jueves, 3 de febrero de 2011

Solidaridad

Hoy me tocó nueva cura en el Hospital, y bajar al médico de cabecera, en Santa Cruz. Así que entro, diez días después de la operación, en mi casa de La Noria. Bien abrigada con mi trenca, que al piso no le da el sol y en invierno se nota. Hace un mes que las sábanas están como mojadas, y la ropa no se seca bien. Ay, con lo friolera que yo soy.

Abro la puerta y me doy de bruces con un elemento extraño. Primero es el susto de pensar, en una fracción de segundo, quién ha podido entrar y para qué. Y después, una gran sonrisa al caer en que es un flamante deshumidificador que me ha comprado mi hermano. Me he quedado tiritando, pero de emoción.

Algunos en la familia sabían que andaba yo haciendo cábalas para comprar uno a plazos que me aliviara el frío húmedo en la larga convalecencia que me espera, y hoy he sabido que ha habido vari@s candidat@s negociando entre ell@s para ser quien me hiciera el regalo.

Dicen que estamos en un mundo poco solidario.

Pero mi hermano me ha regalado meses de bienestar, y me lo ha traído además a domicilio, en medio de un gran secreto (y con un brazo escayolado), con la complicidad y la ayuda de mi cuñada.

Mi hermana mayor ha dedicado los pocos huecos que le dejan el ambulatorio y sus tres niños, para ejercer conmigo de médico de familia de los de antes, de los que dan con el tratamiento exacto que te hace dulce el dolor, y que se desvelan porque duermas tú.

Mi madre me ha bañado, alimentado y llenado de besos como si fuera de nuevo un bebé. Cómo saben las madres empezar de cero con quien lo necesita. Mi padre me ha entretenido con partidas de dominó y me ha interesado en la actualidad económica y política de nuevo.

Mi tío me ha mandado las mejores verduras de su huerto ecológico. Mi hermana pequeña, dulces caseros sin gluten, insuperables. La madre de mis niños va a hacer, por una larga temporada, de madre soltera de tres fierecillas, sin un minuto de descanso y poniendo a mal tiempo buena cara. Y mi chica ha acondicionado su casa con todo el amor del mundo para que tenga todas las comodidades en las próximas semanas, en que voy a estar a su cuidado.

Ah, claro, pero eso no es solidaridad. Eso es la familia, que es familia aquí y en Madagascar. Pero la gente en la calle no es así.

¿Seguro?

Pues yo no me olvido ni un sólo día de mis compañer@s de trabajo, que están echando horas y cabeza para sacarlo todo adelante, con dos brazos menos. Ni de mis amig@s, que llaman, y escriben, y buscan mil maneras de sacar una sonrisa de este muñequito cosido que soy ahora. Ni de mi vecina, que sube con exquisiteces para aliviar este tramo del camino. Y de tantas y tantas cosas sorprendentes que pasan a mi alrededor como un milagro.

Siento que vivo en una red. Un entramado de solidaridad, donde muchas manos me alimentan (platos ricos, conversación, ánimos, buena lectura) y ese bien les revierte, y llega a muchos más.

Siempre tuve fe en la humanidad. Ahora tengo confianza empírica. Hay tanto bueno en todos nosotros...

Sólo tenemos que asomarnos.

11 comentarios:

Alicia dijo...

¡Qué bonito, Maytilla! Tú lo que querías era hacernos llorar, a que sí...
Me siento feliz de formar parte de esa red maravillosa, y de verla a través de tus ojos. ¡Gracias!

siempreconhistorias dijo...

Me sumo a tu fe empírica, Mayte valiente. Conocerte me hizo ver esa cara luminosa de la solidaridad. Contigo entendí lo de soror.
Gracias por ser y contar.
Besitos analgésicos.

Javier dijo...

Mayte,

que suerte supone tener gente que nos quiera y nos cuide.

Besos, besos, besos.

Burzaco dijo...

Gracias por hacerme partícipe de este blog a pesar de que nos conocieramos mejor hace poco, aunque fuera hace 11 años cuando hablé contigo por primera vez...,
Lo he leído de arriba a abajo y no sé que decir... solo que estoy muy contento de que estés bien y que es una verdadera lección para todos de lo bonito que es vivir.

Espero verte pronto dando guerra en el Turismo!!!

Anónimo dijo...

