viernes, 20 de agosto de 2010

Alta

Hola,

Anoche no escribí porque el único suceso digno de mención del día, que fue el espectáculo dantesco de quitarme, por fin, los vendajes, no es autorizado para todas las sensibilidades, por lo que tenía claro que no iba a ser objeto de crónica. Pero como mi dudoso récord de estar pasando el dolor del postoperatorio con Termalgín acaba de romperse, me he sentado en mi butaca con el iPad en la mano decidida a exorcizar este mal momento charlando con mis amigos.

Hoy el dolor no me deja dormir. He querido levantarme para ir a control a pedir algo más fuerte, por no tirar de la campanilla, porque mi compañera está recién operada y duerme, y no sé cuántos minutos angustiosos he pasado para hacerlo, sin tener nada a lo que agarrarme. Mi lado derecho hoy es una pura llaga, desde el esternón hasta la axila, y duele hasta respirar. Pero finalmente lo conseguí, y al menos estoy por fin sentada, sin tener que volver a mover nada hasta que a las 9 venga el desayuno, y tengo una esperanza de Nolotil ya en el estómago.

Hoy me dan el alta. El postoperatorio será en casa de mis padres, aunque me voy aún con un drenaje que sale de la axila, una botella que, dada mi mala fama, las visitas inexorablemente identifican con ron. Ay, y otros cardando la lana, no hay derecho... Mi madre ya ha hecho una lista con mis comidas favoritas, y si dividimos el número de platos que le salen entre los días que estaré allí, el cociente resulta muy sospechoso, como fueran a cebarme para Navidad, o algo de eso, lagarto, lagarto. Tendré que estar al loro.

En resumen, que hoy a mediodía empiezo una nueva etapa. Echaré de menos los amaneceres tan increíbles que me ha regalado esta estancia en el hospital, y los lazos que he creado con las otras mujeres que están pasando en estos días por mi misma situación, otras amazonas que también aprenden de cero a vivir. Pero tengo claro que entraré en la Asociación contra el Cáncer, para seguir en contacto con mis iguales y para aportar algo al voluntariado. Ya he encontrado un lei motiv a partir del vacío terrible que viví ayer en mis propias carnes, que sería ayudar a las mujeres a saber con lo que se van a encontrar después de la operación, una devastación física para la que que ni los médicos ni los psicólogos del hospital te preparan. Estaría muy bien cubrir ese aspecto desde la misma estancia en el hospital: seguro que la prevalencia de depresiones post-cirugía bajaría lo suyo.

Y ya no les entretengo más, que alguien tiene que sacar este país adelante, y Zapatero parece tener incluso menos ganas de hacerlo que Mohamed VI, así que les toca a ustedes... ;-)

Un beso a tod@s y cada un@,

Mayte

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