domingo, 7 de octubre de 2012

Un poquito más de visibilidad

Y con los poquitos que aportamos entre unas y otros, se va conformando una realidad distinta, en la que la sociedad va poniendo rostro a la diferencia. Y así día a día, hasta que ya no sea necesario.

(UXXS Magazine, octubre de 2012 - Si no lo lees bien, pincha aquí)



jueves, 30 de agosto de 2012

Luna azul de agosto

Esta noche hay luna llena. La segunda en el mismo mes, por eso la llaman luna azul.

Como no entiendo de astronomía, me encanta pensar que sale solo para mí, como un pequeño milagro que me hipnotizará hoy durante horas.

Esa evasión me la pide el cuerpo a gritos. Esta semana me he incorporado al trabajo con una nueva reducción de salario, ya no sé cuántas van. Y lo que nos rodea es, cada día más, de película del oeste: nos hemos despertado en un país sin ley, donde de repente todo vale. Es como vivir atada a un suero que, lentamente, te va transfundiendo impotencia y desencanto en vena.

Por eso me encanta escapar del pozo negro en el que está tranformándose socialmente parte de este planeta, y colgarme del reflejo de la luna llena para cambiar de dimensión.

Y a lo mejor es cierto que el resto de terrícolas también podrán verla, pero yo siento que esta segunda luna, esta preciosa luna azul, se asoma hoy para celebrar conmigo que hay un plano de felicidad personal que ningún gobierno ni lobby me podrá quitar.

Y es que éste ha sido el verano más intenso de mi vida: perfumado de pinos, rociado de maresía, preñado de amaneceres e inundado de besos. De modo que no, no me asombra que la luna salga de nuevo a alumbrar la oscuridad. Porque nos queda algo que los todopoderosos no manejarán nunca: la magia de la naturaleza y el amor.

lunes, 6 de agosto de 2012

Luna de miel


"Nunca sabré por qué siento tu pulso en mis venas,
nunca sabré en qué viento llegó este querer...

Mi vida llama a tu vida y busca tus ojos,
besa tu suelo,
reza en tu cielo,
late en tu sien".


-

lunes, 16 de julio de 2012

Retazos de verano

Acabó junio con un golpe seco, que encerró en el armario mochilas y libretas escolares. El mundo se volvió naranja, el color de las camisetas del campus deportivo. Y gris y húmedo a mis ojos, al preparar por última vez el uniforme de la guardería a un principito rubio que ha crecido demasiado.

Llegaron las tardes de lectura: ahora hay más tiempo para holgazanear entre cojines con un pasaporte a la aventura en las manos.Y con ellas las cenas tempranas, nuevas recetas y un arcoiris en la ensalada. Y ese olor a niñez y a besos que flota en la casa cuando queda en silencio.

Mi guitarra huele a madera. Y en la cocina perfuman los paraguayos. Tacto fresco de sábanas azules. El calor en la calle derrite, y salgo de casa con ganas de volver a las persianas entornadas y al té de menta.

Y llega luego mi cumpleaños. Tarta casera de limón, risas y canciones de colorines. Tres generaciones familiares unidas por el apasionante lenguaje de la música.

Pero también hay tiempo para perderse. Para siestas perezosas y un baño en la playa al atardecer. Me salpicas de espuma, sirena traviesa, y me zambullo entre reflejos azules, llenos mis sentidos de maresía. Luego, en la arena, el cielo se enciende y se deshilachan las nubes y mis ganas sobre tu acantilado.

Recorro tu hombro despacio con la yema de los dedos. Todo el calor del sol recogido en tu piel oscura. Mis manos te reconocen y te leen. Saben que si me acerco más a ti, tus besos sabrán a lluvia.

Es lo que me fascina del verano. Cambio el verbo pensar por el de sentir, y a mi alrededor cada pequeño instante se vuelve mágico. 

sábado, 28 de abril de 2012

El vídeo de la polémica

El 26 de abril es el día de la visibilidad lésbica. Después de haber participado difundiéndolo en Facebook, algunas personas me preguntaban por qué tengo que hacer ruido con mi orientación si mi vida privada no es asunto de nadie. Pero tod@s sabemos lo que pasa cuando no quieres conocer sino tu propia realidad: el miedo a la diferencia es el germen de la homofobia, el racismo y las injusticias sociales.

