martes, 16 de noviembre de 2010

No somos pareja

El sábado fui a una mesa redonda sobre cáncer de mama en Santa Cruz. Allí me encontré con algunos de mis médicos y varias personas con las que en estos meses he anudado el lazo de una causa común.

Fue interesante, y me sentí identificada con muchas de las situaciones que se exponían. En especial, con el testimonio de una mujer que contó de forma muy elocuente su proceso. El impacto de la noticia, la preocupación por sus hijos pequeños, la operación y la pesadilla de la reconstrucción, con sus secuelas físicas y psicológicas. La amenaza de una recaída.

Nadie sale de rositas de una situación como ésta.

Pero haciendo balance de lo que allí escuché y de mis conversaciones a lo largo de estos meses con las mujeres que he conocido en el hospital, me doy cuenta de que hay algo que he tenido la suerte de hacer de otra manera, y que probablemente sea la causa de mi buen ánimo.

Con una enfermedad grave pasa como con un parto: es muy difícil saber si  llamadas y visitas están de más o de menos. La diferencia es que hablar del bebé es terapéutico. Y sin embargo, tener que dar cuentas de tu mal varias veces al día puede llevarte a una situación límite.

Yo sentí desde el primer día que necesitaba espacio. Por eso empecé a relatar estos avatares. Tranquilizaban a familiares y amigos, y me permitían informar de una sola vez y liberarme a continuación.

El teléfono mudo, una vida tranquila, y el cordón umbilical con el mundo a través de la tecnología.

Creo que no es casualidad que mi recuperación, aunque dolorosa, esté siendo de libro.

Para mí es una demostración más de que cada uno construye su propia realidad. Siempre me gustó el refrán de "El que siembra tormentas, recoge tempestades". Y hace tiempo que veo claro que si quiero felicidad y equilibrio a mi alrededor, hay que empezar por cultivarlos.

Tengo la impresión de que, en mi entorno, las pacientes que aprovechan cada minuto en la sala de espera para contarte repetitivamente sus penas, son las que peor llevan el proceso. Las que te dan sólo la información que viene al caso, y se centran pronto en un enfoque más práctico y positivo de la realidad que estamos viviendo, tienen mejor cara y me atrevo a decir que avanzan más rápido en su recuperación. Y creo que el orden de causa y consecuencia es éste, no el contrario.

Unas han elegido el cáncer como pareja de hecho, y durante meses no son ellas mismas, sino que se casan con la enfermedad. Las otras avanzan a través de ella, sabiendo que es una parada, y no un destino final. Porque aunque lo fuera, en el peor de los casos, tirar la toalla no puede propiciar nada bueno.

Ése creo que es un punto básico. Pero añado un apunte más sibarita que a mí me ha encantado descubrir.

Si de algo sirviera mi experiencia de estos meses, diría a quienes se ven sorprendidos por una enfermedad como ésta que se rodeen de pequeños gestos que les den alegría. Cada uno según sus gustos.

A mí me enamora la armonía. Un jarrón con brotes de bambú. Mi casa ordenada y llena de luz por las mañanas. Los postigos entornados a media tarde invitando a leer con calma en el sillón. Un cajón de ropa con olor a jabón de marsella. Los jerseys doblados con amor, sin prisa, por el placer de usar las manos con precisión y con mimo. Un paseo corto bajo la llovizna de noviembre, respirando el olor a tierra mojada. La certidumbre de estar viva a cada paso. Viva por sentir, viva por soñar.

Rodeada de belleza simple a coste cero, he construido la mejor atmósfera para descansar y renacer.

A mi alrededor saltan cada día más casos como el mío. Y más que tendremos: para eso el cáncer es la enfermedad de este siglo. Pues habrá que dejar de asimilarlo a muerte, a sufrimiento, a pérdida. Ya es hora de quitar el miedo. Reivindico una normalización que nos evite la parálisis emocional. No he conocido a ninguna mujer que no haya llorado durante horas, o días, al saber el diagnóstico. Eso dice mucho de lo que el simple nombre evoca. Así que apuesto por hablar, hablar de él como de la diabetes o la hipertensión. Eso no va a borrar las bajas que deja. Pero cuánto mejorarán muchos por el sólo hecho de no sentir que aquí se acaba la vida.

Si construimos nuestra realidad con lo que de verdad nos aporta felicidad, o al menos satisfacción y equilibrio, tendremos mucho hecho. Y no estaremos facilitando la labor a la enfermedad. Si en mi entrada anterior hablaba de cómo nuestra actitud modifica el entorno, ¿cuánto no contribuiremos con ella a nuestro bienestar?

Yo lo decidí hace tiempo: no quiero la enfermedad como pareja de baile. Lo que tenga que ser en mi vida (para morirse sólo hay que estar vivo) me va a pillar riendo y disfrutando. A lo peor voy a tener que aburrirme de hacerlo otros cuarenta años más.

