jueves, 8 de septiembre de 2011

Voluntaria

Hace un año, tras aquel amargo episodio de hacer frente a una cicatriz salvaje para la que no estaba preparada, escribí en este blog que intentaría ayudar a las mujeres que estuvieran en mi misma situación. Pero me he tenido que tragar varias veces esas palabras.

La tarjeta de la Asociación Española Contra el Cáncer ha estado meses dando vueltas sobre la mesa, sin que hubiera ninguna tentativa de llamada por mi parte. Y para mí, que no suelo dejar cosas para mañana, ha sido una confirmación de la apatía que invade selectivamente las esquinas de mi alma.

Sé que tengo el aspecto normal de quien va a recoger a sus hijos al colegio. Cara de buena salud. Y una sonrisa siempre a mano. Pero aún no subo una calle en cuesta. Hacer una llamada puede ser un mundo. Y las preguntas difíciles me hacen sudar y revolverme, con ganas de salir huyendo.

Los médicos lo achacan a la anemia pertinaz que me acompaña desde la última operación, y a que el cuerpo ha estado tan ocupado cicatrizando y estabilizándose que ahora es cuando empieza la verdadera recuperación. La física, pero también la emocional.

Esta esperanza de mejoría debe de estar empezando a calar en mí, porque la semana pasada, por fin, me decidí a dar el paso. Fue de manera indirecta, yendo a pedir información a la AECC de las actividades que ofrecen a las pacientes para ponerse en forma. Pero acabé preguntando por el voluntariado, y cuando supe que hay uno específico para apoyar en los hospitales (programa de Primer Impacto), algo hizo "clic" dentro de mí.

No fue casualidad que tres días más tarde estuviera previsto un curso de formación de voluntarios. La vida siempre te da lo que necesitas: sólo hace falta que la escuches. Así que me apunté y hoy he aprendido, con emoción y entusiasmo, los principios básicos de la lucha contra el cáncer, las actividades de la asociación y el código deontológico de las y los voluntarios.

Salí de allí sintiéndome plena. No sólo con la sensación de que esto sí puedo hacerlo, sino sabiendo que es la manera de devolver al mundo un poquito del amor que yo he recibido en todo mi proceso.

El destino que quisiera no es administrativo, ni de acompañamiento en domicilio, sino el contacto con pacientes en el hospital, antes y después de la cirugía. Sé que habrá mucho que aprender, y también mucho dolor que compartir. Pero siento que la vida me ha dado una experiencia única sobreviviendo al cáncer, y no puedo dejar de corresponderle trasladando a otras mujeres un mensaje de esperanza y de solidaridad.

¡Allá vamos!

P.D.: Esta semana un tribunal médico de la Inspección del INSS decidió que aún no estoy apta para trabajar, y prorroga mi baja. No lo esperaba, pero de nuevo la vida me habla para decirme que dé tiempo al tiempo, que no me coma la vida a bocados. Y que el mito de "Superwoman" ha dejado preciosos epitafios por el camino...

6 comentarios:

María José Sánchez Hernández de Morales dijo...

Una amiga me dijo hace tiempo que no existen las superwomen, sino las superpringadas. El cuerpo es sabio, y hay que respetar sus tiempos.

Me parece buena idea lo del voluntariado, serías la mejor medicina; ya nos contarás.

Y dudo mucho que sólo sepas de barniz para puertas, tienes un sentido de la estética magnífico; y lo sabes pequeña!!

Te adoro amiga, besos de color violeta chic francés!!

Kika Fumero dijo...

¡¡Ay, esa tal Paz Ciencia!! Sé que a veces no te llevas muy bien con ella, pero deberías invitarla a tomar té más a menudo :-P ¿Ves como todo llega? ¡Qué mujeres tan afortunadas! Si ellas supieran la suerte que están a punto de tener... ¡Mucho ánimo en esta nueva travesía, Amazona! Un beso

Anónimo dijo...

Tambien esta vez, mi tan querida Amazona, saldrás adelante y "cum laude", que de otras peores saliste... Y tu buen animo y tu sonrisa, darán mucha esperanza a las que pasan penas y dolores...
Y volverás a sentir que te rodea la solidaridad y el apoyo de todos los que te queremos.
¡Animo y adelante!.
Golondrina.

Mael70 dijo...

¡Qué buena iniciativa! ¡Y una quejándose por boberías!

Deja de ser una superguanaja con sentimiento de culpa y disfruta de todo lo bueno que te ofrece la vida.

Besos,

Marit

Laura Medio Desnuda dijo...

Una vez, tirada en la camilla del búnker donde me daban la radioterapia, mientras la oncóloga me marcaba y me medía para una nueva fase de radio, me derrumbé y no podía parar de llorar. ¡Cuando las chicas se dieron cuenta pensaron que era por los calambres de estar tanto tiempo en la misma posición! Cuando finalmente acerté a decir algo solo me salió: "Es que no se puede ser superwoman todos los días." Y no se puede, Mayte, no se puede. Y lo mejor de todo es que nadie, ni siquiera nosotras mismas, espera que lo seamos. Conozco muy bien la apatía de la que hablas, la que estás superando sin hacer ruido, y creo que ese es el proceso natural. Poco a poco nuestro cerebro va recuperando esas conexiones que quedaron algo mermadas por operaciones, quimioterapias, horas eternas de hospital... Las cicatrices emocionales son mucho más profundas que las corporales y por eso hay que prestarles mucha atención y darles muchos masajes, con mucho mimo. Estamos en la senda, tú y yo. Y gracias a tu energía renovada, otras mujeres lo estarán muy pronto. Un abrazo balsámico.

Paz Barreiro dijo...

Eres una mujer muy valiente Mayte.

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