Me oyen contar que en cinco países de este planeta mi vida estaría condenada a muerte, que en 76 sufriría cárcel o castigos corporales, y que eso me obliga moralmente a dar un paso adelante por todas aquellas lesbianas que no pueden hacerlo. Pero lo siguen viendo muy lejos.

Y este jueves, cuando empezó a circular por las redes sociales el vídeo que preparamos los colectivos LBGTI españoles, y salieron mis peques en primera plana visibilizando a su familia ("Somos Amalia, Alberto y Guillermo, y tenemos dos mamás"), me preparé para escuchar comentarios de todos los colores.

Lo sorprendente es que los negativos venían de personas cercanas que nos quieren y nos aceptan. Pero que me han tachado de utilizar a tres criaturas y exponerlas públicamente a un tema sobre el que aún no tienen capacidad de decidir.

¡¡Moooooock!! Gran equivocación. Mis peques no van a decidir si visibilizan su familia de dos madres cuando tengan 18 años. ¡¡Ya viven en ella!! Y corren el riesgo de perder sus derechos -quizá no en su caso, pero sí las nuevas familias- si prospera el recurso contra el matrimonio homosexual.

La gran hipocresía de esta sociedad es que quienes critican mi decisión vieron con buenos ojos que hace dos meses participaran en un desfile de moda infantil.  Pero ¿ahí no estaban expuestos? Entonces el tema no es sacarlos a la luz pública, sino la razón por la que salen.

El gobierno del PP, cada vez que ha estado en el poder, ha querido ocultar nuestras familias. Deben pensar que si no nos nombran, no existimos. Es ridículo: en España hay miles de familias homoparentales, así que escondernos legalmente no nos hace desaparecer: sin embargo, sí deja sin derechos a un montón de criaturas y a sus progenitores.

Cuando yo tuve a Amalia nació sin el derecho a tener legalmente otra madre. Si me hubiera separado entonces de Elena y le hubiera negado las visitas, el perjuicio para ellas dos hubiera sido terrible. Así que hice lo único que estaba en mi mano: firmar un documento ante notario que regulaba todo lo que la ley nos negaba, y rezar a las diosas para que si me mataba en un accidente mis padres permitieran a la madre que la había acunado en el hospital, que la llevaba de la mano en los pequeños pasitos de su vida y que velaba sus sueños cada noche, seguir viendo a su niña.

En 2005 nuestra vida cambió con la nueva ley, y desde entonces mis tres peques viven visibles y orgullosos. Ni más ni menos que cualquier niño o niña en una familia normativa, pero quizá un poco más, porque saben lo que nos ha costado.

Si los vientos que soplan ahora en España nos quieren llevar de nuevo a la oscuridad, tenemos que luchar con uñas y dientes para que sea la sociedad la que no lo permita. Y por eso tenemos que ser visibles.

Amalia, Alberto, Guillermo. No es extraño que hayan salido casi en la portada del vídeo. L@s dos mayores, tras haberlo hablado distendidamente el día anterior en un lenguaje adaptado a sus nueve y seis años, decidieron que querían participar. Así que sabían lo que hacían, y por qué lo hacían.

Son unos valientes, y su ejemplo ayuda a despertar conciencias. Bravo por mis tres peques.



domingo, 15 de abril de 2012

Familias diversas: son justas y necesarias

Fin de semana intenso.

El viernes se casó una amiga del alma en Las Palmas, en la que ha sido mi primera boda lésbica, si no cuento la mía.

Y ayer sábado tuvimos el I Encuentro de Familias Diversas de Tenerife. Lo organizamos desde la nueva área de Familias del colectivo LGBTI Algarabía.

La boda fue muy divertida. A mí me encantan las bodas, pero mucho más cuando son pequeñas, manejables, soleadas, llenas de música y de flores, de risas, de palabras cálidas y de miradas intensas.

La concurrencia era mayoritariamente heterosexual. A muchas de esas personas las conozco desde hace años, y he vivido cómo han ido integrando poco a poco la diferencia en sus vidas, transmitiendo la normalización a sus hijos e hijas y a todo su entorno. El efecto mancha de aceite. Me encantó ver que la boda del viernes fue muy especial por quienes se casaban, no por el género de las contrayentes.

