jueves, 23 de diciembre de 2010

El gordo cayó en mi casa

Con un día de retraso, porque la revisión de ayer me la pasaron a hoy. Pero esta mañana subí al hospital con el corazón en un puño y, después de un examen concienzudo, bajé feliz de vuelta a casa, dispuesta a empezar a celebrar las Navidades desde hoy.

Las molestias en el pecho sano se deben a la asimetría que tengo desde el verano, que me hace tener un hombro más alto que otro, y que ha forzado el músculo pectoral hasta producir ese dolor de estos días atrás.

No hay tumor, y mi próxima operación va a reducir al mínimo las oportunidades de tenerlo.

Así que esta vez celebro la nochebuena el 23 de diciembre. He brindado con un buen vino, almorzado un plato navideño, y de postre el primer turrón de la temporada.

Gracias por las llamadas y los mensajes de estos días, y ¡felices fiestas a todos!

P.D.: Ya sabía yo que el bombo giraba este año para mí...

lunes, 20 de diciembre de 2010

La rueda gira

Dicen las mujeres de mi nuevo alrededor que los meses previos a una revisión son de no dormir.

Yo estaba muy tranquila a la espera de mi revisión de este mes, la primera ginecológica desde agosto. Pero este fin de semana mi pecho izquierdo, el no operado, ha empezado a protestar con pinchazos y molestias.

No sé si busca el protagonismo que no ha tenido en estos meses, pero ha conseguido que le ponga el foco policial encima, y que mi médico adelante la cita al miércoles.

Esto es una rueda, y nadie sabe qué la para. Hoy Laura, tinerfeña a quien he conocido en este mundo bloguero, está haciéndose en el hospital la prueba del isótopo radiactivo, para operarse mañana. Su rueda empieza a moverse, y desde aquí le mando todos los ánimos del mundo.

La mía seguirá su curso previsto si el miércoles todo va bien. Si no es así, cogerá otra velocidad distinta, y empezaremos de nuevo desde el principio. Aunque no es lo mismo, ni es igual.

Cojo mi nueva túnica, la de la paciencia, y con ella bien ceñida me dispongo a esperar las 45 horas que tengo por delante. Algo en mi entrada anterior decía que el día 22 iba a jugarme algo... Caprichosa que es la vida.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El sorteo

Hoy me siento como si ya hubiera llegado el día 22. Espero desde hace rato mi turno en el servicio de admisiones del hospital, para entregar el volante que reactivará mi expediente. Y no puedo evitar sentir un hormigueo como el de los niños de San Ildefonso en la tramoya.

El informe de mi cirujana reza: "Secuela de cáncer de mama. Recambio de expansor por prótesis derecha y mastectomía subcutánea más prótesis izquierda".

Dejo de oír el murmullo de voces de quienes esperan a mi lado. Se diluye el ruido de fondo de los teléfonos. Sólo oigo el accionar del tirador del bombo, que empieza a girar lentamente, tanto que por momentos las bolas tardan en recibir la orden de moverse dentro.

El día del sorteo del gordo de navidad todo el país está pendiente de esa mágica noria de cifras, y de las voces trémulas de los niños. Mi ceremonia giratoria de hoy es privada, pero para mis sentidos el mundo se detiene hoy en el instante previo a la entrega del papel que me pone en lista de espera quirúrgica. Y no puedo evitar sentirme satisfecha, porque estoy avanzando, y porque lo estoy contando.

Este domingo lo celebraré caminando por la causa, y sintiendo cerca los pasos de todos ustedes, que viven también el proceso.

(Cáncer de mama, Carrera por la Vida en Tenerife. Domingo 12 de diciembre a las 11 am, desde la plaza del CC Sallytien, en costa Adeje, hasta la Plaza de la Pescadora, en Los Cristianos, Arona. 3,5 kilómetros).

Sin ustedes también habría llegado hasta aquí, pero con 4.000 sonrisas menos... ¡y no hay color!

sábado, 27 de noviembre de 2010

Manos sabias

Ella cura con las manos.

Nos conocimos hace ya muchos años, descubriendo nuevos horizontes a través de la kinesiología y la programación neurolingüística. Para mí fue abrir una ventana. Ella hizo de las terapias alternativas su gran pasión.

Luego pasamos tiempo sin vernos, pero con la llegada de mis hijos redescubrimos una amistad que ya nunca soltamos. Mujer curiosa con alma de niña, a través de su mente brillante aprendí a ver el mundo sin orejeras. A apreciar un picnic improvisado bajo un árbol del parque más que el mejor restaurante. Y a reír a carcajadas celebrando la vida.

Cuando este verano mi mamografía sugirió la necesidad de una biopsia, ella apareció con su maletín de los remedios, cargado de imanes y flores de Bach, para ayudar en el proceso.

A lo largo de estos cuatro meses, ha aparcado su vida cada dos o tres días para dedicarme la tarde entera, cuidar de mis dolores físicos, y pasar su mano por las heridas del corazón. Semana tras semana su sonrisa aparecía en mi puerta, y sus remedios de mujer sabia eran árnica para el dolor de estar viva.

Ella me enseñó a ser consciente de la experiencia que me ha tocado vivir. A cuidar mi alimentación. A no dejar los pensamientos negativos anidar en mi interior. A aprender la lección que la vida me traía, y envolverla en papel de seda.

Ayer cerramos el proceso. Por fin cuerpo y alma están equilibrados. Sólo queda el dolor físico, con el que ya sé lidiar yo sola. Y estoy preparada para la nueva operación, que será en breve.

Y miro hacia atrás para ver lo que hemos recorrido, y me convenzo de que a veces la vida te manda un guía para alumbrar la senda. Alguien que viene a transmitirte amor y sabiduría, en la medida justa para que puedas asimilarlo. Y cuando cierra el ciclo te das cuenta de todo lo que has avanzado, y no te lo crees.

Y no sabes cómo podrás devolverle tanta entrega desinteresada. Hasta que caes en la cuenta de que ese mensaje de esperanza lo necesitan tantas personas a tu alrededor... ¿Será la manera de pagar mi deuda? ¿Seré capaz de transmitir un día ese cariño y algo de esa sabiduría? Quizás sí, quizá sea ésa la cadena de favores que mueve el mundo. Ese banco de horas transformado en amor al ser humano, en el que no mides lo que das ni por qué lo entregas, sabiéndote con una preciosa deuda por lo que tú has recibido.

Gracias, Maite, por no haber soltado mi mano. Por haber reído y haber llorado conmigo en cada piedra del sendero. Ha sido una aventura hacer contigo mi travesía del desierto, y aunque te echaré de menos y pensaré en ti cada día, sé que tus manos laboriosas han ido ya a ocuparse de otros seres a los que llenarás de luz para enseñarles el camino.

martes, 16 de noviembre de 2010

No somos pareja

El sábado fui a una mesa redonda sobre cáncer de mama en Santa Cruz. Allí me encontré con algunos de mis médicos y varias personas con las que en estos meses he anudado el lazo de una causa común.

Fue interesante, y me sentí identificada con muchas de las situaciones que se exponían. En especial, con el testimonio de una mujer que contó de forma muy elocuente su proceso. El impacto de la noticia, la preocupación por sus hijos pequeños, la operación y la pesadilla de la reconstrucción, con sus secuelas físicas y psicológicas. La amenaza de una recaída.

Nadie sale de rositas de una situación como ésta.

Pero haciendo balance de lo que allí escuché y de mis conversaciones a lo largo de estos meses con las mujeres que he conocido en el hospital, me doy cuenta de que hay algo que he tenido la suerte de hacer de otra manera, y que probablemente sea la causa de mi buen ánimo.

Con una enfermedad grave pasa como con un parto: es muy difícil saber si  llamadas y visitas están de más o de menos. La diferencia es que hablar del bebé es terapéutico. Y sin embargo, tener que dar cuentas de tu mal varias veces al día puede llevarte a una situación límite.

Yo sentí desde el primer día que necesitaba espacio. Por eso empecé a relatar estos avatares. Tranquilizaban a familiares y amigos, y me permitían informar de una sola vez y liberarme a continuación.

El teléfono mudo, una vida tranquila, y el cordón umbilical con el mundo a través de la tecnología.

Creo que no es casualidad que mi recuperación, aunque dolorosa, esté siendo de libro.

Para mí es una demostración más de que cada uno construye su propia realidad. Siempre me gustó el refrán de "El que siembra tormentas, recoge tempestades". Y hace tiempo que veo claro que si quiero felicidad y equilibrio a mi alrededor, hay que empezar por cultivarlos.

Tengo la impresión de que, en mi entorno, las pacientes que aprovechan cada minuto en la sala de espera para contarte repetitivamente sus penas, son las que peor llevan el proceso. Las que te dan sólo la información que viene al caso, y se centran pronto en un enfoque más práctico y positivo de la realidad que estamos viviendo, tienen mejor cara y me atrevo a decir que avanzan más rápido en su recuperación. Y creo que el orden de causa y consecuencia es éste, no el contrario.

Unas han elegido el cáncer como pareja de hecho, y durante meses no son ellas mismas, sino que se casan con la enfermedad. Las otras avanzan a través de ella, sabiendo que es una parada, y no un destino final. Porque aunque lo fuera, en el peor de los casos, tirar la toalla no puede propiciar nada bueno.

Ése creo que es un punto básico. Pero añado un apunte más sibarita que a mí me ha encantado descubrir.

Si de algo sirviera mi experiencia de estos meses, diría a quienes se ven sorprendidos por una enfermedad como ésta que se rodeen de pequeños gestos que les den alegría. Cada uno según sus gustos.

