido un almuerzo en el que se habló hasta la saciedad de política, de la situación económica, de lo mal que está todo. Y a pesar de que son temas importantes, y me afectan, como a todos, esa visión catastrofista del mundo me quitó la energía de un plumazo. Salí de allí mortalmente cansada, sintiendo que no sé vibrar en esa frecuencia.

Conduje unos cuantos kilómetros respirando hondo, la autopista toda para mí. Y en ese momento, visualizando mi coche avanzar entre el mar y los montes de Güímar, y escuchando a toda potencia el lamento dulce del violín de 'La Lista de Shindler', pensé que mi vida es una película. No porque esté llena de amor y lujo, sino porque me siento una actriz en mitad de una trama totalmente orquestada.

Me preocupa la crisis, pero relativamente. Me preocupa lo corta que ando de presupuesto, pero relativamente. Me deprimen la política, lo mal que lo han hecho los socialistas, el miedo a los recortes sociales y a los totalitarismos de los populares. Pero todo relativamente.

Y es que mis preocupaciones van en otra frecuencia. Y a veces el mundo real se me figura el escenario en que me ha tocado rodar mi película. Porque, al contrario que Margaret Thatcher, yo no he venido aquí para cambiar el mundo: he venido para que el mundo me cambie a mí.

He trabajado muy duro durante veinte años en mi trabajo, en un puesto de bastante responsabilidad. Durante mi baja las reglas del juego han cambiado, y ahora me incorporo en una total indefinición de funciones. Lo acepto con humildad y quiero creer que la vida me trae un nuevo reto del que aprender y con el que crecer.

Doce años de mi vida los invertí en crear con amor y cariño una preciosa familia, que se rompió en dos. Mi buena relación con mis hijos y con mi exmujer no quitan el sufrimiento de las ilusiones quebradas. Aún trabajo interiomente contra el sentimiento de culpa de haber robado a los niños una infancia feliz. Pero intento aceptarme y aceptarlo.

El cáncer ha sido una buena oportunidad para mirar a la vida de frente, aunque me ha hecho darme cuenta de lo vulnerables que somos.

Y después de más de un año de encuentros y desencuentros con la mujer a la que quiero, en el que no quedó nada que no hiciéramos por salvar nuestra relación, empiezo a creer que su misión en mi vida ha sido enseñarme que no hay que luchar por nadie. Como reza el viejo dicho, si algo es para ti vendrá y se posará en tu hombro. Esa idea de la lucha que nos han inculcado desde la cuna ahora se me revela equivocada. Hay que trabajar, sí, pero como parte del camino. Sin esperar. Sin crearnos expectativas que se transformarán en pérdidas.

Y el escenario en el que me toca vivir no lo puedo cambiar. No puedo hacer nada importante para erradicar la pobreza, ni la injusticia, ni para recuperar el amor perdido. Sólo puedo cambiar la forma en que lo acepto.

Duelo antagónico el de esta noche. La dama de hierro eligió enseñar los dientes y pelear por aquello en lo que creía. Yo lo suelto todo, abandono. En estos últimos tiempos la marea se ha ido llevando todas mis seguridades.

Y ahora que está todo arrasado y no queda a qué agarrarse, extiendo las manos y espero que las olas vayan poniendo en ellas, poquito a poco, todo aquello con lo que la vida me quiera sorprender en los próximos años. Y será mío el tiempo que quiera serlo, porque ya no perderé el tiempo en sujetarlo fuerte para que no se vaya.

Ahora lo voy a disfrutar.

11 comentarios:

ISA dijo...

Lo peor de la "vida" es que esta te lleva por donde le da la gana.
Es cierto que para muchas cosas nosotros debemos luchar para conseguirlas pero al final es la "vida" la que decide por ti.
Con un futuro (entonces, que eran otros tiempos) profesional brillante tuve que dejar todo lo que fuera empresa privada y hacerme funcionaria porque me quedé sola con 4 hijos a mi cargo y necesitaba un sueldo fijo al mes, más trabajos extras, claro.
Pero ¿sabes?, es el día de hoy con los 4 becerros ya "colocados" que miro para atrás y no me arrepiento de nada ni echo la culpa a nada y a nadie y aprendí lo que creo que ha sido lo más importante en mi vida: hacer en cada momento lo que tienes que hacer y no lo que te hubiera gustado ser o hacer.
El mio, como otros, es un caso extremo, pero hija, como te toque, te ha tocado.
Y punto pelota, es que no hay otra.
Besos.