Y ayer, en uno de los rincones más mágicos de Tenerife, nos reunimos varias familias de todo tipo y condición, para compartir una excursión en la que nuestras criaturas pudieron caminar por el bosque, jugar y compartir almuerzo y canciones. Para mis peques era la primera interacción en grupo con familias de dos mamás, como la suya.

Aún así, aunque para mí fuera un día emocionante y especial, para ellxs fue un sábado tan feliz como cualquier otro. Porque para niñas y niños educados en igualdad la diferencia no es destacable: la integran sin más.

Y eso debería enseñar mucho a quienes nos gobiernan y nos legislan.

Nos esperan tiempos difíciles a las familias LGBTI. El gobierno, aliado con la iglesia y con la derecha más rancia, quiere escondernos en un cajón. Ignorar la realidad de nuestras hijas e hijos. Ocultar nuestra existencia, y devolver al matrimonio en España su concepto de amor como dios manda.

Mentiría si dijera que no me asusta. Pero luego miro alrededor, y concluyo que la gente de a pie en este país es en general tolerante y abierta, y frente a los varapalos que nos llegan de todos lados (y lo que te rondaré, morena) la realidad de las familias diversas ha de ir calando en la sociedad como lluvia fina.

Por lo pronto, ayer cantamos como para provocar un buen aguacero. Pero ¿es que hay forma mejor de pintar el arcoiris en el cielo...?

miércoles, 4 de abril de 2012

Entré lesbiana y salí transgénero

Hoy estuve haciendo carteles en Algarabía, el colectivo LGBTI de Tenerife. Preparamos el 17 de mayo, el día mundial contra la homofobia, bifobia y transfobia. Es una reivindicación más que necesaria, porque en virtud de este odio a la diferencia se nos mata, tortura, encarcela y discrimina en muchas partes del mundo.

Cuando elegíamos los textos para los carteles me entró una duda: nuestras siglas LGTBI corresponden a lesbianas, gays, bisexuales e intersexuales (antes llamados hermafroditas). Pero ¿la T es de transexuales o de transgénero? ¿Y cuál es la diferencia?

Esa aclaración generó un debate interesante. Y aprendí que transexuales son las personas que nacen con el cuerpo equivocado, y tienen plena consciencia de ello, pasen por una reasignación de sexo o no. Mientras que transgénero significa que no te identificas con la categoría de hombre o la de mujer, o con ninguna de las dos, sino que te encuadras en un lugar intermedio.

Me sentí muy identificada con esta situación, porque desde pequeña me atrajeron cosas diferentes al resto de las niñas. Que te gusten las chicas siendo mujer es algo tipificado y que la gente acepta o no, pero lo entiende como concepto. Lo que cuesta más es que no te sientas identificada con los gustos y las cualidades que la sociedad asigna a tu género: la ropa, los juegos, el comportamiento, los gestos...

Muchas de nosotras tuvimos una época en la que quisimos ser chicos. Y eso crea una mezcla de conflicto inconfesable y culpa que te confunde mucho internamente. Pero años más tarde he ido entendiendo que el origen de este deseo no era (en nuestro caso) no estar a gusto con nuestro sexo biológico, sino no encajar con el constructo normativo que la sociedad nos reserva a las mujeres.

Durante este año y medio en que he estado en casa luchando contra el cáncer, sin ninguna convención social que observar, mi armario se ha enriquecido con corbatas, tirantes, zapatos de cordones y chaquetas de corte masculino. Y ahora que he vuelto a la oficina,con el pelo más corto que nunca y una mezcla de códigos difícil de catalogar, me imagino que habrá quien se haga un lío.

Yo ese lío no lo vivo, pero además desde hoy tengo un nombre que ponerle: soy transgénero. Y eso significa que no me encorseto, sino que transito entre la masculinidad de mi ropa y mis gestos y la feminidad de mi voz y del trato dulce con mis peques, y que integro todas las facetas y hasta elijo el punto en el que me quiero sentir cuando me levanto por las mañanas. En fin, lo que muchxs haríamos si esa elección pudiera ser libre y natural y no trajera rechazo social a la diferencia.