A mí me enamora la armonía. Un jarrón con brotes de bambú. Mi casa ordenada y llena de luz por las mañanas. Los postigos entornados a media tarde invitando a leer con calma en el sillón. Un cajón de ropa con olor a jabón de marsella. Los jerseys doblados con amor, sin prisa, por el placer de usar las manos con precisión y con mimo. Un paseo corto bajo la llovizna de noviembre, respirando el olor a tierra mojada. La certidumbre de estar viva a cada paso. Viva por sentir, viva por soñar.

Rodeada de belleza simple a coste cero, he construido la mejor atmósfera para descansar y renacer.

A mi alrededor saltan cada día más casos como el mío. Y más que tendremos: para eso el cáncer es la enfermedad de este siglo. Pues habrá que dejar de asimilarlo a muerte, a sufrimiento, a pérdida. Ya es hora de quitar el miedo. Reivindico una normalización que nos evite la parálisis emocional. No he conocido a ninguna mujer que no haya llorado durante horas, o días, al saber el diagnóstico. Eso dice mucho de lo que el simple nombre evoca. Así que apuesto por hablar, hablar de él como de la diabetes o la hipertensión. Eso no va a borrar las bajas que deja. Pero cuánto mejorarán muchos por el sólo hecho de no sentir que aquí se acaba la vida.

Si construimos nuestra realidad con lo que de verdad nos aporta felicidad, o al menos satisfacción y equilibrio, tendremos mucho hecho. Y no estaremos facilitando la labor a la enfermedad. Si en mi entrada anterior hablaba de cómo nuestra actitud modifica el entorno, ¿cuánto no contribuiremos con ella a nuestro bienestar?

Yo lo decidí hace tiempo: no quiero la enfermedad como pareja de baile. Lo que tenga que ser en mi vida (para morirse sólo hay que estar vivo) me va a pillar riendo y disfrutando. A lo peor voy a tener que aburrirme de hacerlo otros cuarenta años más.

lunes, 8 de noviembre de 2010

¿¡Y tú qué sabes!?

Una amiga me manda una entrevista reciente a Joe Dispenza, coautor de la película "¿¡Y tú qué sabes!?", que trata sobre el poder de elegir. Compré el libro hace unos años, y el artículo me retrotrae a aquella sucesión de testimonios de científicos y filósofos que reflejaba cómo nuestras actitudes influyen en nuestra experiencia y en nuestra realidad.

La mayoría de esos pensadores coincidían en que cuanto más alumbran las hogueras del conocimiento, mayor se nos revela la oscuridad. Y es que, si siempre pensamos que sabemos la respuesta, ¿cómo podremos crecer?

En ese sentido, hay una historia que me encanta, por lo ilustrativa que es:

Un profesor universitario visitó al maestro zen Nan-in, para preguntarle sobre la filosofía zen. Pero en vez de escuchar al maestro, el visitante expuso una y otra vez sus propias ideas.

Tras escuchar durante un rato, Nan-in se dispuso a servir el té. Llenó una taza hasta el borde y siguió vertiendo. El té rebasó los bordes de la taza, llenó el platito y se derramó por los pantalones del hombre y por el suelo.

'¿No ve que la taza está llena?' explotó el profesor. '¡No puede seguir llenándola!'.

'Exactamente', respondió Nan-in con calma. 'Al igual que esta taza, usted está lleno de sus propias ideas y opiniones. ¿Cómo puedo explicarle la filosofía zen si no vacía su taza primero?'

Vaciar la taza significa estar abiertos, reacondicionarnos para poder aceptar, de momento, el no saber. De ahí surgirá un conocimiento mayor.

Y volviendo a la entrevista con la que comenzaba la reflexión de hoy, Dispenza es un bioquímico norteamericano que lleva años dando conferencias a lo ancho y largo del mundo sobre las mecánicas del cambio. Cuando a los 24 años un grave accidente lo dejó en silla de ruedas, decidió no operarse, y testar la capacidad de su cuerpo de regenerarse a sí mismo. Ése fue el principio de un proceso, vivido en carne propia, del que saca conclusiones más que interesantes.

Por ejemplo, que queremos que cambien cosas en nuestra vida, pero seguimos teniendo los mismos pensamientos y viviendo las mismas emociones día a día. La repetición de este ciclo entrena al cuerpo para vivir en el pasado en vez de en el presente, y nuestra mente vuelve a él constantemente. La clave está en cambiar nuestro estado emocional.

Que cambiar es pensar de forma más amplia, conectándonos a un sueño, a una idea que ya existe en el campo cuántico de posibilidades. Es creer en ese futuro cuando todavía no se puede percibir con los sentidos.

Que a veces lo vemos claro en la mente, pero no sabemos llevar ese cambio a la práctica.

Inundémonos, pues, con lo que de verdad queremos en la vida, y permitamos que nuevas estructuras mentales y emocionales nos invadan. No somos personas definitivas, el cerebro humano está diseñado para evolucionar. Y eso se hace cambiando de pensamiento.

Esta teoría del cambio resuena mucho en mi interior desde hace dos o tres años. Para empezar, tenía grandes prejuicios contra ella, porque socialmente estaba imbuida de las virtudes de la coherencia y la permanencia. Mis propias creencias sobre mí misma me mantenían en una estructura rígida y estática, que no me dejaba crecer.

El zen me ayudó a mirar sin ceguera. Y luego la vida me desbordó la taza, para darme la oportunidad de vaciarme. Ahora ya no sé quien soy, anegadas las defensas que construí durante años, deshecha la autoimagen con la que me protegía del mundo.

Ya no sé quién soy, pero empiezo a ser yo misma en cada momento. Y es un yo cambiante, lleno de curiosidad ante las nuevas experiencias y las emociones sin estrenar que me trae la vida, las buenas y las malas.

Porque desde que acepté que no tengo control sobre mi existencia, solo sobre mi actitud ante lo que me pasa, voy fluyendo con la corriente. Y a medida que cambia mi pensamiento, va cambiando mi realidad.

Es un buen experimento. Quizá no una fórmula filosofal, pero sí la llave hacia una nueva libertad: la de ser yo misma, le pese a quien le pese.

¿Y tú, lo sabes ya todo de ti, o te atreves a dar un paso fuera del redil?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Música interior

Qué día tan intenso el de hoy.

Esta mañana tuve mi primer contacto con el trabajo desde que me operaron. Me fui 'de estrangis' al II Encuentro Insular de Concejales. Tengo la inmensa suerte de hacer el trabajo más apasionante: promocionar mi tierra, la isla de Tenerife. Y reencontrarme hoy con ese mundo, que me absorbe desde hace dos décadas, me ha hecho reverdecer por dentro.

Y esta noche, de forma casi improvisada, mi amiga Beatriz me llevó al ensayo-concierto del Coro Polifónico Universitario, en La Laguna. Segunda catarsis de la jornada.

Mis padres se conocieron en la universidad, cantando en coros. Y nosotros cuatro hemos sido carne de cañón, cómo no. Nuestros años de facultad estuvieron tan marcados por las letras como por los pentagramas. Estudiábamos en la biblioteca, y soñábamos en el Paraninfo, entre ensayos, grabaciones de discos y preparación de viajes: Italia, Venezuela, Portugal, Yugoslavia...

Y aquellas temporadas de ópera y de zarzuela en el Teatro Leal y en el Guimerá... Tengo grabada en la retina nuestra imagen, comiendo perritos calientes en Casa Peter vestidos de época, aprovechando el descanso del ensayo general de "La Traviata". Caras de asombro de los transeúntes y muchas, muchas risas en aquellas frías tardes laguneras, que discurrían entre acordes de piano y escalas musicales.

Qué época tan feliz. Cuántos nuevos amigos, cuántas vivencias de mochila e Interrail. Cuántos conciertos con los sentidos desbordados, siendo tantos en una sola voz, en un mismo suspiro al final de la actuación.

La magia de la primera juventud queda siempre como atrapada en un cristal, que conserva olores, sabores y risas. Y un día una foto o un recuerdo nos la desvelan de improviso, y lloramos de emoción por el tiempo que se fue.

Mi cristal no es más bonito que el de otros. ¡Pero tengo la inmensa suerte de que está vivo! Porque mis amigos siguen cantando en el coro. Y en noches especiales como la de hoy, nos reencontramos. Les escucho cantar, aún mejor que entonces, y el alma se me licúa sin remedio. Saboreo las piezas sacras, vibro en las contemporáneas, respiro la intensidad de los espirituales y termino bailando en el sitio con los sones cubanos y venezolanos, que me dan la vida con ritmo de claves y sonoras arpas imaginarias.

Adoro esta isla. Y adoro la música. Pero la magia está en las personas que me las envuelven como un regalo.

Tenerife no sería la misma sin la sonrisa de quienes se dejan la piel y el corazón por ponerla bonita, por acercarla al turista y hacerla inolvidable. Tengo la suerte de trabajar con esos alquimistas de las vacaciones, verdaderos creadores de sueños. Y sentirlos todo este tiempo al otro lado me ha mantenido llena de vida.

Y la música no resonaría en mí sin la emoción entregada de mis compañeros de coro. Ellos roban horas a su vida para dedicarla al arte de hacernos un poquito más felices con su voz. Haber compartido esta noche un repertorio soberbio, y luego un brindis lleno de sonrisas y abrazos, de palabras de ánimo y de cariño, ha sido como volver a casa después de un largo día de lluvia.

