lunes, 11 de octubre de 2010

Llueve tu adiós

Noche oscura de luna menguante. Una pequeña multitud silenciosa te espera. Luces de escolta a lo lejos traen el dolor en forma de coche fúnebre. Un aplauso sentido. Cruje la noble escalera cuando subimos, todos a una. En la Presidencia del Gobierno, que fue tu casa, hasta la piedra y la madera están de luto.

Tu foto, junto al ataúd, tiene una sonrisa. Pero lloro al verla. El goteo continuo de visitas para despedirte se va espaciando con las horas. Cuatro corazones uniformados te rinden honores, infatigables, y la madrugada avanza.

Es noche cerrada. Y fuera, el viento que te recibió no amaina.

Ahora que ya no suenan pisadas, afino los sentidos. Y cobran vida el chisporroteo de las velas, el perfume de las flores, la bandera que te envuelve. Es un privilegio estar aquí contigo en las horas en que el mundo duerme. Ahora eres más nuestro, y puedo derramar ríos de lágrimas por lo que hemos vivido, por lo que ya no podremos compartir y, sobre todo, por el corazón roto de la mujer coraje que no soltó tu mano en meses de lucha. Palpando su tristeza, sentí que ella no habría dudado en cambiarse por ti si eso te hubiera traído de vuelta.

Ya de mañana el cielo llora con lluvia fina. Cala en las almas tristes de los que velamos sin hablar, sin saludarnos. No nos miramos pero nos reconocemos. Somos los que te acompañamos desde los rincones oscuros de la sala. Y el gris del cielo es una extensión de la pérdida que nos empapa.

Con el mediodía se cierran las puertas. Despedida en privado, último capítulo de una intensa historia de amor con tu mujer, con tus hermanos y los hijos, cuatro valientes. Emociones contenidas en quienes pudimos compartir con recogimiento esa escena de adiós serena y dulce.

Ya en la calle, tu ataúd recibe a hombros los honores del himno de Canarias, un arrorró que acuna a los isleños y que hoy nos estremece hasta el infinito, mientras la lluvia blanda y triste multiplica lágrimas en los rostros silenciosos.

Caminamos detrás de ti hacia la iglesia. Te había prometido el sábado que no te dejaríamos solo, e hicimos el camino contigo, empapados de agua y de pena.

Todo el día ha seguido lloviendo. En la calle y aquí dentro. Y me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que podamos recordarte con sonrisas. Te has ido tan pronto que la impotencia ha sepultado la alegría.

Pero tú le hubieras quitado hierro, plantando cara a la vida. Y la mirarías de nuevo a los ojos, de frente y sin miedo.

Sigo tu ejemplo, pues. Yo quiero ser de tu equipo. Y aprender a luchar por lo que quiero de veras, con integridad y con pasión sin medida.

Quédate cerquita, Adán. Vamos a necesitar tu fuerza.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bonito. Ánimo Mayte, mucho ánimo, ahora tienes un ángel arriba que te ayudará en tu lucha. Besos Sonso

Lorenzo López Carrillo dijo...

Mayte... acabo de descubrir tu blog; apenas he leído unas cuantas entradas de todas las que has escrito desde agosto, pero quiero darte la enhorabuena por lo que escribes y cómo lo escribes: te seguiré a partir de ahora, pero a pie, porque yo soy de Infantería…
♡Besos...

Aida dijo...

Hermosas palabras para una grandiosa amistad y para un hombre valiente y fuerte como tú.
Donde quiera que esté, se sentirá feliz de haber disfrutado tanto de la vida y de amistades como la tuya.

Anónimo dijo...

Heermosos, muy hermosos sentimientos.
Daniel

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