Así que me he vuelto a casa muy contenta. Tantos años no sabiendo qué hacer con mi pluma y resulta que no sólo he aprendido a jugar con ella sino que hoy la he mojado en tinta para escribir su nombre en mi piel. ¡Bienvenida al transgenerismo!

sábado, 24 de marzo de 2012

Me muevo para que algo se mueva

Cuando era pequeña y estudiábamos en clase la Revolución Industrial nos asombraban las duras condiciones de vida de la clase trabajadora, infancia incluida. También sonaba antediluviana la situación de las mujeres en España hasta que llegó la transición: aquello de que no pudieran abrir una cuenta, montar un negocio ni viajar al extranjero sin que marido o padre lo autorizaran era difícil de creer. De esto último hace menos de cuarenta años, pero a las nuevas generaciones nos sonaba disparatado, y a nadie se le ocurría pensar que pudiera ser reversible.

Para quienes hemos crecido en una sociedad que paulatinamente ha ido garantizando la mayoría de los derechos humanos (los últimos, los que nos atañen a la comunidad LGTBI), el movimiento lógico solo puede ser hacia delante. Y aún queda mucho trabajo por hacer, porque aunque las instituciones hayan ido en la dirección correcta, la sociedad patriarcal en la que vivimos es un pozo de desigualdades.

Por eso, que tras décadas de avance de varias generaciones españolas comprometidas con las libertades y el estado del bienestar, el gobierno esté dando un paso atrás tan espeluznante con la reforma laboral que ha impuesto, me resulta intragable. Y que no clamemos como un río crecido, inconcebible.

No me interesa especialmente la política. Nunca he estado afiliada a ningún partido. Ni he secundado ninguna huelga general en 26 años de trabajo: siempre pensaba que tenía que haber otra vía para reconducir las cosas.

Pero ahora no. En esta ocasión tengo claro que no la hay.

La única manera que tenemos de protestar por este desproporcionado atropello del gobierno es salir a la calle el jueves para decir bien alto y bien claro lo que pensamos.

¿Es éste el país que queremos? ¿Es el que nos merecemos? Yo creo que nuestra tierra está llena de gente de bien, de personas trabajadoras, que buscamos una vida razonable para nuestras familias y dejar el mundo un poco mejor de como lo encontramos.

Los gobiernos europeos se han puesto al servicio de un neoliberalismo voraz. Han jugado al monopoly con los bancos y las multinacionales, poniendo sobre el tablero nuestro futuro, y ahora nos toca a los de a pie pagar los platos rotos.

En España hemos pasado de un mal gobierno socialista a un gobierno popular que quiere levantar el país a base de aplastar a su fuerza productiva. Craso error, que puede llevarnos a la parálisis económica. Y si encima se adorna con un recorte de libertades sin precedentes, que amenaza a los eslabones más débiles de la cadena, van a hacer falta décadas para salir de este agujero negro.

Yo no quiero entrar en él. Yo quiero un modelo como el de Finlandia, que lucha contra la corrupción, mejora la protección social y logra así el crecimiento. Y es el momento de decírselo al gobierno con contundencia, usando la fórmula que establece para eso la democracia.

Así que lo tengo claro. El jueves voy a la huelga.

Y además pretendo que sea un día de consumo cero: ni compras, ni gasolinera, ni banco, ni transporte público, y el menor uso posible de luz y teléfono. El día 29 no va a salir un euro de mi cartera. Si no duele que me manifieste, seguro que duele que no ingrese en arca alguna.

Voy a moverme para que algo se mueva, porque las cosas no se arreglan solas. El resto del año trabajaré con fuerza y con ganas, y seguiré contribuyendo a la sociedad cuanto pueda. Pero el jueves mi obligación moral es parar, para pedir al gobierno que cumpla con su parte: que vele por nuestros derechos, que no recorte las libertades, que no nos devuelva a la oscuridad del medievo de una patada.

Porque esa tenebrosa ciénaga no es la que quiero para mí ni para la sociedad en la que vivo. De manera que no voy a dejar de luchar ni un momento para volver a la luz.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Mañana puedes necesitarlo tú

Tengo revoltura en las tripas desde que ayer leí en Facebook que muchas criaturas están llegando al colegio con un triste desayuno en el estómago: agua caliente con una cucharada de colacao. En sus casas no hay para más.

La ola de necesidad se torna maremoto en nuestro país. ¿Somos conscientes de la cantidad de personas que se están quedando sin nada que echarse a la boca?

