viernes, 21 de octubre de 2011

A pie de calle

Ésta ha sido una semana intensa.

El martes la Asociación Española contra el Cáncer puso mesas informativas en los Hospitales, con motivo del Día contra el Cáncer de Mama. En La Candelaria la atendimos cinco voluntarias que estamos relacionadas con él directamente, por haberlo padecido nosotras mismas o alguien cercano.

Me di cuenta en seguida de mis pocas dotes naturales para abordar a la gente anónimamente. La entrada del hospital era un hormiguero: siempre es un lugar al que se entra con prisa. Pero además es que piensan que les vas a pedir dinero y se escabullen. O bien vienen con la mente puesta en su problema de salud, y lógicamente les molesta la interrupción. Por eso me esforcé por vencer la tensión y la incomodidad que sentía, que me hacía sudar debajo de la bata blanca de voluntaria. Y decidí motivarme a mí misma, concentrándome en pensar que quizá a alguna de las mujeres que entraban por la puerta le íbamos a poder cambiar los tiempos con un minuto de charla.

A partir de ese momento me entregué en cuerpo y alma a tratar de informar con eficacia y con cariño, venciendo mi inseguridad a base de un truco quizá tonto, pero que a mí me sirvió. Traté de ver en cada mujer que entraba la cara de mi madre, e intenté ponerme del otro lado, en el sitio de alguien que puede necesitar que le cuenten cómo protegerse, cómo cuidarse.

La mañana fue agotadora, pero me sentí satisfecha después de haber contribuido a repartir cientos de lazos rosas, folletos informativos y pequeños consejos preventivos.

Pero para lo que no estaba preparada era para lo que me encontré hasta en tres ocasiones: mujeres que se paraban en seco cuando les decías de qué iba la campaña, y con una mirada de angustia me decían que YA no necesitaban la información: que ellas entraban para operarse.

¿Qué le dices a una persona a la que quieres concienciar para prevenir, y te mira con cara de entrar en el matadero, con la desesperación de quien no sabe si la vida se le va a parar al día siguiente...?

Nobleza obliga, y con una sonrisa tienes que contarle que tú estás saliendo de eso, que te han quitado dos pechos y aquí estás, mejorando cada día. Y que ella va a salir igual de bien. Y le coges la mano, y le das tu mejor energía para que la acompañe en ese momento de la verdad.

Pero las tres veces en que me encontré de sopetón con esa realidad, tras despedirme las lágrimas me caían hasta la barbilla, y tuve que apartarme un rato de la mesa, para no entorpecer el trabajo de las demás.

Los pacientes con los que trato en Oncología están tristes, pero resignados. Y reciben con agrado una sonrisa que los saque de la monotonía de su tratamiento. Pero el martes me costó enfrentarme a la desesperación de quien no sabe lo que le espera, y te habla nerviosa, a punto de llorar, buscando un clavo al que aferrarse aunque esté ardiendo. Sólo espero que nuestras sonrisas de esa mañana, y nuestro testimonio fueran una prueba viviente de que todo pasa, todo se supera. Y de que nunca faltarán manos que te ayuden a salir del bache.

Al día siguiente, el miércoles, celebramos un encuentro con todas las voluntarias de la AECC que trabajamos en los dos hospitales públicos de la Isla. Y, a pesar de que no estoy pasando un buen momento para socializar, no quise dejar de compartir un ratito con ellas. La sencillez y la calidad humana de estas mujeres -que ya he empezado a atisbar en mi servicio de los jueves- es tal, que cualquier problema se hace pequeño a su lado.

La cercanía al que sufre marca una impronta especial. Y siento que mi corazón está mutándose en esponja, cada día más abierto a absorber la sabiduría y el temple que derrochan las voluntarias de mi alrededor.