Empiezo a pensar que la vida me ha parado tan drásticamente para hacérmela apreciar al máximo.

Desde luego, si es así, recojo el guante. Y no dudo ya de que la experiencia está valiendo la pena con creces.

¡Gaudeamus igitur!

viernes, 29 de octubre de 2010

Sin noticias de Gurb

No sé cuántos días hace que no escribo, pero empieza a sonar a mi alrededor un coro de voces que entona un "Ya te vale" muy irrespetuoso, así que vengo a dar noticias.

Y me acuerdo de uno de los libros más divertidos que ha dado la literatura española, "Sin noticias de Gurb". Eduardo Mendoza, de tanto en tanto, se baja de la seriedad de sus novelas negras y nos regala obras hilarantes donde las haya. Este librito, que se lee en dos patadas, me causó, estando embarazada, tal ataque de risa que al cabo de una hora estaba de parto de mi hija mayor. Con un atracón de ositos de goma entre pecho y espalda que tuve que acabar confesando a la anestesista. Este episodio de mi biografía, que siempre negaré si no es en presencia de mi abogada, casi me deja sin epidural por incompatibilidad. Ay, genio y figura...

Pues este alienígena llega a la Barcelona olímpica de Maragall acompañado de su amigo Gurb, y lo manda en misión de exploración para conocer las costumbres de los lugareños. Y ahí se pierde su pista, y empieza la aventura para encontrarlo, que no tiene desperdicio.

Yo no soy Gurb y no me he perdido, pero lo mío también es para escribirlo. Visto que el servicio de cirugía del HUC me ha cogido como conejillo de indias para averiguar cuánto helio se puede meter a un balón humano sin que explote, ando sin salir de casa no sea que me tenga que agarrar a una farola. Que este viento de octubre anda revoltoso. Y no quiero salir volando como Gurb, pero sin nave espacial.

Lo bueno es que ayer acabé con las curas para la reconstrucción. Las últimas semanas han sido duras, porque la zona ya no da para más, músculo y piel van al límite, y las noches son un tormento. Ahora me dan un mes para que todo se estire como debe, y ya sin tensión poder operar. El 9 de diciembre me revisan, y si todo ha ido bien, ponen fecha a la intervención.

Así que lo tengo decidido. Cuando no pueda dormir, recurriré a Gurb para poner el dolor en cuarentena. Pero por si acaso, cuando se vaya acercando la operación quitaré los ositos de goma de mi dieta lectora.

¡Que no pienso tropezar dos veces en la misma piedra!

martes, 19 de octubre de 2010

Y el día se tiñó de rosa

La mañana amanecía tranquila. Pero una llamada madrugadora me sacó de la ducha. Ya en Madrid desayunaban con la noticia de la reseña del blog en un diario nacional.

A partir de ahí empezó el día de los milagros. El email se colapsó de mensajes de felicitación y de apoyo. Las visitas al blog se multiplicaban por centenas. Y mi página en Facebook se tiñó de rosa, mi color favorito, el color de la feminidad y de mi opción. Ahora, también el color de mi causa.

Hoy todos han sido yo. Y yo he sido Mayte y las demás que luchan, y también las que no pudieron contarlo.

Cada nueva amiga, cada nuevo amigo que iba escribiendo en mi muro, encendía una vela en mi interior. Cada frase traía un suspiro de aliento. Cada foto personal cambiada por un lazo rosa, un guiño a la esperanza.

Cuando vives emociones tan intensas como las de hoy, llega un momento en que ya no puedes pensar, se te colapsa la filosofía. Y entonces empiezas a sentir.

Y pasó ante mí cada momento de estas últimas nueve semanas, nueve martes desde aquella operación que me cambió la vida. Y me pregunté qué había hecho para merecer todo el amor que he recibido desde entonces.

La opinión general es que he sido valiente en mi lucha contra la enfermedad. Bueno, ése es sólo un detalle de la película. Y no creo que tenga mucho mérito. Pero sí hay una valentía que cuesta más, y es la de desnudar el alma sin dejar nada dentro.

Sinceramente, cuando la gente me escribe mensajes increíbles, o me llama llena de cariño, o me manda su amor de mil maneras, pienso que no es en respuesta sólo a mi entereza ante el dolor físico. Creo que salir del armario de la convención social, y reconocer que has sufrido por amor, que eres una madre imperfecta, que lloras, ríes, te estresas y tienes todas las debilidades de nuestra especie, toca una fibra que nos acerca.

Y el regalo de estos tiempos es haber podido pulsar esa tecla, con visos de varita mágica, que todos llevamos dentro. Y de repente hablo de lo divino y de lo humano con personas que sólo conozco de lejos pero me han leído. Y surge un hilván de emociones compartidas donde antes sólo había saludos educados.

Mi conclusión es que ser más auténticos deshace los miedos. Soy libre y dueña de mi vida porque ya sé decir que no a lo que me sienta mal -muchas visitas, dormir poco, no hacer al menos una cosa al día que me ilusione-; he aprendido a poner límite a las relaciones que no fluyen, y a no buscar en los demás la aprobación basada en el 'hacer'. Ahora me he empeñado en que me quieran por 'ser' y, caramba, qué bien me sienta.

Por eso la especial no soy yo. A mí la vida me ha dado la oportunidad de dar el salto. Pero esa delicada materia de la que están hechos los sueños está en todos nosotros. Yo lo compruebo ahora cada día, sin excepción.

Sólo tengo que pasear por los comentarios de este blog o por mi bandeja de entrada para recordarlo. Y si además abro Facebook y leo las decenas de razones que muchos de ustedes han esgrimido para que siga luchando "en este raro negocio que me ha tocado en suerte", María José dixit, entonces sólo puedo respirar hondo, llena de orgullo por esta humanidad que es capaz de darlo todo cuando se le llega al corazón.

El mío, desde luego, está hoy bien tocado. Mil gracias por este 19 de octubre.

jueves, 14 de octubre de 2010

Todo pasa

Reconforta estar de nuevo en la sala de espera de la sexta planta del Hospital. Nunca creí que diría esto de las curas de cirugía que me dejan fuera de juego cada jueves.

Pero esta vuelta a la rutina me recuerda el proverbial dicho zen de que todo pasa.

Un buen amigo que ha luchado terriblemente durante meses descansa al fin. Mi padre inaugura hoy su nueva vida fuera de la UVI. Mi segunda operación se va acercando, a medida que supero con buena nota la reconstrucción. Y ayer cerré el proceso de duelo por mi relación anterior, a quien puedo por fin desear que le vaya bonito.

Todo pasa. Es bueno recordarlo cuando caemos al precipicio. Pero también en la cima de la montaña. Nada se consolida en esta vida: la buena salud no es para siempre, los seres queridos no nos pertenecen y algún día pueden marcharse de nuestro lado; los éxitos de hoy, mañana tornan en fracasos. Pero estamos en una rueda, y también eso pasará, y volverán las alegrías.

Si algo he aprendido es que el dolor no podemos evitarlo. Lo que sí podemos evitar es el sufrimiento. Y éste está en nuestra mente, y se alimenta del pasado -los apegos- y del futuro -vivir para desear-.

¡Elijamos el presente! Es lo único que de verdad es nuestro. En el 'aquí y ahora' no existe añoranza por lo que ya no está. Ni un desgaste de planes de futuro que impida disfrutar de verdad el hoy.

Reconozco que en un "impass" como el mío todo es aparentemente más fácil. Aunque también podría estar llorando el pasado: motivos no me han faltado en los últimos meses. Pero por suerte la enfermedad me ha dado un buen revolcón, enseñándome a vivir el presente, a hacer menos cosas y a disfrutarlas más.

Piénsalo, ¿cuánta energía ganarías para tu vida diaria si te preocuparas menos y rieras un poco más? ¿Cuántas obligaciones innecesarias te exiges al final del día? La crisis nos ha enseñado a vivir con menos cosas, ¿tenemos que esperar también a tener una enfermedad grave para aprender a vivir con menos angustia?

Todo pasa. Y el milagro se produce en ti. Si te aferras, sólo tendrás lo que quepa en un puño. Abre tus manos, celebrando la vida, y pasará por ellas toda la arena del desierto.

lunes, 11 de octubre de 2010

Llueve tu adiós

Noche oscura de luna menguante. Una pequeña multitud silenciosa te espera. Luces de escolta a lo lejos traen el dolor en forma de coche fúnebre. Un aplauso sentido. Cruje la noble escalera cuando subimos, todos a una. En la Presidencia del Gobierno, que fue tu casa, hasta la piedra y la madera están de luto.

Tu foto, junto al ataúd, tiene una sonrisa. Pero lloro al verla. El goteo continuo de visitas para despedirte se va espaciando con las horas. Cuatro corazones uniformados te rinden honores, infatigables, y la madrugada avanza.

Es noche cerrada. Y fuera, el viento que te recibió no amaina.

Ahora que ya no suenan pisadas, afino los sentidos. Y cobran vida el chisporroteo de las velas, el perfume de las flores, la bandera que te envuelve. Es un privilegio estar aquí contigo en las horas en que el mundo duerme. Ahora eres más nuestro, y puedo derramar ríos de lágrimas por lo que hemos vivido, por lo que ya no podremos compartir y, sobre todo, por el corazón roto de la mujer coraje que no soltó tu mano en meses de lucha. Palpando su tristeza, sentí que ella no habría dudado en cambiarse por ti si eso te hubiera traído de vuelta.