9 comentarios:

Gara dijo...

Gracias por compartirte. Disfruto y aprendo mucho leyéndote.
Besos,

Anónimo dijo...

y como dijo una gran sabia: "..que el maquillaje no apague tu risa, que el equipaje no lastre tus alas, que el calendario no venga con prisas,...que gane el quiero la guerra del puedo,..que el corazón no se pase de moda.." y te deseo " que los otoños te doren la piel" y, sobre todo, "que el fin del mundo nos pille bailando"y "que cada noche sea noche de boda" y que sigas celebrando esa soltería que tan bien te sienta y que a tantas nos enamora
Un beso enorme
Belén

farala dijo...

y qué bueno, si hubieras dicho lo contrario te hubiera recomentado el divorcio EXPRESS!!!

Gema dijo...

Hola Mayte, como sabes, yo soy de las que te leo aunque rara vez cuelgo un comentario...pero si Marie Curie decía que "Dejamos de temer aquello que hemos aprendido a entender" quiero decirte que TÚ nos estás enseñando ENTEDER muchas oosas, que aunque debiera ser al contrario, eres TÚ quien nos está dando fuerzas a ánimos en muchas ocasiones.. que por favor sigas así, con tu espíritu luchador de toda la vida. Y que esperamos tenerte pronto,muy pronto, de vuelta con nosotros (que coordinación no es lo mismo sin tí, ja, ja). Un besazo ENORME!

Anónimo dijo...

Golondrina dijo...

¡Qué buena combinación la de Enfermedad- Equilibrio- Armonía-Vida !...
Queremos compartir contigo ésos cuarenta años de "aburrimiento"...
Y añadirles una pizca de Música, una cucharada de Amistad, cuarto y mitad de Risas... y un saco de Abrazotes. tiernos y confortables...como el buen fuego en el invierno...

Filomena dijo...

¿Quién dijo muerte, sufrimiento y pérdida? Sí, señora (uy, perdón, ¿tiene usted el bachillerato?), el cáncer es una parada de nuestro tren de la vida. A unos les toca y a otros no. Evidentemente, no todos hacemos el mismo recorrido: cada tren tiene el suyo. El cáncer es una prueba, como tantas otras, de la que aprender y salir fortalecidas. Y tú lo estás haciendo a las mil maravillas, guapísima.

¿Quién dijo parálisis emocional? Aquí nadie se paraliza: en esta vida no sabemos cuánto vamos a estar y hay que vivirla con el corazón abierto, dejando que tus emociones interactúen con cuanto te rodea.

Brindo por esa reivindicación, por que normalicemos el cáncer, por poder hablar de él. La diabetes, la hipertensión, la apendicitis y muchísimas otras enfermedades, también provocan bajas. Es más: estar viva, provoca bajas.

Aquí estamos, con los ojos bien abiertos para que nos sigas hablando de esta etapa tuya desde la normalidad, para darte todo el apoyo y el cariño que necesites, porque aquí no se acaba nada. Más bien, aquí empieza todo. Como dice Golondrina, nos “aburrirás” cuarenta años más. Espero que mi tren siga en marcha toda esa trayectoria para, al menos, poder “bostezar”. ;-)

Un abrazo,

Filomena

P.D.: Ten cuidado, porque mucho jabón de marsella provoca un olor muy concentrado! jeje

Mayte Ramos dijo...

Di que sí Mayte. Normalizar las cosas, hablarlas y contarlas como una parte más de la vida le quita oscuridad a las enfermedades. Nunca he entendido muy bien la ocultación, como si hubiera algo de culpabilidad en enfermar. Te felicito por tu blog y por la gran labor que haces ayudando a tantas y tantas personas que te leen. ¡besos y gracias por tu comentario de Jade!

Sonsoles dijo...

Touche maestra!!! Me has dado un bofetón sin manos querida amiga..
Pero porque no paro de quejarme por tener vómitos y nauseas si el motivo por los que están es la mayor alegría de mi vida????? No creo q pueda sacarle el lado positivo a eso de vomitar por las calles, pero desde luego q no tengo derecho a hacerlo. Me avergüenza hasta escrbirlo.
Gracias, mil gracias por no dejar de enseñarnos a través de tu experiencia en tu lucha, por transmitirnos lo bueno de tu pesadilla, he dicho gracias???????
Besitos tita!!!

Anónimo dijo...

Hola Mayte,
Primero felicitarte por esta magnifica idea, hace poco tiempo que pertenezco al club y me ayuda mucho leer tu blog, permíte una sugerencia que pueda ayudar a muchas mujeres, si te parece oportuno, cuando tengas información de charlas, conferencias, etc. publicala en el blog.

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