Estos últimos meses, al llevar al comedor social que tengo al lado unos kilos de provisiones cuando hacía la compra, me quedaba siempre el regusto amargo de no estar haciendo algo que de verdad ayudara a cambiar las cosas.

Y hablando con amigos que viven literalmente volcados en proyectos sociales, me confiesan que sienten la misma impotencia, a pesar de todo lo que hacen.

Y es que no es fácil organizarse a lo grande para luchar contra una emergencia social cuando no eres el gobierno ni la Cruz Roja.

"¿Qué puedo hacer yo...? ¿Qué puedo hacer...? El problema es tan grande, y mis manos tan pequeñas..."

Lanzas un mensaje al universo, y él, con fina ironía, te contesta. Justo donde más duele.

¡¡¡Zás!!!

La semana pasada me llamaron para ver si podía ayudar, como voluntaria de la AECC, a una mujer a la que acababan de diagnosticar cáncer. Hablé con las psicólogas de la Asociación, y luego con ella para ponerlas en contacto. Pero me encontré con un submundo insospechado.

Imagina que eres una mujer joven, con estudios, que has montado tu propia empresa. Imagina que la actividad empieza a ir mal con la crisis y tienes que cerrar. Imagina que te quedas sin paro, que no tienes familia a la que acudir y que tienes que acabar mudándote a casa de una amiga que te acoja para tener dónde dormir. Imagina que en esa situación te diagnostican un cáncer. Imagina que no tienes dinero ni siquiera para coger el tranvía e ir al hospital a tratarte, porque para comer ya recurres a la ayuda de uno u otro amigo, ya que no hay ni un solo subsidio que no hayas pedido y no te hayan negado.

Ella es un ángel. Pero también un ángel roto, a quien más duele la indiferencia que el hambre. Y escuchándola y ofreciéndole pequeñas cosas que le ayuden en su día a día -bonos de transporte, medicinas, algo de dinero- me parece que ella es mi alter ego. La Mayte que yo hubiera sido si hubiera estado sola en mi proceso, y la vida me hubiera dado la espalda.

Y siento que mi causa se ha materializado: tiene nombre y apellidos. Así sí sé hacerlo. No en una asamblea ni en reuniones de despacho, mientras ahí afuera hiela. Sino ofreciendo mi propio calor.

¿No será esta la respuesta? ¿Una cadena de favores, en la que cada una, cada uno de nosotros haga suya la causa de alguien que lo necesite, y le ayude a pasar con dignidad este tiempo tan duro de carestía?

Acoges bajo tu ala a una persona, a una familia, pero al tiempo que le aportas cosas materiales, de refilón le llega un subidón de autoestima y de ganas de vivir al sentirse acompañada, escuchada, valorada.

Yo lo tengo claro. Ella y yo vamos a pasar juntas por su enfermedad, y va a tener mi mano cada vez que la necesite. Y aunque en esta casa no sobra demasiado a final de mes, lo poco o lo mucho que haya será para compartir.

Y lo cuento aquí -con su visto bueno- porque, a pesar de que me enseñaron que es muy feo hablar de lo que una hace o deshace en estas cuestiones, si con mi testimonio puedo movilizar conciencias y unir voluntades, merece de sobra la pena.

Y ahora sueño con una red de personas que acogen a otras en sus vidas, en una tela de araña que crece en progresión geométrica. Porque esto no es una cuestión de caridad: es una cuestión de justicia.

¿Hacemos una cadena...?

viernes, 3 de febrero de 2012

Una de blues

Hace años leí un libro sobre el Kaizen, el milenario método japonés para optimizar procesos empresariales y personales. Se basa en que cada día ha de traer una mejora. Y lo que me llamó la atención es que para que esa mejora tenga éxito ha de ser modesta.

Parece ser que el cerebro se paraliza ante los grandes retos (y debe de ser cierto: sólo hay que ver cuántos propósitos nos hacemos con el año nuevo... y lo poco que nos duran).  Y sin embargo, los objetivos a pequeña escala podemos procesarlos mejor y asegurar su éxito.

Tras mi sacudida emocional de este último mes me he dedicado al método Kaizen con esmero. No puedo plantearme grandes objetivos, pero a cada día le insuflo un nuevo motivo para sonreír: unas veces es una guerra de cosquillas en la alfombra con mi principito rubio, y otras una seductora receta de cocina, una persona que llega a mi vida por sorpresa o un galope entre árboles centenarios.