Ya de mañana el cielo llora con lluvia fina. Cala en las almas tristes de los que velamos sin hablar, sin saludarnos. No nos miramos pero nos reconocemos. Somos los que te acompañamos desde los rincones oscuros de la sala. Y el gris del cielo es una extensión de la pérdida que nos empapa.

Con el mediodía se cierran las puertas. Despedida en privado, último capítulo de una intensa historia de amor con tu mujer, con tus hermanos y los hijos, cuatro valientes. Emociones contenidas en quienes pudimos compartir con recogimiento esa escena de adiós serena y dulce.

Ya en la calle, tu ataúd recibe a hombros los honores del himno de Canarias, un arrorró que acuna a los isleños y que hoy nos estremece hasta el infinito, mientras la lluvia blanda y triste multiplica lágrimas en los rostros silenciosos.

Caminamos detrás de ti hacia la iglesia. Te había prometido el sábado que no te dejaríamos solo, e hicimos el camino contigo, empapados de agua y de pena.

Todo el día ha seguido lloviendo. En la calle y aquí dentro. Y me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que podamos recordarte con sonrisas. Te has ido tan pronto que la impotencia ha sepultado la alegría.

Pero tú le hubieras quitado hierro, plantando cara a la vida. Y la mirarías de nuevo a los ojos, de frente y sin miedo.

Sigo tu ejemplo, pues. Yo quiero ser de tu equipo. Y aprender a luchar por lo que quiero de veras, con integridad y con pasión sin medida.

Quédate cerquita, Adán. Vamos a necesitar tu fuerza.

viernes, 8 de octubre de 2010

Cocina de otoño

Hoy me asomo al blog con dos noticias.

La importante es que mi padre vuelve a la vida con fuerza. Primero será respirar por sí mismo, luego dejar la UVI, y cuando menos lo esperemos nos regalará sus sonrisas en planta. Pienso pedirle todos los besos atrasados que nos debe después de seis días vagando en el éter de la inconsciencia.

La otra es pequeña pero significativa para mí. Mi cocina ha salido de su letargo. De un invierno que le ha durado más tiempo del debido. De ser esa habitación donde llenar de agua el vaso y calentar las comidas de mi madre, ha pasado a ser un muestrario de calabazas, setas y castañas.

Nunca quise aprender a cocinar. Convivir con tres fantásticas cocineras -mi madre y mis dos hermanas- educó muy bien mi estómago, pero me incapacitó el ego durante años. Mejor dejarlo estar, que a lo peor se confirmaba mi poco arte.

Pero cuando estrené mi primera casa, no me quedó más remedio que ponerme. Recuerdo aquella cocinita cuadrada de Bajamar, asomada a las montañas de Anaga, que fue testigo del primer intento: una coliflor con bechamel con consistencia de sopa que mi amiga Merce comió sin alterar el gesto, que las diosas la bendigan.

Luego descubrí lo que podía hacerse con el ajo y la cebolla... ¡era la fórmula filosofal! ¿cómo había vivido 24 años sin conocer la capacidad transformadora de un sofrito?

A partir de ahí ya no dejé de disfrutar. Siempre me gustó cocinar con vino, incluso algunas veces se lo ponía a la comida... ;-) Y no podía faltar una buena música de fondo. Arias, conciertos y sinfonías marcaban la cadencia del hervor de los guisos en el horno. Así nada podía salir mal.

Cuando aumentó la familia dejé la cocina. Los frutos del largo curso de cocina energética en Barcelona pasaron a Mónica, que ha cuidado de mis hijos desde que nacieron y sigue preparando amorosamente sus comidas con mano sabia.

Y desde que he vuelto a vivir sola confieso que he abusado de latas y bolsas de ensalada. No me culpo por ello, era lo que tocaba.

Por eso ahora me ha sorprendido el estallido de colores y aromas en mi cocina. De repente me han vuelto la inspiración y la chispa. Y especialmente cuando, como anoche, el dolor del proceso de reconstrucción de mi pecho ha sido grande, me levanto con ganas de exorcizar los fantasmas nocturnos y me meto temprano en los fogones. Hablo con el curry y la canela, hago un guiño a los piñones y las pasas, y preparo tablas y cuchillos para que empiece el baile.

Pura alquimia de otoño en mi cocina.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Tú puedes

Manda castaña que lo que no consiguió tu derrame cerebral lo haya hecho una bacteria hospitalaria.

Desde el lunes luchas en la UVI por recuperar las constantes vitales que te han robado.

Pero tú tienes un máster en eso, no te hagas ahora el despistado.

En tus años juveniles aprendiste a competir luchando balones en el Canarias. Eso imprime carácter.

Luego, la vida robó tu vocación de arquitecto. Ser el mayor de siete en una familia de maestros no daba para estudiar fuera. Pero fuiste el químico más brillante, y eso te valió una beca para hacer las américas.

Tampoco tiraste la toalla cuando viajabas en cubierta, con smoking alquilado, para enamorar a mamá y robarla de la buena sociedad de Las Palmas. Largos meses de indiferencia se daban de bruces así con tu tesón. ¡Y aún no se ha arrepentido, 50 años más tarde!

Te fuiste a Kansas con el método aprendido en un tocadiscos prestado, inglés de garrafón a 75 revoluciones. Pero cuando llegaste allí, el endiablado acento de la norteamérica profunda te dejó huérfano de palabras.

Y ni siquiera eso impidió que volvieras ingeniero, ya para casarte.

Nuestra infancia en Madrid fue divertida. Éramos un trocito de Canarias en cada sobremesa, cuando regresabas a tu guitarra de tuno y mamá desgranaba aires de la tierra con voz melodiosa.

Sábados de excursión junto al río, después de disfrutar de casonas y plazas castellanas: Pedraza, Chinchón, Sepúlveda... Rincones inolvidables hilvanados en la memoria. En el perchero de casa había quedado el trabajo duro de la semana. Y entonces empezaba lo más difícil: criar a cuatro diablillos con la dosis exacta de paciencia y cariño.

Todo lo has conseguido por no conformarte. ¿Vas a hacerlo ahora?

Hoy luchas por las plaquetas y por el oxígeno. Róbalos con una finta. Mira de frente al rival y esquívalo limpiamente.

Encesta, papá. Dale a tus nueve Mederos pequeños una lección de vida. Y tú tendrás una nueva batallita que contarles, que la de las milicias como alférez ya la tienen muy oída.

La canasta te espera.

viernes, 24 de septiembre de 2010

A caballo

Por fin lo he hecho.

Ha sido mi pensamiento constante en estos meses. La meta en un horizonte plagado de sueros y calmantes.

Había contado las semanas en el calendario, lentas e impasibles. Pero finalmente ayer, por no oírme más, la cirujana me dio permiso para subirme a un caballo. No entendía mi empeño, pero acabó cediendo. Y hoy ha sido el día.

Dos amigas a las que adoro me recogieron esta mañana camino de Agua García. El día amaneció precioso en Los Brezos, donde el bueno de Félix me había preparado una yegua tranquila, para que no tuviera que usar apenas el brazo.

Nada más bajar del coche, aspiré con los ojos cerrados el olor a tierra húmeda del picadero. El ritual de ensillar y poner las bridas era hoy una ceremonia para mí. Con el alma encogida me uní al paseo para adentrarnos en la laurisilva.

Yo iba la última. Y me quedaba atrás para disfrutar de la quietud del bosque. Sólo se oían los cascos de los caballos, pero cuando nos envolvió la espesura de los helechos, parecía poder escucharse también el gorgoteo quedo del agua.

Tierra oscura de arcilla, pinos como agujas, y la luz tamizada en mil tonos de verde. El corazón del bosque latiendo a nuestro paso.

Y la sencilla certeza de no haberme sentido viva hasta que volví a respirar las medianías de la isla sobre mi montura. Alma de amazona.

Volvimos despacio y en silencio, comiendo las moras silvestres que robamos al camino.

Ayer fue día de hospital. El lunes volverá a serlo. Pero ahora mi espíritu no vaga en la planta sexta de un edificio de cristal, entre batas blancas. Se ha quedado en el susurro del viento que acaricia los viñátigos centenarios del monte de Tenerife.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Aviso de huelga

Para darles alguna noticia de mis andanzas, ayer estuve haciéndome análisis y una ecografía del hígado que me habían pautado, por eso de que es el primer órgano donde se produce metástasis.

Ahora es es la oncóloga quien debe valorarlo, pero el médico que me atendió dice que tiene buena pinta. Aunque encontró una extraña pancarta microscópica en el interior, que decía algo así como "¡Huelga hepática el día 29, por falta de trabajo!".

Ya les había advertido yo que no era bueno bajar el nivel freático de cubatas a los pacientes sin preaviso...

martes, 21 de septiembre de 2010

La salud está en el alma

Mi padre está ingresado desde el viernes por un derrame cerebral. En la primera hospitalización de su vida pesan las preocupaciones de estas últimas semanas. Uno nunca está preparado para la enfermedad grave de un hijo.

Ya pasó por esto una vez, hace 40 años, cuando una celiaquía casi me barre del mapa. Pero probablemente su cuerpo, más joven, desarrolló los mecanismos necesarios para superar el sufrimiento de aquellos meses.

En su evolución de ahora estoy segura de que va a ser crucial su actitud, y encontrar el lenguaje para decirle a su cuerpo, sano y vital como siempre lo ha sido, que ya no hay razón para el sabotaje.