Marcela dijo...

Andan hoy los blogs algo decaídos de ánimo. No puedo estar de acuerdo contigo, creo que nunca podemos resisitirnos a luchar por lo que queremos y por cómo lo queremos. Aunque también es verdad que, para luchar con fuerza, necesitamos de vez en cuando retirarnos un poco y dejar que la vida llegue. Pero en cuanto haya energía, a las barricadaaaaaaaas.

Jirafa Gerundio dijo...

Como he leído por ahí, a los años hay que darles vida y no la vida a los años...pos eso, y si hay que irse de barrica-das, pues eso, unas cervecitas y a la lucha! :)
(he vuelto)

chris dijo...

Albricias, por fin puedo acceder a la sección de comentarios!!

Qué te digo? Ah! algo nuevo...estoy de acuerdo con que cuando quieres algo debes poner de tu parte. Empezar por desearlo y luchar por conseguirlo. Otra cosa es no forzar. No aguantar más de lo que debas, no ceder en lo indecible para conseguir algo que se puede terminar escapando.
Y si...disfrutar, disfrutar de las cosas que vayan llegando!Así que ponte los tirantes arcoiris, agárrate a ellos que es como agarrarte a ti misma (a quién mejor?) y a volar en esta nueva vida!!
Un abrazo!

sor Ella dijo...

No había leído tu post hasta ahora mismo, después de colgar uno mío. Aparentemente hablamos de cosas diferentes, pero las dos hablamos de sueños, unos rotos, otros forjándose. Creo que hay que luchar con uñas y dientes por los propios sueños, pero hasta un determinado punto, no más. Dejarse ir sin más va en contra de la pasión. Puede ser inteligente pero no sé si yo sabría hacerlo.

Un beso

Victoria dijo...

Algo asi como dejarse llevar por las olas. Cuando ya se ha hecho todo lo posible, todo lo que estaba en nuestra mano. Y lo que no estaba también. Hacer el muerto en el rurún de las olas, como cuando era una chiquilla.
Hola, soy Victoria. Es el primer comentario que te hago aunque te he leido muchas veces.
Saludos.

Pena Mexicana dijo...

Leí tu post y me fui sin comentar, lo pensé y repensé y cuando estaba lista para decirte algo volví y resultó que ya te lo habían dicho :)
es lo que tiene ser tan lenta como yo :)
En resumidas cuentas lo que te venía a decir es lo que le comenté a Sor Ella... la cosa no es luchar o dejar de luchar al cien por cien, la cosa es poder distinguir cuando vale la pena y cuando no. Hay ocasiones en que sería ir en contra de una misma dejar de intentar las cosas, peor para qué abundar? si ya te lo han dicho las demás en sus comentarios... besitos

Mayte Mederos dijo...

Pues sí, Isa, decía John Lennon que la vida es lo que ocurre mientras uno la planea, y va a ser verdad... Mucho mérito el tuyo.

Marcela, si las barricadas son con boquerones y fino malagueño, como que me vas apuntando... ¡o en la versión cervecera de Jirafa, que me ha encantado! ;-)

Gracias, Cris, por estar siempre cerca on y offline, ¡y por recordarme que hace tiempo que no me pongo mis tirantes favoritos!

Acabo de leer tu recopilación de sueños, Sorella, y me encanta la clasificación tan lógica que haces. Es bueno limpiar la nevera de sueños caducados, que sólo ocupan espacio. Y me sumo a tu consumo preferente de deseos de esos que piden a gritos una cinta de celofán brillante.

Victoria, cicatriz de pirata (cicatriz de poeta...) ¡gracias por acercarte a estos avatares!

Y Pena, qué bueno que volvieras atrás para recordarme lo más importante: que hay luchas que no merecen la pena. Y para las que sí, la vida hablará.

Paloma dijo...

El futuro es tuyo, peque

Mayte Mederos dijo...

Pues te voy preparando sitio en primera fila, Paloma... ;-)

Tania dijo...

Completely agree! Pero sin pesadumbre, con una sonrisa que me calienta el pecho. No me van las luchas, ni las causas perdidas. Porque no creo que ninguna causa esté perdida y porque no me gusta pelear, sino caminar con paso firme y seguro.
Me gusta.
Y creo que te dará paz y felicidad esto.
:)

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