Y esta noche no ha sido menos. La invitación de mi amigo Fran Ledesma para que cantara hoy con su grupo, en un concierto íntimo en una preciosa casona del siglo XVII en Puerto de la Cruz, ha hecho las delicias de cada una de mis fibras. Con un público entusiasta y entregado hemos desgranado las mejores baladas de Eric Clapton, Jimi Hendrix, Pink Floyd y Neil Young.



Hay rincones del alma humana que sólo la música alcanza. Y esta noche la belleza se materializó en acordes, en poemas musicados que cantaban a la pérdida y al olvido, al dolor existencial que nada en el fondo de cada declaración de amor.

Yo disfruté cada minuto de esa catarsis. Y cuando el recuerdo de sus ojos azules sobrevoló las notas y me empapó de melancolía entendí, como en una revelación, la verdadera esencia del blues.

Así se cumplió el ciclo, y la música y las maderas artesonadas de ese mismo lugar donde hace quince meses nació nuestra historia de amor, quedaron como testigos mudos de que todo está bien. Y allí dejé recuerdos, tristeza y pasado, para que se maceren fuera de mí mientras yo me rehago con savia nueva. Pero sé que vivirán en el alma del blues, y sólo tendré que volver a su dulzura para evocarlos y rendirles homenaje.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Apuntando maneras


Ya duermo tranquila: ¡el relevo generacional entre amazonas está asegurado!

domingo, 29 de enero de 2012

La dama de hierro

Vuelvo del cine, después de dos horas sumergida en la vida de Margaret Thatcher. Y de todo el repaso que hace la película sobre su biografía me quedo con una imagen inquietante: ya estando retirada, su cabeza no deja de revivir una y otra vez sus momentos más duros como primera ministra, mezclando pasado y presente sin poder ordenarlos. Son jugarretas que le hace la mente con la edad, pero no creo que por casualidad, sino precisamente por su forma de ser, comprometida hasta la médula.

Mujer hecha a sí misma, esta hija de tenderos siempre tuvo claro que su futuro y el del país pasaban por el trabajo duro, no importa cuántos sacrificios hubiera que hacer. Y aunque personalmente creo que fue una lacra para el Reino Unido con sus políticas neoliberales, la traigo hoy a mi blog por el espíritu de lucha que siempre la caracterizó.

Qué curioso haber visto esa película precisamente hoy. Había tenido un almuerzo en el que se habló hasta la saciedad de política, de la situación económica, de lo mal que está todo. Y a pesar de que son temas importantes, y me afectan, como a todos, esa visión catastrofista del mundo me quitó la energía de un plumazo. Salí de allí mortalmente cansada, sintiendo que no sé vibrar en esa frecuencia.

Conduje unos cuantos kilómetros respirando hondo, la autopista toda para mí. Y en ese momento, visualizando mi coche avanzar entre el mar y los montes de Güímar, y escuchando a toda potencia el lamento dulce del violín de 'La Lista de Shindler', pensé que mi vida es una película. No porque esté llena de amor y lujo, sino porque me siento una actriz en mitad de una trama totalmente orquestada.

Me preocupa la crisis, pero relativamente. Me preocupa lo corta que ando de presupuesto, pero relativamente. Me deprimen la política, lo mal que lo han hecho los socialistas, el miedo a los recortes sociales y a los totalitarismos de los populares. Pero todo relativamente.

Y es que mis preocupaciones van en otra frecuencia. Y a veces el mundo real se me figura el escenario en que me ha tocado rodar mi película. Porque, al contrario que Margaret Thatcher, yo no he venido aquí para cambiar el mundo: he venido para que el mundo me cambie a mí.

He trabajado muy duro durante veinte años en mi trabajo, en un puesto de bastante responsabilidad. Durante mi baja las reglas del juego han cambiado, y ahora me incorporo en una total indefinición de funciones. Lo acepto con humildad y quiero creer que la vida me trae un nuevo reto del que aprender y con el que crecer.

Doce años de mi vida los invertí en crear con amor y cariño una preciosa familia, que se rompió en dos. Mi buena relación con mis hijos y con mi exmujer no quitan el sufrimiento de las ilusiones quebradas. Aún trabajo interiomente contra el sentimiento de culpa de haber robado a los niños una infancia feliz. Pero intento aceptarme y aceptarlo.