Cuando me detectaron el cáncer ya llevaba años leyendo sobre el origen de las enfermedades, desde mi tiempo de estudios de medicinas alternativas en Barcelona. Y si algo tenía claro es que los tumores no son causa, sino consecuencia. Por supuesto que se convierten en un cuadro clínico que hay que tratar. Pero cada vez más estudios relacionan el cáncer con una situación límite en la persona. La pérdida de un ser querido, un grave problema laboral o familiar...

Siempre hay un órgano más débil de partida. Probablemente un bloqueo energético hace que sus células se queden sin oxígeno, y perfectos como somos, el cuerpo desarrolla una manera de salvaguardar la vida, pasando de la combustión aeróbica a la fermentación anaeróbica. Así, aunque esta nueva vía conlleva un crecimiento anormal de las células, el cuerpo concentra esta anomalía en el órgano, sin que pase de momento al resto del organismo, lo que llevaría a un choque séptico mortal de necesidad.

La primavera pasada, al arrojar mi corazón a los pies de los caballos, no era consciente de que ese suicidio emocional me llevaba a un camino sin retorno. Meses sin comer bien, sin dormir y sumida en pensamientos negativos debieron activar una zona ya tocada por calcificaciones desde hace tiempo. A los dos meses de mi descalabro apareció el bulto sospechoso que me llevó al ginecólogo sólo cinco meses después de mi anterior revisión.

Ahora ya sé que a las preocupaciones y al dolor hay que hacerles caso. Nuestros abuelos estaban más preparados para el duelo, y en el concepto de luto iba implícito el llanto por la pérdida, y también el descanso y la recuperación de quien había pasado por un gran sufrimiento. Pero en estas generaciones lo enterramos sin querer vivirlo, marcados como estamos por la sociedad del bienestar.

Aceptar la vida, con sus cumbres y sus valles, es un ejercicio de buena salud. Y sé que mi padre y yo saldremos de ésta, porque en lugar de la engañosa fortaleza del roble, hemos elegido la flexibilidad del junco, que se dobla para enderezarse luego. No volveremos a caer a plomo con la primera tormenta.

Papá, te espero fuera.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Las amigas de Elena

Ayer fue el cumpleaños de Elena. Había tenido mal día y le esperaba una noche sola en su casa cuidando del bebé.

Cuando ya tenía a Guille en la cuna aparecí yo: - Tienes una cita misteriosa a las 9, ¡corre a la ducha, que me quedo con el peque! 

Su cara de desgana era un poema: - Ay Mayte, si no puedo con mi alma, dime que es mentira...

Haciendo de tripas corazón se presentó en el restaurante. Y allí la esperaba, en peso, su panda de amigas.

Las amigas de Elena son de otra galaxia. Cuando yo la cortejaba, hace 13 años, era imposible quedar con ella para hacer nada. Todas en el grupo tenían los maleteros de los coches llenos de ropa de baño y de pateo, saco de dormir y cosas para el barco... ¡nunca sabían por la mañana dónde iban a acabar el día!

Mi prueba de fuego no fue conocer a sus padres, sino conseguir la aprobación de sus amigas. Tardó dos años en presentármelas, y me miraban con suspicacia, como yo a ellas. No me hizo falta mucho tiempo, sin embargo, para entrever que detrás de tantos apellidos compuestos había mucha tela.

Esa pandilla de amigas de la infancia ha compartido la miel y la hiel de la vida. Viajes, estudios, amores y desamores, veranos de cooperación en otros países, la aún reciente y dolorosa pérdida de una de ellas en un desgraciado accidente, la llegada de los hijos...

Y a través de los años han sabido mantener viva la chispa de la amistad y el cariño, esa solidaridad que se da entre mujeres a lo largo y ancho del planeta cuando anteponemos las alegrías a las penas y nos reímos en grupo de nosotras mismas.

Tras un mes de trabajo ímprobo y de sacar adelante a nuestra pequeña tribu ella sola, anoche Elena volvió renovada de su cena sorpresa, y con el corazón lleno. Benditas mujeres de nuestra vida.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Fondo de armario

Mucho estaba tardando. Ahora que no tengo vendas ni esparadrapos que me irriten, mi piel ha decidido plantarle cara a la prótesis, en forma de alergia galopante.

Como consecuencia esta semana, desde que entro en casa, la susodicha se va directa al cajón.

La otra noche una amiga que había venido a verme se marchó y se dejó el bolso. Cuando me dí cuenta, salí a la calle rauda y veloz para devolvérselo. Y de repente, en medio de todo, me sentí rara. No sabía qué había distinto, pero algo pasaba. Miré hacia abajo y me quedé congelada: ¡estaba asimétrica!

Por un momento me sentí como cuando ibas al colegio con un calcetín de cada color. Observada e impotente para todo el resto del día, hasta que volvieras a casa.

Sé que muchas mujeres que pasan por esto lo interiorizan y lo asumen, y me encantaría ser de las que se hacen un tatuaje cachondo en vez de una reconstrucción, pero yo todavía no he llegado a ese capítulo.

Así que ahora la prótesis ocupa el lugar de los imprescindibles en el mueble de la entrada, junto con las llaves y el móvil. Nunca pensé que algo comprado en la ortopedia fuera a ser parte de mi fondo de armario, pero nunca es tarde para renovarse... ¿o no?

domingo, 12 de septiembre de 2010

Amigos y enemigos

Ha cambiado mi movilidad y yo lo vivo como si me hubieran cambiado de colegio. Tengo un nuevo círculo de amistades.

Mis enemigos son ahora el dosificador del lavabo y el del fregadero, que no puedo apretar con la derecha, y siempre me pillan con la otra ocupada. Mi amiga es la pastilla de jabón de toda la vida.

Mi enemigo es el supermercado, y con él los embutidos, el salmón, los quesos plastificados con "abre fácil". ¡Qué ironía! Puedo estar minutos enteros luchando con el envase. Mis amigos, la charcutería y la pescadería del barrio, con su papel de estraza.

Mi enemiga es una densa prótesis de quita y pon, que me oprime la herida a cambio de estandarizarme ante el mundo. Mi amiga, la risa que me entra al pensar que el plomo que lleva hace que pite en los aeropuertos.

Mi enemiga es la puerta del coche, ahora que voy de copiloto: cerrarla es un movimiento imposible aún para mí. Mi amigos, los "momentos Audrey Hepburn" que estoy viviendo: no desayuno con diamantes, pero me abren y cierran las puertas donde quiera que voy.

Qué pena me va a dar que se acabe esta época. Yo es que en ese punto nunca fui feminista ;-)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Mis hijos

El domingo fue el primer día que pasé con mis hijos en su casa, donde viven con su otra madre.

Elena no me dejó moverme de la silla. Y estaba yo frustrada por no poder bañarlos, poner la mesa, prepararles la comida, poner a punto sus mochilas para el cole.

Sólo pude sentarme pasivamente con ellos mientras cenaban.

Siempre intento hablar con Amalia y Alberto de cómo ha ido el día. Pero se eternizan comiendo y enseguida hay que insistirles en que terminen para que se acuesten pronto, y en la batalla que lidiamos hasta que apagan la luz se nos van el tiempo y las energías.

Sin embargo esa noche, como yo no tenía nada que recoger ni que preparar, empezamos a jugar a las adivinanzas. Tuve que desempolvar de mi memoria todos los detalles de las princesas Disney, los coches de Cars y los personajes de Harry Potter, para ir haciéndoles mil juegos mentales que fueran un reto para sus siete y sus cuatro años.

Me lo pasé tan bien que cuando Elena nos regañó porque no acabábamos nunca, me di cuenta de que llevábamos una hora riéndonos.

Lo sorprendente no es pasarlo bien con tus hijos. Somos una familia de cinco risueños que disfrutan de la vida, hasta el bebé. Pero nuestro día a día, por desgracia, está instalado en el corre-corre, y en la prisa por llegar siempre al momento siguiente.

Cuando miro atrás veo siete años de "tengo que". Preocupada por la logística, porque la ropa del colegio esté preparada, los deberes hechos, la casa recogida, los recados a cero. Pero mientras tanto mis niños crecen, sin que yo me deleite con ellos en una tarde sin obligaciones: sólo les dedico pequeños ratos robados al deber autoimpuesto de tenerlo todo hecho.

Por eso algunos padres y madres no disfrutamos de nuestros hijos. Y por eso mismo sí lo hacen sus abuelos. Su sabiduría y un ritmo más pausado les permiten distinguir el polvo de la paja. Tomarse el tiempo para entrar en la mente y los corazones de los niños, y ganarse su confianza. Ellos sí saben de qué hablar con los pequeños. Me he dado cuenta ahora de que yo no.

No quiero ser abuela de mis nietos. Quiero serlo de mis hijos. Y estos meses de convalecencia me dan la oportunidad de olvidar el orden de la casa y entrar en la magia de su infancia.

Habré aprendido la lección cuando, ya repuesta y de vuelta a mi trabajo, siga alimentando día a día las fantasías de mis niños y no sólo una larga lista de obligaciones.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Pinchazos

No les he contado, porque había noticias más candentes, pero hace ya diez días que he vuelto a casa.

Mis progresos en este tiempo han sido paralelos a los de mi hijo de preescolar.

Le juré a mis padres que estaba ya perfectamente para emanciparme, y me bajaron a La Noria un domingo por la tarde. A las nueve de la noche ya había quemado tres veces la cena. Me quedé pensando si en vez de un brazo tonto tendría el cerebro en salmuera... Pero, optimista como soy, decidí tranquilizarme a mí misma con la vieja excusa de la sangre que perdí en la operación.