El viernes pasado, después de leerte y sentir el dolor que sentías, decidí tomar mis aceites aromáticos y poner rumbo al HUC para intentar aliviar tu dolor y transformarlo en energía. Pero antes de salir pensé que también sería bueno poner, si cabe, un toque de optimismo en tu vida y me lancé a woman secret y a oysho en busca de prendas que adornaran tu espléndida figura y te sacaran una de tus mejores sonrisas.
Con mis bolsas en la mano, llego a la 3º plana del hospital y me dirijo a la habitación 305, toco... abro... entro... y me encuentro a un señor viejito recostado en una silla. Yo penssé pa mis adentros, pero Maytilla ¿qué te hicieron?... y salí de la habitación pensando, no ¿era la 304?. Allí me dirigí entonces, toco... entro... ¡buenas tardes! digo... y nadie responde...¿Mayte?... pero la habitación estaba pelada ¿estará en el baño?, pensé, ¿Mayte?... nada. Y claro, no iba a seguir abriendo habitaciones. Me dirigí entonces al mostrador de planta y pregunté a una enfermera...buscó en el ordenador... "no, aquí no está"... pero ¿y entonces? ¿me equivoqué de planta?... "no lo sé", dijo, "aquí no está".
Cuando al fin cogí el teléfono y marqué tu número te pregunto ¿dónde estás cabra loca? ..."llegando a casa de mis padres" me respondes...y claro , entonces me dí cuenta que lo que realmente te habían hecho era ponerte unas alas.

Vuela Mayte, vuela.

Feliz día contra el cáncer de mama.
¡Lo has conseguido!

Besos
Pacita

ISA dijo...

Eres muy afortunada por tener a tanta gente que te quiere y que te cuida y más afortunada aún por "darte por enterada" y agradecerlo, no todo el mundo lo hace.
Te deseo una prontísima recuperación y, para la humedad de las sábanas, lo mejor es que alguien te comprara unas de felpa ¡no fallan!, si supiera tu dirección te mandaba un par de juegos, que en Madrid son fáciles de en contrar

Anónimo dijo...

No hay palabras para definir con palabras, tus palabras. Incluso con nuestra generosidad eres generosa. Nos obligas a ser vampiros de tu amistad, a libar de cada entrada de tu blog las mil formas de ver la vida que has descubierto. Cierta razón tiene quien piensa en comprar escopetas, porque cuando se es como tú eres, las papeletas de la rifa se agotan al primer reclamo. Que se ande con ojo, y compre todos los números.
Sabes quien soy, pero lo más importante, es que sabes lo que somos.
Besos.

Anónimo dijo...

Hola Mayte!
Es tan bonito leer tus palabras y las de todos los que se asoman a este blog que...., sí..., alguien lo dice por ahí.... y es que no hay palabras para definir este caudal de sensaciones y emociones, por que sentimos y nos emocionamos a la par que tú con tus relatos, tienes ese gran don de expresar y transmitir. A nosotras a sido el destino de esta enfermedad el que nos ha hecho cruzarnos en ese momento ( bueno, ahí estuvo la "pequeña gran Macen" que pensó que yo con mis consejos y momentos ya medios dejado atrás te podía ayudar en este punto de nuestra enfermedad y mira por donde eres tú la que nos das ejemplo a todos),y aunque solamente nos hemos visto en una ocasión, espero mantener esta conectividad largo y tendido tiempo y sobre todo en tiempos mejores para las dos, cuando volvamos a la normalidad en nuestras vidas y nos sigamos conociendo y todo se torne en simple amistad sin tener que hablar de cirujanos, ginecólogos, oncólogos y demás, y si lo hablamos sea en pasado y no en presente como lo tenemos que hacer ahora.
Sigue recuperándote así de bien, y dándome envidia porque yo a día de hoy sigo esperando mi llamada para verme en el mismo paso que tú.
Besos Laly

Candela dijo...

Hola, Mayte. Ya leí esta entrada cuando la publicaste, pero no tuve tiempo de escribirte. Qué bonito es sentirse mimada (me ha encantado la referencia que haces a los cuidados de tu madre, como si fueras de nuevo un bebé) no solo por la familia, sino por todo tu entorno. Te leo tan positiva que es un placer leerte. Un abrazo.

Anónimo dijo...

¿Cómo no sentirte mimada entre los
Mederos? Estar en esa casa era como estar entre algodones.
Sigo todos tus capítulos con interés.A ver si te dedicas a escribir en serio, ya te lo he dicho.Ya has pasado el muro, Maytilla, con tu fuerza y los mimos de todos los que te quieren llegarás fresca como una lechuga a la meta de la salud que te mereces. ¿No la ves ahí, al final de la recta?

Un beso bien grande.

La gacela

Estelas de vida. dijo...

Hola Mayte, qué descubrimiento más hermoso, algo me decía sin conocerte tanto que dentro de ti hay un ser hermosísimo, espero que no te moleste que me haya metido en tu blog (Me lo dijo una amiga común), y te haga llegar mi más afectuoso saludo. Sabía que algo pasaba contigo, pués hace tiempo te echo de menos en tu trabajo, pero nadie me contó lo que te pasaba y tampoco yo pregunté, quizá por excesiva prudencia, ahora me alegro de poder saludarte aunque sea desde aquí y de saber que estás viviendo con tanta fuerza este nuevo avatar. La vida nos enseña continuamente que hay tantos héroes anónimos, tanta gente maravillosa, tanto que aprender...te mando un fuerte abrazo, ah, y te digo, que me has animado a crear un blog, ya lo "Rellenaré y lo compartiré", gracias, cuídate y deja que te cuiden.

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