El cáncer ha sido una buena oportunidad para mirar a la vida de frente, aunque me ha hecho darme cuenta de lo vulnerables que somos.

Y después de más de un año de encuentros y desencuentros con la mujer a la que quiero, en el que no quedó nada que no hiciéramos por salvar nuestra relación, empiezo a creer que su misión en mi vida ha sido enseñarme que no hay que luchar por nadie. Como reza el viejo dicho, si algo es para ti vendrá y se posará en tu hombro. Esa idea de la lucha que nos han inculcado desde la cuna ahora se me revela equivocada. Hay que trabajar, sí, pero como parte del camino. Sin esperar. Sin crearnos expectativas que se transformarán en pérdidas.

Y el escenario en el que me toca vivir no lo puedo cambiar. No puedo hacer nada importante para erradicar la pobreza, ni la injusticia, ni para recuperar el amor perdido. Sólo puedo cambiar la forma en que lo acepto.

Duelo antagónico el de esta noche. La dama de hierro eligió enseñar los dientes y pelear por aquello en lo que creía. Yo lo suelto todo, abandono. En estos últimos tiempos la marea se ha ido llevando todas mis seguridades.

Y ahora que está todo arrasado y no queda a qué agarrarse, extiendo las manos y espero que las olas vayan poniendo en ellas, poquito a poco, todo aquello con lo que la vida me quiera sorprender en los próximos años. Y será mío el tiempo que quiera serlo, porque ya no perderé el tiempo en sujetarlo fuerte para que no se vaya.

Ahora lo voy a disfrutar.

jueves, 26 de enero de 2012

Adiós, Hospital

Hoy fue mi último jueves.

Sonrisa, saludos, preparar el carro: litros de agua hirviendo en el termo, contar los vasos, llenar los botes de leche y azúcar, las cestas con galletas y magdalenas. Tres, dos, uno y empezamos. Hematología, hospital de día, sala de espera. Enjambres de pacientes recibiendo citostáticos. Saludar, sonreir, animar, no olvides la comanda. Chocolate caliente con nubes de cariño. Abrir la puerta respirando hondo en el Hospital de día de Pediatría: juegos y sonrisas sin pelo, hilera de camitas de pequeños valientes.

Radioterapia, sala de espera. Habitaciones y más habitaciones. Salas a rebosar. Las manos ya han aprendido a preparar cafés e infusiones al segundo con precisión suiza. Ahorra tiempo, déjalas libres para tocar, que la bebida caliente es sólo la excusa para acercarte a quien hoy se siente solo. Pasillos, ascensores, pasan las horas tan rápido y aún nos queda mucho que visitar. Oncología. Hablar del tiempo, mientras sirves a dos manos, convencer a los desganados para que al menos acepten un caramelo. Robas una sonrisa y se te ensancha el mundo.

Mi último jueves. Hasta siempre, compañeras. Yo vuelvo a mi vida anterior, pero no olvidaré nunca que todos los días del año ustedes siguen madrugando para llevar bebedizos de amor a quienes pasan frío en el alma.



lunes, 23 de enero de 2012

La fiesta de la primavera

Hoy celebran en China el nuevo año. Lo hacen coincidir con la luna nueva más cercana a la mitad del período invernal, y a pesar de que los cerezos no están aún en flor, no dejan de rendir homenaje a la primavera. Ellos sabrán porqué, aunque a mí no me resulta extraño. Y es que no siempre los nuevos brotes son visibles. Pero están.

Este blog también se transforma. Nació como testimonio vivo de una enfermedad que no se nombra, porque decir cáncer en nuestra sociedad es decir sufrimiento; es decir muerte.

Y con el propósito de desmentir esa visión deforme y estigmatizadora, más de 50 posts a lo largo de un año y medio han ido desgranando el día a día de mi lucha personal. Y aunque ha sido un testimonio modesto, las tecnologías han hecho posible que muchas mujeres, al teclear en buscadores "cáncer de mama", llegaran hasta este blog. Especialmente después de que El Mundo lo incluyera en su suplemento de Salud al poquito de comenzar mi andadura, con motivo del 19 de octubre (día mundial de la enfermedad).