Al cabo de unos días me quitaron los puntos, y volvió el dolor... Muchas noches de jurar en arameo (qué gusto da saber que eres bilingüe), y cinco o seis reinterpretaciones de aquella peli de los ochenta "Amanece que no es poco"...

Anteayer ya no hubo que aspirarme la herida, el reposo surtió efecto. Y me quitaron las vendas. ¡Por fin una ducha de arriba abajo, como las personas normales! Y eso que era ya una experta manejándome con una sola mano y sin mojar vendajes...

Y finalmente amainó el dolor nocturno, y he podido dormir unas horas seguidas.

Hoy sólo tenía revisión en el hospital, para preparme para los pinchazos de suero salino, que empezaban el jueves próximo. Pero como no me quejo mucho, y además se nota que no la pinchan a ella, la doctora decidió que atacaba desde hoy.

- "¡No he traído el imán!" aduje en mi defensa (para los curiosos y los desmemoriados, la explicación técnica está en la entrada del blog del 5 de agosto, "Cirugía").

Pero tenian uno de repuesto, diantres, y me insuflaron 80 cc de líquido. ¡Más cubicaje que una Honda 70! Encima no pude hacerles un corte de manga porque delante de los cirujanos no está bien visto mover el brazo operado... :-(

El jodío suero molesta, porque ahora el músculo pectoral tiene un baile que pa' qué. Pero he decidido sacarle la parte buena, y mañana por la mañana voy a pasear mi nuevo volumen por todas las obras que encuentre en Santa Cruz. Si hay algún silbido de admiración la suerte estará echada, y volveré a la consulta de cirugía el jueves próximo pidiendo más candela.

Besos,

Mayte

P.D.: He trabajado duro para simplificar el proceso de dejar comentarios. ¡Anímense a escribirlos! Yo sola me aburro...

martes, 7 de septiembre de 2010

Tiempos modernos

Bueno, ya tenía yo ganas de resarcirme con una referencia correcta al pobre Chaplin, injustamente denostado en una entrada anterior...

Y es que aquí también nos modernizamos. Lo que empezó siendo un correo casero a los veinte familiares y amigos más cercanos, fue creciendo como una pequeña mancha de aceite, hasta ser una pequeña crónica. Mi deseo era compartir lo más importante de mi día a día con todos aquellos que me escribían, preocupados por mi evolución. Y ese círculo ha ido creciendo por minutos.

La dimensión que ha llegado a alcanzar es increíble. Mi familia, mis ex-parejas, l@s amig@s de mi infancia en Madrid, de mi adolescencia en Tenerife, de la Coral Universitaria, de mi tiempo de estudiante en Estados Unidos, de mis 18 años de trabajo y buenos momentos en Turismo de Tenerife, del MBA, de mi año de cocina en Barcelona, del colegio de mis hij@s...

Mis amig@s de ayer y de hoy. Más de 230 personas que son un coro palpitante a mi alrededor.

Es como recibir un homenaje de cariño sin la etiqueta de póstumo. Es más: estoy más viva que nunca.

Algunos de ustedes me preguntaron qué podían hacer por mí en estas primeras semanas. Y yo, que no he estado disponible para nadie al teléfono, les he pedido que me escribieran contándome qué han disfrutado del verano, cómo se sienten, qué esperan de este año, cómo les va... Y he vivido un auténtico Gran Hermano, conociéndolos un poco más y volviendo a estrechar lazos con todas las personas queridas de mi vida.

En el hospital me decían los médicos que no tenía cara de enferma. Y es verdad. Yo creo que he vivido de la energía de todos ustedes: no sólo de la que me mandaban en sus mensajes de ánimo, sino de otra que no se expresa con palabras, una fuerza viva similar a la que engrosa el tronco del árbol en círculos concéntricos. Cada uno de ustedes es un trocito de mí, y mi caleidoscopio es tan enormemente rico que han sido la sangre que perdí en el quirófano, la vitalidad que falta en el postoperatorio, la sonrisa que no tiene el convaleciente.

Y ahora que saben el secreto, mi secreto, he decidido hacer justicia a la película de Chaplin, Tiempos Modernos, y transformar en un blog esos emails que cuentan el proceso que estoy viviendo. Tengo la pena de saber que la parte más enriquecedora no está, que son sus respuestas a cada email que les mandé. Respuestas rápidas, inteligentes, tímidas, alentadoras, cariñosas, divertidas, tiernas... Tan variopintas como lo es mi coro de amig@s, y absolutamente deslumbrantes.

Pero al menos dejo aquí, en este blog, un hilo conductor de toda esta marea epistolar. Y estará activo durante unos meses, dándoles noticias de mi evolución hasta que vuelva a trabajar y a hacer mi vida normal. Y no solo para mis amig@s sino, ahora que el blog empieza a tener enlaces desde otras páginas, también para otras personas que estén pasando por un trance parecido. Porque quizá las verdades escritas con este estilo directo y sin tapujos, puedan ayudar a mujeres que no saben a lo que se van a enfrentar, porque hay cosas que nadie te cuenta.

Gracias a mi entramado de cómplices por haber hecho conmigo esta parte del camino. Cuento con ustedes y con l@s que se incorporan ahora, para recorrer la que falta.

Un beso grande,

Mayte

viernes, 3 de septiembre de 2010

Champán

Hola,

Hoy me han vuelto a aspirar la herida. Llevaba en el bolso el iPod con Freddy Mercury preparado para entonar el "I want to break free", que es lo que todos cantamos cuando sacamos la aspiradora. Pero al ver el tamaño de la aguja me dio por pensar que quizá no era tan buena idea distraer a la cirujana y preferí tararearla por lo bajini...

Sigue habiendo líquido, así que ahora tocan cuatro días de reposo y vuelta al brazo en cabestrillo.

Como ya no hay vendas más hipoalergénicas que las mías, y aún así mi piel de pacotilla se deshace por días, hoy me envolvieron en gasas inmensas de algodón antes de fajarme. Por supuesto que al vestirme no me cerraba la blusa. Menos mal que la etiqueta social de las implantadas requiere una camiseta debajo para que aguante la banda que inmoviliza el implante, así que salí del hospital con mi blusa azul abierta y mi camiseta blanca de marinero marsellés al viento. Fui a comprarme una gruesa cadena de oro para tener el modelo completo, que con las vendas y las gasas que asoman hubiera sido el complemento perfecto, pero es que en la tienda del hospital no tienen de nada, híjole :-)

Bueno, y la mejor noticia es que ya están los resultados de la anatomía patológica, y el tumor no se había extendido fuera de los conductos galactóforos, así que no va hacer falta ni quimio ni radio. Ya sé que el look a lo Sinead O'Connor me hubiera ido de perlas, pero por ahora va a ser que no.

Así que los dejo, que tengo una cita con Dom Pérignon y ya se me hace tarde (qué apuestan a que soy capaz de descorcharlo con la izquierda, jaja).

Besos,

Mayte

martes, 31 de agosto de 2010

Mareas

Hola,

Les escribo desde el hospital. Hoy he venido a desquitarme, es decir, a quitármelo todo: el vendaje, los puntos...

La doctora se ha sorprendido al encontrar la cicatriz hinchada y llena de líquido. En seguida ha pinchado, ha metido un tubo y ha extraído no sé cuántas jeringas gordas de agua roja.

 - "¡Se ha llenado de seroma! No podemos empezar esta semana con la expansión del implante, hay que combatir primero este tema"- le decía a su auxiliar.

Qué tontería, pensaba yo, que sí sé lo que ha pasado. La Luna llena de agosto se ha rebosado en el mar, y la crecida de las mareas ha llegado hasta mi pecho.

Cuando vuelva al hospital, en unos días, me quitarán el vendaje y celebrarán que oclusión y medicinas hayan hecho su trabajo. Pero sé que esa noche,al cerrar las persianas en La Noria para dormir, la Luna nueva me guiñará un ojo.

Besos,

Mayte

viernes, 27 de agosto de 2010

Fe de erratas

¡Hola!

Mi desliz del miércoles confundiendo a Chaplin con Groucho Marx ha levantado una polvareda de cartas al director que me ha hecho saber que están tod@smuy atentos, de lo que me congratulo. Son ustedes un@s chic@s muy list@s (y yo voy a ser más cauta con las tonterías que escribo, jaja).

Ayer me tocaba Hospital, y volví a casa sin mi perrito faldero, ese drenaje que me ha acompañado durante estos largos diez días. Anoche lo echaba tanto en falta que dormí con una botellita de Brugal Extra Viejo bajo el brazo, por eso de no sentir la pérdida. Tengo que decir a los cirujanos, por cierto, que ésta es mejor elección, porque aparte de drenar te mata gérmenes e insomnio, ¡hip!

Y después de mi cura en Cirugía tenía mi primera sesión de fisioterapia, para empezar a recuperar las funciones del brazo derecho.

En los hospitales hay dos tipos de profesionales: los que te recitan la lección con voz desabrida y los que se meten en tu realidad con un guiño, y te enseñan cómo superar el hoyo en el que estás, usando las palabras mágicas.

Los cirujanos me repetían ayer que siguiera con mi brazo en cabestrillo, que cuidara de mi operación y protegiera la herida.

La maravillosa fisioterapeuta que me atendió ayer no miraba un expediente, ni un pecho amputado. Veía una mujer con tres hijos pequeños y una vida por delante, que no puede perder la movilidad de un brazo por salvaguardar una cicatriz. Y me enseñó ejercicios estupendos, que ahora repito varias veces al día. Pero, sobre todo, me quitó el miedo. El miedo a estirar el brazo, a levantarlo. El miedo a que me golpeen accidentalmente por la calle, que me hace adoptar una postura tensa y encorvada, y que se traduce luego en una mala cicatrización y en un bloqueo completo de mi lado derecho.

