miércoles, 3 de noviembre de 2010

Música interior

Qué día tan intenso el de hoy.

Esta mañana tuve mi primer contacto con el trabajo desde que me operaron. Me fui 'de estrangis' al II Encuentro Insular de Concejales. Tengo la inmensa suerte de hacer el trabajo más apasionante: promocionar mi tierra, la isla de Tenerife. Y reencontrarme hoy con ese mundo, que me absorbe desde hace dos décadas, me ha hecho reverdecer por dentro.

Y esta noche, de forma casi improvisada, mi amiga Beatriz me llevó al ensayo-concierto del Coro Polifónico Universitario, en La Laguna. Segunda catarsis de la jornada.

Mis padres se conocieron en la universidad, cantando en coros. Y nosotros cuatro hemos sido carne de cañón, cómo no. Nuestros años de facultad estuvieron tan marcados por las letras como por los pentagramas. Estudiábamos en la biblioteca, y soñábamos en el Paraninfo, entre ensayos, grabaciones de discos y preparación de viajes: Italia, Venezuela, Portugal, Yugoslavia...

Y aquellas temporadas de ópera y de zarzuela en el Teatro Leal y en el Guimerá... Tengo grabada en la retina nuestra imagen, comiendo perritos calientes en Casa Peter vestidos de época, aprovechando el descanso del ensayo general de "La Traviata". Caras de asombro de los transeúntes y muchas, muchas risas en aquellas frías tardes laguneras, que discurrían entre acordes de piano y escalas musicales.

Qué época tan feliz. Cuántos nuevos amigos, cuántas vivencias de mochila e Interrail. Cuántos conciertos con los sentidos desbordados, siendo tantos en una sola voz, en un mismo suspiro al final de la actuación.

La magia de la primera juventud queda siempre como atrapada en un cristal, que conserva olores, sabores y risas. Y un día una foto o un recuerdo nos la desvelan de improviso, y lloramos de emoción por el tiempo que se fue.

Mi cristal no es más bonito que el de otros. ¡Pero tengo la inmensa suerte de que está vivo! Porque mis amigos siguen cantando en el coro. Y en noches especiales como la de hoy, nos reencontramos. Les escucho cantar, aún mejor que entonces, y el alma se me licúa sin remedio. Saboreo las piezas sacras, vibro en las contemporáneas, respiro la intensidad de los espirituales y termino bailando en el sitio con los sones cubanos y venezolanos, que me dan la vida con ritmo de claves y sonoras arpas imaginarias.

Adoro esta isla. Y adoro la música. Pero la magia está en las personas que me las envuelven como un regalo.

Tenerife no sería la misma sin la sonrisa de quienes se dejan la piel y el corazón por ponerla bonita, por acercarla al turista y hacerla inolvidable. Tengo la suerte de trabajar con esos alquimistas de las vacaciones, verdaderos creadores de sueños. Y sentirlos todo este tiempo al otro lado me ha mantenido llena de vida.

Y la música no resonaría en mí sin la emoción entregada de mis compañeros de coro. Ellos roban horas a su vida para dedicarla al arte de hacernos un poquito más felices con su voz. Haber compartido esta noche un repertorio soberbio, y luego un brindis lleno de sonrisas y abrazos, de palabras de ánimo y de cariño, ha sido como volver a casa después de un largo día de lluvia.

Empiezo a pensar que la vida me ha parado tan drásticamente para hacérmela apreciar al máximo.

Desde luego, si es así, recojo el guante. Y no dudo ya de que la experiencia está valiendo la pena con creces.

¡Gaudeamus igitur!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Apetece cerrar los ojos e imaginar este día como una película que protagonizas. Lo pruebo... y me entusiasmo. Gracias!!! jijijiji.

Dulces sueños, amazonas.

Tania

Anónimo dijo...

Pues yo estoy segura de que es a tu isla a la que le gustas tú…

Anónimo dijo...

Que alegría haberte tenido ayer con nosotros, al fin y al cabo tu tienes mucha culpa de todo lo q allí se hablo... la isla te necesita, te espera, pero por encima de todo te quiere fuerte para que sigas volcando tu ilusión en ella!!! Mientras tanto seguiremos echandote de menos y organizando encuentros con quien haga falta para tenerte de invitada especial!!! Besitos Sonso

bdelabanda dijo...

Mira, justo están tratando de encontrarse la semana que viene l@s de mi coro de los años 80 y 90... Besos, amazona, descansa bastante que tantas emociones también agotan! Y un beso a la rubialería!

Alicia dijo...

Cantábamos el Eco mormorar l'onde de Monteverdi y hacíamos amanecer en el escenario, ¿te acuerdas?, con pájaros y luz del sol incluidos.

Dar las notas más agudas del Locus Iste y el Gradual se convertía en una cuestión de fe en uno mismo. ¡Y también mantener la respiración en el Eli! Era parte de nuestro aprendizaje en la vida, porque sentíamos emoción, plenitud, aprensión, risa, y todo era compartido.

¿Te acuerdas de cuando nos convertimos en músicos de la calle y pasamos la gorra en Dubrovnik? ¡Esa sí que fue una noche mágica! ¿Y los trenes de Italia, con su cartelito en la ventana "È pericoloso..." y nuestros picnics en los vagones? Y nuestras familias de San Vito al Tagliamento, y aquel pueblecito en Macedonia, Ohrid, con su ermita ortodoxa reluciendo como una miniatura medieval al borde del lago.

Las tertulias durante los viajes, algunas tan memorables, y tan parecidas al "verdad o consecuencia" de nuestra infancia, lo que demuestra que realmente hacía muy poco que habíamos dejado de ser niños.

Y la de arena también, ¿no? ¡El tren que casi nos dejó en territorio comanche, sobre todo a ti! Señor, cada vez que me acuerdo. Viajar de noche por los Balcanes en una guagua destartalada y hasta los topes. Ensayar en el Paraninfo todos los días con las tripas rugiendo de hambre (totalmente desaconsejable si hay un pianissimo en la partitura). Equivocarse en una entrada, o en una nota. ¡Qué bien nos dirigía Canto, y qué mal cuando uno fallaba y dejaba en mal lugar a toda la cuerda!

Y mucho más cercano en el tiempo, un Mesías magnífico, las tres disfrutando como enanas, y ese coro de gente acogedora como ellos solos, tomándose todo a cachondeo, bueno, todo excepto la música.

¡Qué bien que hayas abierto hoy esta caja!, está llena de melodías y de perfumes, y lo mejor es que la música, una vez que la tienes, ya nunca te abandona.

Besitos y que duermas bien, guapa.

...ya se fue la tarde callada... y llegó la noche, fresquita y muda...

xx

Mayte Ramos dijo...

Muy bonito Mayte. Me encanta leerte. Transmites mucho. Me alegro de que disfrutaras ese momento de música y baile. Un abrazo.

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