Ésta es la verdadera sociedad, la que nos contaban en los libros de Sociales a los niños y niñas de los setenta. Yo veía en sus páginas dibujos de ciudades perfectas, con el policía, el barrendero, la maestra, el estudiante... Todo en su sitio, y todos sacando adelante la comunidad, y manteniendo el orden y la buena convivencia.

(El papel lo aguanta todo, pensé luego durante años...).

Y sin embargo, esta parte de la sociedad existe, ahora la veo. Existe su faceta solidaria, la cuidadora. Y ahí están miles de personas que sacan tiempo de sus obligaciones y de su familia para reír y llorar con el que está en una situación difícil.

Más vale que eduquemos en valores a nuestras generaciones alevines. Porque todos pasaremos por montañas y valles, y en la bajadita -que inexorablemente llega- siempre nos hará falta una caricia y un hombro en el que apoyarnos. Y ahí ya no cuentan posesiones ni logros ni clases sociales. Lo que importa es la humanidad que llevemos dentro, y la generosidad del grupo. Eso es lo que nos hace personas.

Yo estoy aprendiendo, más que nunca, el significado de la palabra solidaridad. Y no por mí, precisamente, que sólo me siento testigo. Sino a través del ejemplo callado de las personas que llevan años haciendo voluntariado de cualquier tipo sin que lo sepa el de al lado.

Mi celebración particular del día más rosa del año ha sido por ellas.

6 comentarios:

Golondrina dijo...

No puedo imaginarme, Mayte, nada más importante para tu salud, física y mental, que el trabajo de llevar un poco de fuerza y animo a los demás...Has escogido un difícil pero reconfortante camino,que te hace sudar y llorar, pero que tambien te hace crecer como persona como ningún otro...Haces que nos sintamos orgu llosos de ti...

Anónimo dijo...

Gracias por la labor que realizas. Por despojarte de las corazas con las que solemos armarnos en estas situaciones y escoger ayudar a los demás exponiéndote. Sólo tú debes saber lo que duele eso.

Te admiro

ISA dijo...

La labor que realizas no tiene nombre, no hay palabras para definirla. Y que esta gente enferma, siga el tratamiento indicado por un médico es buenísimo también-
Yo no he tenido nunca cáncer (toco madera) pero me está tocando lidiar con una de mis hijas, de 37 años, a quien en julio de este año le diagnosticaron Linfoma de Hodkins en estadio II y no hay forma de hacer carrera de ella. Se ha aislado de tal forma (vive en Málaga) que la familia no sabemos si se está dando quimio o no o si se salta alguna sesión. Ella sólo cree en la "medicina natural" y lo que le ha pasado a Stephen Jobs le importa un carallo.
Si quieres lee, clicando en mi nombre, un post que escribí hace poco para librarme un poco de la pena y el desasiego que tenemos.

Felicidad Batista dijo...

Mayte, nuestro paso por la vida está lleno de vaivenes, fugas y regresos, caídas y éxitos, prisas o letargos en días candentes, pero a veces el destino, o como se llame, nos pone un paso a nivel y nos detiene bruscamete y nos lanza a la vía y entonces comenzamos a ver a percibir el mundo desde otra perspectiva y ese cambio, duro y traumático, nos enseña a contemplar lo que nos rodea con una nueva óptica: más humana, más solidaria y esa senda recién innaugurada por la que transitamos tiene mucho de verdad, de grandeza y de crecimiento personal y la vida adquiere su verdadero sentido. Enhorabuena por todo Mayte.
Abrazos

ISA dijo...

Muchas gracias Maite por tu comentario en mi web. Parece una tontería pero necesito una palabra de aliento de vez en cuando. Soy una persona fuerte con mucha mochila a mis espaldas y mi punto débil son mis hijos y eso que ya todos peinan canas, como suele decirs.

Marcela dijo...

Coño, que se me han saltado las lágrimas al leer este post, cuánta fuerza y cuánta sabiduría en unas líneas. Si yo alguna vez tengo cáncer, querré encontrarme con alguien como tú que me regale unas palabras de aliento.

Publicar un comentario