Por suerte, en los hospitales hay personas que te enseñan que las limitaciones están en la mente. Por eso, desde ayer puedo partir sola mi comida, gesticular al hablar y acariciar con las dos manos.

Esa gente también está en nuestras vidas, sólo tenemos que descubrirla.

Un beso,

Mayte

miércoles, 25 de agosto de 2010

La horizontal

Querid@s sufridores en casa:

Me acaba de pedir una amiga por email que rebuzne, porque el silencio de los niños mosquea. Jaja, qué mal pensada, no estoy llenando de pegamento ningún cajón de ropa interior del vestidor de mis padres. Es sólo que estoy cansada.

Ya el pecho no es una masa acorazada, doliente e indeterminada. La cicatriz empieza a tener sensibilidad propia, y tiran los puntos, y la piel pica. Y el tubo y la botella de drenaje que salen de mi axila molestan como llevar un cochino debajo del brazo, nunca mejor dicho. Todo eso es señal de que voy pa'lante, y no pa'atrás. Pero la verdad es que el cuerpo me pide descanso, y como ya hace días que decidí que él es el listillo de la clase, le estoy haciendo caso y hoy tengo el campo base en la cama: sólo me he levantado para comer.

Así que, en plan Mecano: días de descanso dominical. Y si quieren algo de mi, les contestaré con el famoso epitafio: "Perdonen que no me levante" ;-)

(Inigualable Chaplin).

Besos,

Mayte

lunes, 23 de agosto de 2010

Escarlata O'Hara

Querid@s cinevidentes:

¿Ustedes recuerdan aquella escena de "Lo que el viento se llevó" en que la negrita zumbona apretaba y apretaba el corsé de Vivien Leigh, ayudándose hasta de las columnas de la cama como si fueran bovinas industriales para tirar de las cuerdas de la cinturilla?

Pues mi glamourosa visita a la cirujana plástica de hoy ha sido el remake de esa escena...
pero en versión Torrente.

Como saben, la botella de drenaje me persigue desde el martes -"Érase una mujer a un redón pegada, érase un redón superlativo..."- (tenía que meter algo del Siglo de Oro español para contrarrestar tanto Hollywood). Y los matasanos decidieron que no es de recibo que la herida siga soltando tanto glóbulo rojo, con la falta de donantes de sangre que hay, así que optaron por fajarme como a Escarlata O'Hara para evitar males mayores.
Muy profesionales. De la clavícula a la cintura, sin un solo resquicio, que el vendaje les quedó niquelado. Vamos, como para homologarlo por la Sociedad Egipcia de Antropología. De foto.

Bueno, les faltó el detallito de permitir la libre respiración, pero un fallo lo tiene cualquiera. Al fin y al cabo, ellos son médicos, no diseñadores, ¿no?

Total, que llevo todo el día de pie, porque si me siento no me llega el resuello. Mi padre ya cuenta las vueltas a la mesa del comedor con un manómetro digital de Decatlón, preocupado por los surcos en la alfombra, y por si sube el vecino de abajo a quejarse de problemas de estructura en el techo.


He llamado a mi primo Zumosol, que es quien me operó, y dice con mucha guasa que si aún puedo respirar es que el vendaje todavía está flojo (mal rayo parta el amor familiar...). En realidad se ha ablandado y me ha dicho que baje al Hospital mañana de nuevo para cambiarlo, cosa que pienso hacer en el caso incierto de seguir teniendo constantes vitales cuando despierte.

Porque pienso dormir: allá voy a engullirme un Myolastán SIN RESPIRAR, que a la fuerza ahorcan. Y ahora me da por pensar: la sobredosis de Marilyn ¿no se debería a que le apretaba la faja...? ;-)

Besos,

Nick Casi Decapitado (mi pequeño homenaje a Harry Potter)

sábado, 21 de agosto de 2010

Una habitación con vistas

¡¡Hola!!

Lo siento mucho, pero hoy ya no están ustedes mejor que yo. La habitación verde de la casa lagunera de mis padres, con la cama tallada de caoba que fue de mi tía bisabuela Ana repleta de almohadones de plumas, es mi nuevo centro de operaciones.

No soy la más indicada para apreciar la delicadeza de los detalles con los que mi madre rodea su vida y, en estos días, también la mía. Los encajes en las toallas antiguas y las vainicas de las sábanas de hilo contrastan con mi gusto zen, tan básico y hasta tosco, donde todo mi paisaje es un sencillo mueble de madera, una pared blanca, un futón negro para meditar. Y sin embargo, cuánto voy a disfrutar estos días de cretonas y cojines bordados donde holgazanear, al olor de los guisos caseros.

He salido del hospital este mediodía, un día más tarde de lo previsto, para reponerme de la noche del jueves. Parece que un malentendido entre las enfermeras me dejó más de cinco horas sin el vendaje compresivo que tengo que llevar en el pecho, y eso pudo causar el dolor tan fuerte que tuve durante horas. Pero por la mañana la cirujana descartó un hematoma interno, pautó una nueva analgesia y poco a poco me fui recuperando.

Esta tarde Elena ha traído a los niños, a los que no veía desde el sábado anterior, el día en que volvimos de Lanzarote. Traían un ramo de flores y muchas preguntas. La mejor, la de Alberto, preocupado por saber si tenía pijama para dormir aquí. No paró hasta que vine a la habitación a enseñárselo. Y entonces, muy decepcionado, me suelta: - "Pero mami, ¿por qué no le pides a los abuelos que te compren un pijama de Spiderman...?

Razón que tiene el niño. Dónde vas a comparar...

El lunes voy a consulta de cirugía plástica, para el tema mío del bótox, que saben que estoy un poco mayor y mi vida social marbellí requiere ya de unos retoquitos, y si me da tiempo igual empiezo también con el asuntillo del relleno. Ah, ¿que no les había dicho que estoy pensando en ponerme t...? Bueno, voy a empezar por una y si me gusta a lo mejor le pido la otra a los reyes, jaja.

Y ese día ya me citan para empezar la valoración en Oncología. Pero cuando me vean llegar con tan buena cara, espero que me den una patada en el culo y me manden pa' casa, ea. Y no se hable más.

Y ustedes a dormir, que ya les vale de echar barriguita cervecera a cuenta de la cenita del sábado...

Y ya que empecé el email con una referencia cinematográfica, recurro al bueno de Clooney para cerrar con otra, así que ¡buenas noches y buena suerte!

Besos,

Mayte

viernes, 20 de agosto de 2010

Alta

Hola,

Anoche no escribí porque el único suceso digno de mención del día, que fue el espectáculo dantesco de quitarme, por fin, los vendajes, no es autorizado para todas las sensibilidades, por lo que tenía claro que no iba a ser objeto de crónica. Pero como mi dudoso récord de estar pasando el dolor del postoperatorio con Termalgín acaba de romperse, me he sentado en mi butaca con el iPad en la mano decidida a exorcizar este mal momento charlando con mis amigos.

Hoy el dolor no me deja dormir. He querido levantarme para ir a control a pedir algo más fuerte, por no tirar de la campanilla, porque mi compañera está recién operada y duerme, y no sé cuántos minutos angustiosos he pasado para hacerlo, sin tener nada a lo que agarrarme. Mi lado derecho hoy es una pura llaga, desde el esternón hasta la axila, y duele hasta respirar. Pero finalmente lo conseguí, y al menos estoy por fin sentada, sin tener que volver a mover nada hasta que a las 9 venga el desayuno, y tengo una esperanza de Nolotil ya en el estómago.

Hoy me dan el alta. El postoperatorio será en casa de mis padres, aunque me voy aún con un drenaje que sale de la axila, una botella que, dada mi mala fama, las visitas inexorablemente identifican con ron. Ay, y otros cardando la lana, no hay derecho... Mi madre ya ha hecho una lista con mis comidas favoritas, y si dividimos el número de platos que le salen entre los días que estaré allí, el cociente resulta muy sospechoso, como fueran a cebarme para Navidad, o algo de eso, lagarto, lagarto. Tendré que estar al loro.

En resumen, que hoy a mediodía empiezo una nueva etapa. Echaré de menos los amaneceres tan increíbles que me ha regalado esta estancia en el hospital, y los lazos que he creado con las otras mujeres que están pasando en estos días por mi misma situación, otras amazonas que también aprenden de cero a vivir. Pero tengo claro que entraré en la Asociación contra el Cáncer, para seguir en contacto con mis iguales y para aportar algo al voluntariado. Ya he encontrado un lei motiv a partir del vacío terrible que viví ayer en mis propias carnes, que sería ayudar a las mujeres a saber con lo que se van a encontrar después de la operación, una devastación física para la que que ni los médicos ni los psicólogos del hospital te preparan. Estaría muy bien cubrir ese aspecto desde la misma estancia en el hospital: seguro que la prevalencia de depresiones post-cirugía bajaría lo suyo.

Y ya no les entretengo más, que alguien tiene que sacar este país adelante, y Zapatero parece tener incluso menos ganas de hacerlo que Mohamed VI, así que les toca a ustedes... ;-)

Un beso a tod@s y cada un@,

Mayte

miércoles, 18 de agosto de 2010

Primer día

¡¡¡Hola!!!