Mujeres españolas y mujeres latinas que, desde el otro lado del charco, me han escrito a lo largo de estos meses agradecidas por haber podido saber, en primera persona, qué esperar de este proceso. Y es que cuando lo inicias hay un  momento de angustia en el que necesitas que alguien te cuente la verdad, sin adornos y sin dramas.

Me siento feliz por haber podido poner un granito de arena en este desierto, árido e inmenso, que cada vez más mujeres hemos de atravesar. Y en ese sentido, mi carcaj de amazona estará siempre dispuesto, en solidaridad con las que luchan. Y aunque mi voluntariado de hospital finaliza el mes próximo, en que me incorporo ya al trabajo, siento que la cruz de voluntaria no se quedará en la bata blanca que colgaré en breve, porque la llevo tatuada bajo la piel.

Y en los últimos meses he sentido que esta nueva faceta activista (yo que nunca había ido a contracorriente de nada) quería extenderse a otras partes de mi vida. Y al despertar feminista que estoy viviendo se ha unido una necesidad grande de visibilizarme como lesbiana. Mis primeros pinitos fueron en octubre pasado en la revista lésbica Mírales, con un artículo en el que hablaba de la incidencia del cáncer de mama en nuestro colectivo. Y ahora surgen otras colaboraciones, y no es por casualidad. Es que ya no quiero vivir sin reflexionar, sin rebelarme, sin manifestar.

Así que se abren ventanas a partir de un único tema que me ha tenido muy centrada: el de superar esta batalla. Y ahora se ramifica en otras partes de mí. Porque la de las mujeres no es una sola lucha, y mientras haya realidades que visibilizar habrá hilo en este carrete.

sábado, 21 de enero de 2012

El edredón de sueños

Estas navidades pasadas llevé a mis dos peques mayores a un taller infantil en el TEA. Pensé que dibujarían o recortarían figuras navideñas: con un toque de arte, claro, que los monitores del museo son siempre muy didácticos.

Cuando fui a recogerlos, cada niño, cada niña había hecho una tarjeta con una frase de su cosecha y la había metido en la parte delantera de un cojín blanco, bajo un par de capas de tul. Y sobre eso, un dibujo grande de un sol, una flor, un corazón...

El resultado estaba cargado de simbolismo. Porque en cada tarjeta lo que rezaba era un deseo. Y al unir los cojines unos a otros, se tejió una preciosa obra de arte hecha del material más delicado que existe: los sueños.

Luego mi hija mayor me llevó de la mano a ver la sala en la que se exponía el trabajo de alguien que se había dedicado a cumplir deseos imposibles de otras personas. A modo de ejemplo, el de un anciano que quería volver a vivir un atardecer junto al mar de su infancia. Un palestino al que año tras año habían denegado el visado para regresar, y que pudo cumplir su deseo gracias al precioso vídeo que este hada madrina le grabó (vimos la película y las cartas que intercambiaron). 

Estaba agachada, para quedar a la altura de los ocho años de mi niña mientras me hablaba. Y cuando me contó en detalle las peripecias de cada uno de los deseos y cómo aquel ser anónimo los fue cumpliendo, se me llenó el pecho con un gran suspiro. Los niños me miraban con cara de extrañeza, aunque empiezan a acostumbrarse a que las personas mayores tenemos un punto raro.

Pero cómo explicarles que me tocó la fibra esa filigrana de deseos, provenientes de personas que habían perdido su pasado y lo recibían en esencia, bordado con puntadas pacientes y en papel de celofán.

He pensado mucho esta tarde en mis propios sueños.

Yo soy estructuralmente feliz. Y necesito pocas cosas en mi vida, aunque una de ellas es el amor. Llena mis días y mis noches, y aunque a veces el destino se empeña en ponerme alguna piedra en el camino, no consigue desviarme de mi ser natural. Porque lleno de cariño y de ilusión cada momento compartido con las mujeres que pueblan mi universo, la cena que cocino con deleite y pasión para una visita inesperada, la música que me motiva al caer la tarde. Y porque éste es el preludio de la vida que se abre paso de nuevo, latido a latido, en las arterias de mi alma.

Así que me pongo a la bonita tarea de tejer para mí un edredón de sueños como el que han hecho mis hijos. Y siento que con este abrigo ya no volveré a pasar frío.

¿Y tú? ¿Con qué deseos tejes tus sueños?