Muchos de ustedes me han escrito preocupados por la falta de noticias, y yo agobiada pensando que no les habría entrado el email de mi hermana de anoche, y resulta que lo que les sorprendía es que hoy no hubiera abierto el pico, jaja. Ya les vale, ¿eh? Que hasta en la agencia EFE se descansa algún domingo, digo yo ;-)

Bueno, no les he escrito antes porque tengo problemas de movilidad, después de la operación, y me cuesta un mundo girarme o cambiar de postura en la cama, así que coger el ordenador para escribir requiere media hora de preparación. De las náuseas desde ayer por la noche estoy mucho mejor, una vez pasada la intoxicación de morfina que me tuvo seis horas vomitando, que no se reventaron los puntos de puro milagrito. Pero hombre de Dios, ¿cómo me da usted una bomba de morfina para que la pulse cada vez que me duela, con lo adicta que soy al ratón del ordenador, que el dedo se me iba solo? Ayayay, así acabé, en mi peor interpretación de Kurt Cobain...

Hoy la guerra va más con la herida., que ya empieza a molestar. Esta tarde vino el médico a explicarme que este dolor va a se ahora una constante durante los próximos seis meses, hasta antes de Navidades, en que me harán la segunda operación. Han puesto el implante submuscular, y esta semana ha de ir cicatrizando la herida, porque ya la que viene empiezan a inyectar suero salino, en un proceso largo en que la piel y el músculo pectoral han de ir extendiéndose semana a semana. Ya en diciembre ponen implantes definitivos en las dos mamas, lo que va a suponer una cirugía mayor que la de ayer, y luego una recuperación en la que la inmovilidad que tengo ahora en un lado del cuerpo será en ambos. Para entonces espero que Steve Jobs haya desarrollado un programa de reconocimiento de voz para el iPad, porque si no estas crónicas va a tener que hacerlas Rita (¿Martín...?).

Bueno, y para dar una nota de color, les contaré que también vino la psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer y al ver que estaba yo más animada que ella, me dijo como premio de consolación que al menos podían ayudarme tramitándome una minusvalía para pagar menos impuestos. ¡qué flipe! ¿no? Ah, sin olvidar que el hospital me regala un vale para canjear en la ortopedia por un relleno mejor que el Wonderbra, que si se portan bien se lo presto a los chicos para carnavales (y la otra copa la rellenan con calcetines, como hacían las abuelas, jaja).

Y esto es todo por hoy. Pórtense mal y no hagan nada que yo no hiciera si estuviera ahí fuera...

Besos,

Mayte

martes, 17 de agosto de 2010

Ya estoy de vuelta

Querid@s tod@s,

Soy Alicia, la hermana de Mayte, y les escribo desde su correo para contarles las novedades, tan pronto como logre manejarme con su iPad, uff.

La operación ha sido larga y complicada, y Mayte ha perdido mucha sangre, pero lo más importante es que el tumor estaba in situ y no se había extendido a los ganglios. Ahora falta el análisis del tejido, que tardará quince días y permitirá saber si hace falta otro tratamiento como quimio. Cuando despertó estaba dolorida y la morfina le ha dado muchas náuseas; ha estado luchando con ellas toda la tarde, pero ahora está un poco mejor y afortunadamente no tiene dolor. Y como no se sabe estar quieta, en seguida ha querido decirles que está bien, ¡aunque sea a través de secretaria! Todavía no puede hablar mucho, ni en persona ni por teléfono, así que les manda un abrazo grande y flechas de colores desde su nuevo carcaj de amazona.

Besos.

lunes, 16 de agosto de 2010

Hasta la victoria siempre, comandante

Claro, que la victoria es fácil de imaginar después de una buena cena por cortesía del Servicio Canario de Salud (mando pruebas fehacientes), tras una sesión de Reiki a seis manos en la cama del hospital (sí, sí, parapetadas detrás de la cortinilla a modo de timba ilegal...) y con el cariño de todos ustedes, que llega en oleadas constantes y todo lo llena.

Mañana me operan a las 8.30, durará un par de horas y luego volveré de reanimación entre las dos y las cuatro de la tarde. Mandaré parte por la tarde, dándoles la información que sé que están deseando oír: "Esta capulla se ha despertado en la URPA como una puncha, y con sus habilidades negociadoras incólumes ha conseguido que le cambien la primera manzanilla post-operatoria por un mojito".

Ay, en la vida hay placeres irrenunciables... ;-)

Besos,

Mayte

Radio, Estroncio, Bario...

Hola,

Vengo de hacerme la prueba del ganglio centinela, que me ha llevado toda la mañana y ha sido fastidiosa y cansada, así q ahora descanso un ratito y ya subo a ingresar en el Hospital dentro de una hora.

Al final no he podido ir a mediodía a casa de Elena a despedirme de los peques porque me inyectaron un isótopo radioactivo para la prueba, y como me ha dicho hoy un pajarito, mis radiaciones podrían hacer que mi hijo Alberto perdiese sus superpoderes, y sé que nunca me lo perdonaría.

Mañana hacen un nuevo contraste antes de la operación, a primera hora, y aún no sé si me operan a las 8 o a las 10 de la mañana, esta noche les cuento.

Un beso atómico,

Mayte

miércoles, 11 de agosto de 2010

Lanzarote

¡Hola a tod@s!

¿Cómo están?

Por aquí muy bien, a las pruebas me remito (por eso de que una imagen vale más que mil palabras). Lo que pasa es que eso de que los niños vayan solos al miniclub (están a punto ya de pedir la emancipación) y de las siestas kilométricas de Guille nos deja a Elena y a mí un tiempo para leer en la hamaca y para comer y no hacer nada más que nos tiene agotadas, sinceramente. Si lo sabemos no venimos: ¿todo el año trabajando para ponernos ahora a descansar de esta manera? No, no: esto no es bueno para la salud... O es inmoral... O engorda!! Si, va a ser eso, jaja...

Un beso,

Mayte

jueves, 5 de agosto de 2010

Cirugía

Hola,

Vengo de ver a la cirujana que hará la segunda parte de la operación.

La cosa consiste en una primera operación el día 17, que durará entre 2 y 3 horas. El doctor Robayna, ginecólogo, me hará la mastectomía derecha (en la derecha, no que la vaya a hacer derecha, que espero que también...). Y la doctora Castro, cirujana plástica, pone el tensor.

El tensor es una bolsita que se coloca por debajo del músculo. Tiene un imán alrededor de una parte de micromalla. Así cuando pase la operación, subiré cada semana al hospital (ahí entra en acción el bono de familia numerosa para el tranvía) y buscan con otro imán el sitio de éste, y ya saben dónde pinchar para ir añadiendo suero fisiológico. Hacen falta unos seis meses -no tres, como yo pensaba- para que la piel se distienda lo suficiente para poner el implante definitivo. Dice que intentará que sea antes de vencerse esa fecha, para no tener que pasar una nueva preanestesia, que es válida sólo por seis meses.

Cuando pongan el implante final, en la segunda operación, vaciarán el pecho izquierdo -para disminuir el riesgo de nuevas tumoraciones, y para conseguir también un resultado plástico más homogéneo- y colocarán otro implante igual, simultáneamente. Bueno, todos conocen el 2 x 1 de Carrefour, no les cuento nada nuevo.

La mala noticia es que la doctora no descarta en absoluto que el comedocarcinoma (el tipo de cáncer que tengo) en la operación del 17 se revele no como un tumor in situ, sino infiltrante. O que aparezca también otro tipo de tumor. Y en ese caso lo tratan con radioterapia. Y como eso quema la piel, ya no se podría ir distendiéndola, sino que habría que reconstruir la zona con piel de los músculos de la espalda. Yo no he visto La novia de Frankestein, pero si alguien se la ha bajado me la puede ir pasando, y así ya lo tengo hecho...
En fin, que aquell@s que se lleven bien con la energía y/o con San Pedro hagan el favor de empezar a mandarla, para que en la operación:

1. El ganglio centinela dé negativo y no haya que vaciar la axila quitando la linfa

2. El cabritocarcinoma (¿o cómo era que se llamaba?) no haya dejado parentela por ahí dentro, para evitar la radioterapia

3. El BRCA dé también negativo y no haya que mandar los ovarios a tomar viento fresco

La próxima vez lo mando en tabla de excel, mira que nos lo ponen difícil estos matasanos para poder explicarnos...

Un beso, y pídanme lo que quieran menos que les compre lotería, que entre el calvo y yo tendrá que haber un término medio, digo yo... :-)

Mayte

miércoles, 4 de agosto de 2010

Preanestesia

¡Hola!

Esta mañana fui al Hospital y ya me hicieron los análisis (mi anemia habitual está por fin controlada, qué bien) y la preanestesia.

Todo bien, sin novedad. Ya tomaron nota de la celiaquía, la alergia al esparadrapo y al Toradol.

Y el encapsulamiento que había hecho la herida de la biopsia es normal, ¡así que me puedo ir de vacaciones sin problemas!

Mañana tengo cita con la cirujana plástica a las 8.30, para unas cositas de unas tallas de bikini que tenemos que hablar nosotras :-) y ya cierro para irme a mediodía a Lanzarote, hasta el 14.

Besos,

Mayte

P.D.: He de confesar que anoche sólo dormí cuatro horas jugando con el iPad que me llegó ayer por la tarde por mensajero desde Madrid... Y que hoy mi hermana Alicia y yo nos hemos echado nuestra partidita al Mastermind (¡qué setentero, ¿se acuerdan?) en la sala de espera de Preanestesia, en versión gran pantalla a todo color, mientras escuchábamos música, para gran curiosidad de los parroquianos...